Componente educativo del Carnaval

Se acerca el Carnaval, una fiesta llena de color que puede ser utilizada como recurso educativo con los más pequeños de la casa. Desde disfraces elaborados a mano hasta juegos pensados para sacar provecho del rol que interpreta el niño pueden servir para hacer de esta fiesta algo útil para su aprendizaje y para el de todos.

La fiesta más colorida también puede ser educativa

La fiesta más colorida también puede ser educativa

Se acerca el Carnaval, una celebración que existe desde tiempos ancestrales y de la que cada cultura ha tenido su versión, en días y con nombres distintos a lo largo de la historia. Es la fiesta del cambio de roles, la época en que todo vale. Es a la vez parodia y autoparodia, es color. Pero también puede ser mucho más, sobre todo cuando tenemos la oportunidad de inculcarles valores a los más pequeños a través de algo que les divierte.

La gracia de un cambio de rol es la posibilidad de llevarlo más allá del nivel estético, algo de lo que los niños saben mucho. Ellos no necesitan que sea Carnaval para emular a sus ídolos. El Carnaval posibilita fusionar la faceta estética y la psicológica, y eso es algo que padres y educadores pueden aprovechar. Existen muchos roles o personajes adorados por los niños cuyo disfraz puede esconder una función didáctica: por ejemplo, un disfraz de polícia puede permitir al niño jugar a dirigir el tráfico, y sólo permitir cruzar con el semáforo, real o imaginario, en verde. O un atuendo de otra cultura (China, Cuba o África son muy populares) puede servir para enseñar la realidad de esa cultura, quién son y porque se les relaciona con esa vestimenta.

Otro factor que el Carnaval permite explotar es la creatividad. Es muy común en los centros educativos aprovechar esta fiesta para que los niños diseñen o confeccionen sus propias máscaras y disfraces, siendo así cada una de ellas una pieza única que el niño siente como suya. Es una forma de inculcar el esfuerzo y la recompensa: después de elaborar tu disfraz, puedes disfrutar de él en una fiesta. De este modo, puede que el niño se sienta incluso más satisfecho de un disfraz en cuya confección ha participado que de uno que le viene hecho de la tienda.


Más allá del disfraz y de lo que represente, el Carnaval también es una fiesta social. Muchas localidades celebran ruas, gimcanas, fiestas y bailes para poder lucir este «yo por un día» delante de los demás. En definitiva, el cambio de roles es una oportunidad única para ponerse en el lugar del otro, algo que grandes y pequeños hacemos con menos frecuencia de la que deberíamos. Y, una vez ahí, relacionarnos y conocernos a nostros mismos a través de lo que no somos. Los mayores lo celebraremos con más descaro y los pequeños con más inocencia, pero todo es aprendizaje. La diversión, si se sabe tratar, también.

Foto: IMG_4577 por www.viajar24h.com en Flickr.com.

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