¿Es fácil ser emprendedor en los tiempos que corren?

El ser emprendedor se lleva en la sangre. No obstante, muchas veces las circunstancias obligan a ello a ersonas que no tenían pensado de antemano el hacerse emprendedoras. Pueden entrar al mundo profesional con una actividad novedosa o rompedora, o bien pueden entrar desarrollando una actividad ya existente, pero aportando algún elemento diferenciador que les haga capatar una cuota del mercado potencial que ya existe.

No todos los emprendedores acaban alcanzando el éxito

No todos los emprendedores acaban alcanzando el éxito

La idea de que el mercado laboral está complicado, es una realidad. Mucha gente desempleada se plantea la idea de hacerse profesional independiente, autónomo o emprendedor, me da igual la forma en la que se llame. Y eso en principio es un error.

La idea de hacerse emprendedor, se une a la necesidad de encontrar un trabajo para poder subsistir, con lo que son muchos los casos que se ven forzados a iniciar una actividad autónoma sin tenerlo pensado de antemano, con lo que muchas veces las situaciones mandan. En estos casos existe una elevada probabilidad de que la emprendeduría fracase.

El ser emprendedor es una forma de ser, personal y profesional que se tiene o no se tiene. Es como el que le gusta el mundo de la venta, o se vale o no se vale para vender. Cuando las administraciones hablan de la cultura emprendedora, lo hacen en definitiva para conseguir movilizar a una masa de gente y convencerla de que es la solución, que hacerse emprendedor es el futuro, pero lo que realmente buscan es maquillar las cifras del desempleo, las de I+D+i, las de subvenciones a la creación de pymes,…..

¿Es fácil ser emprendedor en los tiempos que corren?


Para nada.

Hacerse emprendedor o autónomo puede conllevar dos tipos de actuaciones:

  1. Desarrollar una actividad novedosa y con posibilidades de futuro.
  2. Desarrollar una actividad ya existente y competir con lo que existe actualmente en el mercado laboral ya.

En el primer caso, hablamos de desarrollar una actividad nueva, o de modificar una ya existente, ero desconocida hasta la fecha de esta forma. Entra a jugar la idea del riesgo o la «probabilidad del fracaso» emprendedor. ¿Cuántas buenas ideas fracasan por cualquier pequeña circunstancia que arecía sin importancia?

Emprender una nueva actividad implica controlarlo todo. No vale con seguir ejemlos de profesionales que ya estén en el mercado, porque no existen. Es descubrir día a día nuevas cosas.

Si para comenzar la actividad se necesita de financiación ajena, está claro que no es buena época para ser emprendedor. Ya no hay casi financiación para las empresas consolidadas, menos para una que se desconoce como va hasta la fecha y además se desconoce también que probabilidades de éxito va a tener.

¿Sería buena la idea de un «Telepan» que llevase pan y pasteles a domicilio siempre que el encargo pasase de una cantidad monetaria? Podría ser que si, pero el éxito será más factible en una ciudad de 1 millón de habitantes que en una ciudad de 20.000. Las buenas ideas tienen que ir asociadas a contextos. Seguro que una entidad financiera prefiere apoyar el proyecto en una ciudad más grande que en una más pequeña.

En el segundo caso, emprender una actividad que ya existe y entrar a competir en el mercado actual es muy difícil. Vas a tener que entrar haciendo algo distinto que los demás o aportar una idea o un valor añadido a lo que haces. Algo que te permita diferenciarte de los demás y te permita captar una cuota de mercado (incluso por precios más baratos).

Lo que está claro es que sabes que esa actividad funciona en el mercado. Con lo que si necesitas inversión, puede que la consigas de un modo más fácil que si la actividad fuese desconocida.

Tras ver las formas en las que puedes entrar en el mundo del emprendedor, en artículos posteriores vermos lo que ocurre en las diferentes situaciones que nos encontramos.

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