Alfabetización en el México colonial

Tras la llegada de los españoles a América, el principal objetivo de la Corona fue evangelizar a los nativos. Para ello, lo primero que tenían que hacer los frailes designados para tal empresa fue hacerse comprender. A partir de entonces, surgió toda una política de alfabetización de las lenguas indígenas americanas (muchas de ellas no tenían ni siquiera sistema de escritura) que ayudaron a que se conservaran en el tiempo. Muchos de estos idiomas han llegado hasta nuestros días, siendo el náhuatl el mejor ejemplo de esta supervivencia.

Tenochtitlán, capital azteca, donde se hablaba náhuatl

Las lenguas de los nativos mexicanos no desaparecieron con la llegada de los españoles a América. Es más hoy en día se siguen hablando muchas de ellas, incluso, muchas llegan a ser dominantes en ciertas áreas, como el náhuatl en algunos lugares de México. ¿Por qué? Principalmente porque su escritura pictoglífica se adaptó al alfabeto latino que los europeos traían desde el otro lado del Atlántico. Es muy curioso cómo lenguas tan complejas como el náhuatl o el quechua –que incluso no tenía escritura propia– se pudieron adaptar fonéticamente –y eso que muchos de sus sonidos son muy difíciles de reproducir– a lo que conocían los europeos. A mí, personalmente, me parece increíble.

Tras unos primeros años de incertidumbre tras el descubrimiento de América, la Corona española y la Iglesia se pusieron de acuerdo para emprender la conversión de los nativos y la propagación de la fe cristiana. Esta empresa evangelizadora estuvo íntimamente ligada con la alfabetización de las lenguas americanas. La conquista espiritual realizada por estos misioneros tenía como objetivo inculcar la creencia en un sólo Dios y, por lo tanto, erradicar el culto idolátrico y politeísta de los indígenas. Esta no fue una empresa fácil, pues se enfrentaban ante un mundo desconocido. El principal problema que encontraron los frailes a su llegada a América fue el hecho de hacerse comprender. Era necesario el conocimiento de la cultura y de la lengua indígena para

así llevar la doctrina cristiana con más facilidad a la población. Este acercamiento propició la realización de cuantiosas gramáticas y diccionarios en lenguas americanas. De hecho, los evangelizadores (sobre todo, los franciscanos) son los principales responsables de que podamos estudiar hoy en día una aproximación al náhuatl del siglo XVI. Yo nunca lo he estudiado, pero creo que sería >bastante útil para aquellas personas que desean viajar a comunidades rurales de México, donde muy posiblemente se hable este idioma.

El estudio del náhuatl permitió la transmisión del mensaje cristiano en Mesoamérica. Se puede decir que se ligó la empresa evangélica a la linguística, cuyo objetivo era la alfabetización del náhuatl, presentado como una escritura mixta (mezcla de jeroglíficos con caracteres latinos). Sin duda, fue una tarea complicada. De hecho, se pueden distinguir tres tipos de textos, conocidos como doctrinas, que a la vez que enseñaban la fe cristiana, iniciaban a los nativos en la lengua castellana. Primero, las doctrinas pictográficas, que evolucionan desde el uso de gestos para explicar imágenes relativas a la fe cristiana hasta la catequesis ilustrada con imágenes, pasando por ciertas formas de escritura picto-ideográfica. Segundo, las doctrinas largas, presentadas para un público adulto como relatos históricos, que descansan sobre una base mítica y se adecuan perfectamente a la mentalidad indígena y a su sistema religioso. Y tercero, las doctrinas breves, dirigidas a un público infantil, que a modo de pregunta-respuesta presentan los dogmas de fe de una forma escueta, enunciativa, expositiva y demostrativa.


La enseñanza del alfabeto se realizó de dos formas: de modo ideográfico, en el que se representan las letras con figuras similares; y de modo fonético, en el que se relaciona cada letra con animales y cosas que comiencen con dicha letra. De esta forma, durante sus primeros pasos, el alfabeto en lengua náhuatl se presentó como una escritura mixta, en la que se mezclaban los jeroglíficos y figuras con frases enteras escritas con caracteres latinos. La realización de artes o gramáticas fue una tarea fundamental a la hora de desarrollar la lengua náhuatl con una escritura alfabética. Pero ¿hasta qué punto el castellano influyó en la construcción lingüística del náhuatl que nos ha llegado a través de estas gramáticas? Bien es cierto que el Arte de la lengua castellana de Antonio de Nebrija fue el modelo para la confección de estas primeras obras gramaticales. Sin embargo, son sus propios autores quienes advirtieron de que el náhuatl era un idioma completamente distinto del castellano y del latín. Aún así, muchas de las expresiones utilizadas en obras como Arte para aprender la lengua mexicana (fray Andrés de Olmos, 1547) o Arte de la lengua mexicana y castellana (fray Alonso de Molina, 1571) nos hacen dudar de que esas sean la forma correcta en la que se expresaban los nativos.

Piedra del sol azteca, calendario náhuatl

No fue hasta finales del siglo XVI con el Arte mexicana (1595) del jesuita Antonio del Rincón, que poseía como lenguas maternas tanto el náhuatl como el castellano, cuando se trató uno de los aspectos fundamentales de la lingüística: la fonología. Una de las grandes diferencias entre el castellano y el náhuatl se encontraba en la representación sígnica de los fonemas. Existía una serie de sonidos, matices (longitud vocálica, cierre glotal o saltillo…) y acentos que eran completamente desconocidos para los europeos, y el problema radicaba en que ni el alfabeto latino podía expresar esas particularidades, ni la imprenta disponía de los tipos necesarios para plasmarlas. La obra de Antonio del Rincón y el Arte de la lengua mexicana con la declaración de los adverbios della (1645) de Horacio Carochi sientan precedente en este aspecto e intentan salvar este escollo lingüístico mediante signos diacríticos (signos gráficos que confiere a los signos escritos un valor especial, como los acentos ortográficos, la diéresis o el anillo). Además, estas gramáticas incorporaban vocablos que muchas veces no estaban registrados en los vocabularios y enriquecían la lexicografía aportando ejemplos para resaltar dichas palabras en su contexto sintáctico, tal y como hizo Pedro de Arenas en su Vocabulario manual de las lenguas castellana y mexicana (1611), obra que se considera la primera guía de conversación para hispanohablantes y nahuaparlantes.

Fotos: El Comandante y Wolfgang Sauber en Wikimedia

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