Cómo, cuándo y porqué rechazar un trabajo

El rechazo de una oferta de empleo es algo que nunca dejará de producirse, sea buena o mala la época para ello, pues los motivos para hacerlo son tantos como personas hay en el mundo. Por eso hoy dedicamos un post a cómo hacerlo con elegancia y, sobre todo, sin cerrarnos ninguna puerta. Además, desvelamos las penalizaciones en el caso de quienes cobran una prestación del INEM.

Di "no" con elegancia y sin riesgos

Ayer explicábamos en QTrabajo que el 28% de las personas en paro ha rechazado un trabajo en los últimos tres años. Una noticia que sorprende, sobre todo en los tiempos que corren, y que nos hace pensar en dos posibles hipótesis: que no aprendemos la lección, y que aspiramos a una comodidad laboral por encima de nuestras posibilidades actuales, o que las condiciones que se están ofreciendo son lo suficientemente precarias como para no ser aceptadas. Pero lo cierto es que el rechazo de una oferta de empleo es algo que nunca dejará de producirse, sea buena o mala la época para ello, pues los motivos para hacerlo son tantos como personas hay en el mundo. Por eso hoy dedicamos un post a cómo hacerlo con elegancia y, sobre todo, sin cerrarnos ninguna puerta. Nunca se sabe a cuál tendremos que llamar.

Uno de los factores esenciales a considerar en el rechazo de un empleo es el cuándo: al recibir la oferta, tras ser contactados para una entrevista, durante la entrevista, cuando se nos contacta para comunicarnos que hemos sido escogidos para el puesto… Sea en el momento que sea, es obligado que demos la cara. No coger el teléfono, no contestar al e-mail o fingir que lo que se nos ofrece nos interesa cuando no es cierto solo nos acarreará problemas y dejará una mala imagen de nosotros de cara a la empresa. El desinterés es el peor aliado en el mundo laboral.

Y tan penalizado como el desinterés lo está la mentira. Motivos para rechazar el trabajo hay miles, algunos más justificables que otros. Sean los que sean, tenemos que adornarlos para que parezcan de peso. Y en caso de que intuyamos que no lo son, bastará con que sigamos una premisa esencial que consiste en dar siempre la información justa e indispensable. Al hacerlo debemos mantener la educación, evitar las críticas y, sobre todo, hacer hincapié en las fórmulas de agradecimiento. Dejar claro que agradecemos el interés de la compañía en nuestra candidatura.

Si el motivo del rechazo es porque consideramos que el puesto ofertado no se adapta a nuestro perfil, a nuestra disponibilidad de horario o a nuestras expectativas profesionales, es muy recomendable que lo hagamos saber al entrevistador. Puede que en un futuro surja una oferta que cumpla nuestros requisitos, y haremos bien en decirle a la empresa que para aquel entonces estaremos a su disposición.

Pero existe un colectivo para el cual rechazar una oferta se vuelve más problemático. Hablamos del de desempleados inscritos en los Servicios Públicos de Empleo, más conocidos como INEM, que cobran algún tipo de prestación del Estado que les liga a la realización de cursos y/o a la búsqueda activa de empleo. En ese caso el rechazo a una oferta que se adapte a nuestro perfil puede ser penalizado incluso con la suspensión del subsidio, por lo que siempre debemos justificar nuestros motivos con detalle. Dado que la ley no define qué causas son justificadas y cuáles no, puede que con ello nos baste. Sea como sea, no está de más informarse de los peligros que supondría rechazar un empleo en nuestra situación concreta. Por regla general, el subsidio se retira de forma definitiva tras rechazar tres ofertas de empleo sin causa probada y en las que hemos resultado seleccionados para el puesto. El primer rechazo se penaliza con tres meses de prestación, y el segundo con seis meses de suspensión. Encontraréis más detalles en las normas generales de los subsidios publicadas por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.

Foto: JUST SAY NO por Marc Falardeu en Flickr.com.

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