Ventajas y desventajas de ser empresario

Ser empresario no es fácil, pero aún así es el sueño de muchas personas. No solo por el sueldo (que el tópico presupone alto), sino por lo que significa emprender o dirigir un proyecto en el que creemos en base a nuestro criterio. En este artículo desvelamos las mayores ventajas e inconvenientes de ser empresario.

Un experto en emprendeduría y liderazgo da una charla en la Universidad Miguel Hernández de de Elche

Cada empresario es un mundo, y tampoco es muy conveniente generalizar. Aunque solemos relacionar este concepto con un señor de entre 40 y 50 años, traje y corbata y actitud imponente, lo cierto es que hay tantas modalidades de empresario como de empleado. Más mayores, más jóvenes, al mando de un tipo u otro de empresa y con más o menos trabajadores a su cargo. No obstante, sí que hay ciertos elementos característicos y comunes a cualquiera que desarrolla esta función. Tenerlos en cuenta es imprescindible a la hora de ponerse al mando de cualquier proyecto, puesto que no todo el mundo está preparado para asumir lo que significa ser empresario. Veamos aquí las ventajas y desventajas de ser empresario.

Entre las ventajas encontramos la tan ansiada independencia. Un proyecto propio, gestionado a nuestra manera y sin ningún superior que nos diga lo que debemos o no hacer. Probablemente aquel en el que siempre soñamos, o aquel en el que trabajamos durante años y que, tras mucho esfuerzo, nos valió el reconocimiento del más alto cargo que se puede ostentar. Ser jefe es libertad, y en el mejor de los casos un buen sueldo y calidad de vida. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.

Esta enorme ventaja, entendida por los más emprendedores como la única forma de trabajar que conciben, queda un tanto ensombrecida por la mayor de las desventajas de ser empresario. Si tuviéramos que definirla en una sola palabra, esa seria ‘responsabilidad‘. Tanto nuestros actos como aquellos que delegamos en otros trabajadores dependen de nuestro criterio. También las personas de las que decidimos rodearnos para hacer que la empresa funcione y siga adelante. Nuestras decisiones son las más importantes de la empresa.

A la vez, nuestra libertad está encorsetada en las obligaciones de nuestro cargo. Clientes, proveedores, competencia… Todos ellos son los jefes indirectos de nuestro proyecto, pues nuestra actividad gira entorno al hecho de complacer y fidelizar a unos, escoger con buen ojo y trabajar mano a mano con otros, y tener siempre controladas las acciones de los terceros. Y para ello no vale cualquier cosa. Un empresario debe conocer como la palma de su mano el ámbito en el que trabaja. Formarse y renovarse continuamente para que la evolución del mercado, caprichoso sea cual sea la actividad de nuestra empresa, no gane la batalla.

Podemos concluir, por tanto, que ser empresario es un sueño dorado para cualquiera que crea en lo que hace. Es poder llevar a cabo un proyecto del modo deseado, es quizás la máxima realización profesional para muchos. Pero también es sentir el peso de la responsabilidad sobre los hombros. Un peso que solo los más valientes y seguros de sí mismos pueden gestionar con éxito. Así que desde aquí, todo nuestro reconocimiento a quienes cumplen esta función con ilusión y honradez.

Foto: Salvador Figueros en Flickr.com.

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