¿Te fías de lo que hace tu jefe?

Una gran parte de los trabajadores no tiene confianza en cómo su jefe o empresa gestiona los temas relacionados con el entorno laboral. Preocupan asuntos como el incumplimiento de sueldos, horarios y funciones, la legalidad de los finiquitos y los problemas que puedan surgir para acceder a prestaciones sociales tras un despido.

La percepción que la sociedad tiene en estos momentos de la difícil situación económica nos lleva a desconfiar de casi todo. Desconfiamos de la capacidad de los gobernantes para sacar al país de la crisis, desconfiamos del papel de una oposición que no propone alternativas, desconfiamos de los bancos y, sobre todo, la mayor parte de los trabajadores por cuenta ajena desconfía de las empresas para las que trabaja.

Cada vez más trabajadores piensan que sus jefes o empresas no actúan correctamente.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Pues en principio, la culpa se la podemos echar a la crisis, pero esto es un hecho que se ha venido dando desde siempre (aunque quizás no en tanta proporción). Las principales dudas que los trabajadores tienen sobre sus jefes o la empresa están relacionadas con la legalidad de sus actuaciones en el ámbito laboral. Sobre todo, esta desconfianza se da cuando el entorno de trabajo se ve enrarecido.

Los trabajadores tienen recelo de sus jefes en temas tan trascendentales como el sueldo (dudamos sobre si lo que cobramos es lo correcto, si nos han bajado algún complemento o si no recibimos lo que nos toca por nuestro puesto), los horarios (si trabajamos más horas de las que están estipuladas en nuestro contrato o si no se cumplen las pausas y descansos) o las funciones que debemos realizar (si realizamos trabajos para los que no hemos sido contratados). Por otro lado, los trabajadores nos preocupamos mucho de todo lo relacionado con la extinción del contrato laboral, es decir, del despido. En este sentido, los trabajadores desconfían de que la empresa les finiquite correctamente (aunque solo una pequeña minoría se preocupa por comprobar que lo que le ofrecen es lo que le corresponde) y de que una vez en el paro puedan recibir sin problemas las prestaciones que les correspondan por derecho.

Gobiernos y sindicatos entran en arduos debates sobre temas de negociación de convenios y recortes sociales y se pelean entre ellos por la precariedad laboral y los llamados ‘contratos basura‘, quizás perdiendo de vista que algunos empresarios han encontrado siempre herramientas y caminos para saltarse algunos aspectos legales. Es común, por ejemplo, que se despidan empleados en julio y se reincorporen en septiembre para que el mes de agosto, el de vacaciones, corra a cuenta de las arcas públicas. También se dan casos en los que se encadenan contratos temporales con lapsos de tiempo entre ellos para no contabilizar (y así obligar a realizar un contrato indefinido), etc.

La salida que le queda al trabajador en caso de confirmarse sus sospechas es denunciar estas irregularidades, pero esto ocurre muy pocas veces, ya que prefieren no hablar para mantener su puesto de trabajo. Cuando sí que ocurre, la vía más utilizada es la de recurrir a un abogado profesional externo o a los técnicos del Instituto Nacional de Empleo, por encima de los representantes sindicales, los compañeros o a la misma empresa.

Foto por riotcinema en Flickr

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