Cómo manejar el liderazgo

Saber manejarse en el ambiente laboral es una clave que de alguna manera podrá ayudar a permanecer y crecer en este medio. Sin importar el puesto el cual se ocupe, hay que saber que hay reglas básicas que pueden ser útiles en el trato cotidiano.

El método de Dale Carnegie, sobre el liderazgo, resulta muy interesante. El mismo se basa en años de experiencia e investigación, y ofrece las técnicas más innovadoras para orientar las necesidades empresariales.

Se trata de entrenamientos que optimizan el desarrollo de destrezas humanas para la calidad, y habilidades en el manejo interpersonal para realizadores. De esta forma, los individuos se convierten en líderes; los grupos, en equipos productivos; y las buenas organizaciones, en excelentes.

En sus libros, es posible distinguir a grandes rasgos, algunas pautas que puede ayudar a ser coherente en la implementación del liderazgo. De esta manera, se recogen unas sencillas reglas que de observarse, pueden cambiar sustancialmente la vida laboral.

En primer lugar; lo importante es no criticar, no condenas ni quejarse. También hay que saber demostrar el aprecio de manera honrada y sincera. Con esto, será más sencillo despertar en los demás un deseo vehemente.

Para considerar más detalladamente estos ítems que pueden ser fundamentales en la relación cotidiana, es posible desglosar aún más estas condiciones.

En instancias iniciales, siempre es importante comenzar con un elogio que sea capaz de denotar una cualidad transparente y sin un doble sentido. No por esto hay que pasar por alto las cuestiones importantes; siempre que sea necesario hay que llamar la atención sobre los errores de los demás, pero no manera de acusación, sino de una forma indirecta.

Un lugar común en el que se puede caer, es el de fijarse más en el trabajo de otros que en el propio, por lo que antes de hablar de los carencias ajenas, hay que hacer una autocrítica.
Una forma de ordenar es mediante la formulación de preguntas, esto quitará el tono imperativo y ayudará a que el receptor no se ponga a la defensiva.

En caso de que la situación lo amerite; es fundamental elogiar hasta el más pequeño progreso y, además, cada progreso importante; en una calurosa aprobación. Otra buena manera de incentivar es atribuyéndole la otra persona una buena reputación para que se interese por mantenerla. Para esto necesario el aliento y la ayuda en la corrección de los errores, de forma tal que parezcan fáciles de corregir. Y por último, hay que tener la procuración de que la otra persona se sienta satisfecha de hacer lo que se sugiere.

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