¿Qué ocurre después del abandono escolar?

Alrededor de 900.000 jóvenes entre 18 y 30 años se encuentran en estos momentos en una situación extrema: en paro y sin formación suficiente para poder optar a un trabajo. Podríamos culpar a aquellos chicos y chicas que en su día decidieron dejar de estudiar para ponerse a trabajar, pero lo cierto es que el sistema educativo español y sus características también tiene mucho que ver en este problema. Sin olvidar, claro está, la burbuja inmobiliaria que provocó que fueran muchos los que decidieran cambiar la calculadora por el ladrillo sin preocuparse de acabar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO).

Retomar los estudios, una empresa difícil de conseguir.

Son estos jóvenes los que han engrosado, año tras año, las ya de por sí elevadas tasas de abandono escolar en nuestro país. Ahora, y dada la poca flexibilidad de un sistema que no los supo retener, se enfrentan al reto de sobrevivir en un mercado laboral que ya no necesita profesionales del ladrillo sino titulados. O ni siquiera. El sistema educativo en España es uno de los más duros de Europa, tanto por lo inflexible como por lo exigente, pues no da a los alumnos las mismas facilidades que en otros países de Europa para poder proseguir con los estudios sin el certificado de la ESO. Esto es, no existen itinerarios alternativos ni enseñanza posobligatoria para aquellos que en su día abandonaron.

Cuando las cosas iban bien, los libros se cambiaban por las herramientas de trabajo, otorgando a los jóvenes con tesón y ganas de trabajar unos ingresos más que aceptables para su edad y formación. Eso, como hemos dicho, en tiempos de ‘bonanza’ económica. Básicamente, lo que el secretario de Estado de Educación y Formación Profesional, Mario Bedera, considera »la llamada del andamio» en declaraciones a La Provincia. Pero ¿que pasa con los jóvenes que ahora se encuentran sin empleo y sin formación suficiente? ¿Por qué no nos preocupamos de ellos cuando tocó? ¿Qué alternativas les quedan?

Fuera de España, un joven que desee retomar los estudios puede optar por la enseñanza posobligatoria aunque no tenga el certificado de la ESO o equivalente. En nuestro país es muy difícil: sin este nivel mínimo, seguir estudiando es una empresa complicada que desanima a los jóvenes parados. No existen recetas milagrosas para reducir el fracaso escolar, cierto, pero por lo pronto se podría da una segunda oportunidad a aquellos jóvenes que abandonaron la escuela prematuramente.

Si se quieren cumplir los objetivos marcados por la Unión Europea en materia de educación para 2020, mucho se habrá de avanzar en estos lastres, que condenan a miles de jóvenes a una parca formación por una decisión que tomaron cuando eran muy jóvenes. Decisión tomada en un momento en el que, no nos engañemos, la sociedad entera les mostraba las lindeces del trabajo… pero no les prevenía del reverso de la moneda. Ese mismo reverso en el que vivimos ahora.

Foto por JaviercitO en Flickr

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