Terremoto en Japón: las empresas protegen a sus empleados

A pesar de emplazarse en una zona sísmica y ser un país adaptado a los percances de los temblores terráqueos, el sismo de 9 grados en la escala de Richter que azotó Japón ha superado cualquier expectativa. Más que el terremoto en sí mismo, lo peor ha sido el devastador tsunami qué provocó y que desencadenó el accidente nuclear en la central de Fukushima, aún de consecuencias inciertas. Un país puntero económicamente, hogar de múltiples empresas y filiales, se enfrenta a 10.000 fallecidos y múltiples pérdidas materiales mientras el riesgo sigue acechando. Ante esta situación, ¿cómo reaccionan las grandes compañías?

Un interesante artículo de CincoDías nos explica el protocolo de crisis que han puesto en marcha las principales empresas para proteger a su personal. Tanto las propias como las procedentes del extranjero, como las españolas Inditex (63 tiendas en Japón) o Adolfo Domínguez (31 establecimientos). Hablan básicamente de tres alternativas: abandonar temporalmente la zona afectada, cerrar para siempre y mudarse a otro lugar o trasladar gran parte de la plantilla a Osaka mientras se mantiene una pequeña representación en Tokio. Y es que el éxodo a esta localidad del sudoeste de Japón es muy frecuente en estos días ante la incerteza de las consecuencias de un desastre nuclear en Fukushima. Mientras que 250 km separan Tokio de la central, son más de 700 km los que la distancian de Osaka.

Vida normal en una Osaka que está acogiendo a los refugiados de Tokio y otras zonas del país / Foto: Getty Images

«Los verdaderos afectados por esta tragedia son las grandes compañías aseguradoras«, explican en el citado artículo. Y es que otro aspecto destacado es sobre quién recaen las mayores consecuencias económicas del desastre. Precisamente el hecho de encontrarse en zona sísmica ha provocado que, históricamente, las empresas se hayan asegurado cobertura en caso de accidentes como el que está aconteciendo. Así pues, el personal de Japón, tanto el nipón como el procedente del extranjero, está a salvo. O, como mínimo, las compañías están haciendo lo posible por garantizar su seguridad. Y mientras tanto, la vida continúa.

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