La adicción al móvil, un problema real

Contemplar a sujetos cuya mano es una prolongación del móvil es más que frecuente. Es una imagen que asociamos a nuestro día a día, e incluso que consideramos ligada al concepto de ‘evolución’. Pero, ¿lo es? ¿Qué peligros alberga la dependencia a este aparato?

Desde hace unos años es lo más normal del mundo comer con el móvil encima de la mesa. Dormir con él en la mesilla. Consultarlo a todas horas, siempre que hay un momento libre. En el autobús, en el metro, mientras esperas a alguien. Mandarse mensajes insignificantes, llamarse por aburrimiento. Incluso sentir una extraña sensación de desamparo cuando lo olvidas en casa. Todas estas actitudes se han incrementado con la llegada de internet en el móvil, lo cual ha aunado a quienes no podían vivir sin su teléfono y a quienes no podían hacerlo sin conectarse a la red.

Una imagen que no debe alarmarnos... Excepto si se produce en exceso


Y de repente contemplar a sujetos cuya mano es una prolongación del móvil es más que frecuente. Es una imagen que asociamos a nuestro día a día, e incluso que consideramos ligada al concepto de ‘evolución’. Pero, ¿lo es? ¿Qué peligros alberga la dependencia a este aparato? Ya en tiempos de los móviles más primitivos los expertos consideraban que una de cada mil personas sufría adicción al teléfono móvil. Ahora un estudio de la Universidad de Granada afirma que un 8% de los universitarios siente fobia a no llevar el móvil encima, un trastorno que se ha denominado nomofobia (abreviatura de la expresión inglesa «no-mobile-phone phobia»).

Según la citada investigación, las personas más propensas a esta conducta suelen tener una baja autoestima, problemas para desarrollar relaciones interpersonales y un carácter impulsivo. Aunque por supuesto no se puede generalizar, y los adolescentes utilizan mucho este instrumento (junto a internet) para obtener un resquicio de libertad ante la sensación de control paterno en el hogar. Sin embargo, y a pesar de los matices en el perfil de los afectados, las consecuencias de la nomofobia son comunes, y se manifiestan en síntomas como ansiedad, malestar general, enfado o inquietud, negación, ocultación y/o minimización del problema, sentimiento de culpa y disminución de la autoestima.

¿Cómo afrontar un problema que la sociedad no concibe como tal? Por supuesto, eso complica que la persona que lo padece lo acepte. Lo primero será detectarlo, y que la misma persona lo asuma como tal. Es más complicado si se trata de un menor, y en ese caso los padres jugarán un papel crucial. En cualquier caso, y a diferencia de otras adicciones, en la relacionada con el móvil la ‘cura’ consiste en aprender a hacer un uso responsable del mismo, y no en desterrarlo de la vida del paciente.

Algunos centros especializados ya han empezado a tratar los casos más graves de adicción al móvil, por lo que podemos acudir a ellos en los supuestos más graves. No obstante, y en principio, existe una forma de tratar los casos más leves. Reconocido el problema, lo primero es abandonar el uso del teléfono por completo durante una temporada, de tal modo que la persona se desprenda de la ansiedad que le produce estar incomunicado. Superada esta fase, volver a introducirlo poco a poco en su vida, siempre bajo control de una o varias personas. Para ello es recomendable un móvil de contrato, que facilita el control el consumo, y permitir su uso solo en presencia de otros. El aparato debe confiscarse en los momentos de soledad.

Si bien hablar de adicción en la mayoría de casos es muy extremo, la creciente presencia del teléfono móvil en nuestra sociedad empieza a tener efectos alarmantes. Es conveniente que todos empecemos a estar más atentos al uso que hacemos de este aparato, que tiende cada vez más a aislarnos de quienes nos rodean y a acaparar nuestra atención. Todos tenemos a un adicto dentro al que controlar.

Foto: Shawn Allen en Flickr.com.

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