¿Qué pueden aprender los niños de la televisión?

No todo en la televisión es malo. De hecho, en ocasiones apartar a nuestros hijos de la pantalla por las malas puede hacer que éstos sientan una morbosa fascinación por encenderla. Sin embargo, más allá de la férrea prohibición, podemos empezar a canalizar el modo en que los niños usan la llamada ‘caja tonta’, para así poder aprovechar todas las cosas buenas que ésta pueda aportarnos. No olvidemos que la tele, como los demás medios de comunicación, es una realidad. La tele está presente en el día a día, nos mira desde el salón, sus contenidos aparecen en millones de conversaciones diarias. Negar su existencia no es la mejor manera de promover un consumo responsable del medio. Veamos, pues, cuáles son las opciones que nos quedan.

Elegir cómo y cuándo ver la televisión, siempre con un adulto cerca.

En primer lugar, es mejor que establezcamos unos horarios prudentes para mirar la tele y que seamos nosotros mismos, como adultos, quienes elijamos la programación en función de la edad del pequeño. Cuando el niño sea un poco más mayor, se puede ir variando de los dibujos animados: concursos culturales, documentales, programas de humor, series, películas… En definitiva, todo aquello que pueda aportarles un poco de distracción, sin dejar de lado la calidad de los contenidos. Cuando esto suceda, es importante que los mayores acompañen a los pequeños en el visionado de los programas, pues de esta forma se puede fomentar el espíritu crítico hacia lo que están viendo, del mismo modo que respondes a sus preguntas.

Intentar complementar los contenidos televisivos con las materias que el niño estudia en clase también es una opción muy loable, pues ayudará al infante a encontrar y desarrollar la parte lúdica del estudio. Por ejemplo, si nuestro hijo se encuentra estudiando historia, por ejemplo ¿Por qué no dejar que vea algún documental sobre el tema? ¿Y unos dibujos animados que transcurran en el mismo tiempo histórico? En ocasiones, son los mismos profesores los que utilizan el soporte audiovisual a la hora de ilustrar uno u otro tema. De esta manera se contextualiza el conocimiento académico, resultando menos abstracto y mucho más ameno.

Conforme el niño se convierta en adolescente, será imposible evitar que sea el propio joven quien elija los programas que desea ver. Sin embargo, si hemos promovido durante su infancia un espíritu crítico, será más probable que mantenga una actitud activa cuando se encuentre ante reproducciones de estereotipos o modelos sociales. En definitiva, ver la televisión no es malo per se. Sí lo es utilizarla en exceso, sin control y dejando al niño a su libre albedrío.

Para una información más extensa, te recomendamos ¿Qué y cómo aprenden los niños y las niñas desde la televisión?, de Manuel Cebrián de la Serna.

Foto por hoyasmeg en Flickr

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