Chico bueno, chico malo

La introducción de las nuevas tecnologías en la vida juvenil ha condicionado esencialmente las relaciones de los adolescentes. Tanto los llamados líderes positivos, como los líderes negativos han cambiado sus patrones de comportamiento debido a la proliferación de las redes sociales en Internet. En este sentido, y con el fin de gestionar correctamente la utilización de dichas tecnologías, es más necesario que nunca la figura del educador, de la misma manera que la de los padres.

El papel de los líderes en el grupo

Las pandillas ya no son lo que eran. Lo digo yo, que tampoco tengo 50 años. Hace relativamente poco salí del instituto y, por motivos laborales, he regresado hace escasamente un año. Entre recreo y recreo me he dado cuenta que han cambiado mucho las cosas en muy poco tiempo. No sólo porque las tecnologías cada vez están más presentes en nuestras vidas, sino porque su utilización se ha convertido en un fiel reflejo del comportamiento humano, en este caso, juvenil.

¿Quién no ha tenido alguna vez una  pandilla y ha seguido a pies juntillas lo que decía el más fuerte, el más guapo, el más gamberro y, en definitiva, el mejor? El cabecilla de una pandilla puede afectar positiva o negativamente al resto del grupo, aunque actualmente parece que se da más lo segundo. El líder positivo de un grupo parece que se extingue con la inundación de las tecnologías en la vida privada de los adolescentes.

Esto se debe en gran parte a que ese tipo de cuadrilla, en la que no hay un líder positivo, pierde fuerza a favor de las redes sociales. Estos jóvenes se reúnen menos, por lo que las bondades de este grupo a través de la red se diluyen. Sin embargo, el líder negativo no sólo no ha desaparecido, sino que se ha potenciado gracias a las nuevas tecnologías: ha descubierto nuevas fórmulas de extorsión y amenaza, y por lo tanto, es más cruel.

Cuando pienso en pandillas juveniles lo primero que se me viene a la mente son aquellos personajes del libro Rebeldes de Susan E. Hinton o de la película La ley de la calle de Francis Ford Coppola. El Chico de la Moto es el rey se leía en las calles donde peleaban para poder sobrevivir Rusty James y su hermano mayor, interpretados por Matt Dillon y Mickey Rourke. Quizás sea porque son relatos de ficción, pero a pesar de la violencia que desprendían aquellos personajes, en parte, la poesía que los acompañaba justificaba sus comportamientos. Sin embargo, hay algo que es común a esas pandillas ficticias y a las pandillas juveniles reales: la escasa educación recibida. Sin duda, la negatividad de los líderes de grupos de adolescentes hay que situarla en la relación con sus padres. Independientemente de la clase social a la que se pertenezca, el comportamiento del líder de un grupo depende principalmente del aprendizaje que obtenga tanto en su casa como en las aulas. Por ello, el papel de los educadores y, sobre todo, el de los padres –en cuestiones como la gestión de las nuevas tecnologías, por ejemplo– es fundamental en la construcción de las nuevas relaciones sociales juveniles.

Foto: NaturalBlu en Flickr

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