Satisfacción en el trabajo

A menudo reducimos el asunto de la satisfacción laboral o satisfacción profesional al momento de la génesis y del acierto de haber escogido bien nuestra profesión u oficio y, ciertamente, una buena elección de nuestra ocupación que valore nuestra vocación y tenga en cuenta nuestros intereses e inquietudes personales probablemente te dejarán de pie en un empleo que te gusta. Pero también puede que no.

Ya sea que has elegido mal tu carrera y no tienes tiempo / ganas / recursos para cambiar a otra o para una reinvención laboral / profesional, o bien que tu elección haya sido acertada pero el empleo que tienes no te permite la práctica y ejercicio de las cosas que te gustan de tu profesión, la satisfacción en el trabajo no se cae de maduro y, por el contrario, puede llevarte a saltar de empleo en empleo sin saber muy bien por qué.

Ciertamente, en momentos complicados a nivel económico y laboral como el que actualmente se atraviesa en el país, darse el lujo de cambiar de empleo, renunciar para buscar otra oportunidad o llevarse mal con los compañeros para correr riesgos de que el jefe nos vea como la manzana podrida no parece una estrategia acertada.

Si todavía no tienes un empleo, aunque no sea el trabajo más feliz del mundo, si estás en medio de un proceso cambio o quieres impulsar un cambio de óptica dentro de tu puesto de trabajo, es bueno tener en cuenta 3 de los malos hábitos que la mayoría de los trabajadores que acaban no sintiendo satisfacción en sus trabajos, tienen:

Construcción de la identidad a partir del trabajo:

Puedes sentirte parte de un equipo, puedes estar orgulloso de trabajar en la empresa y tener muy buenos amigos dentro de la oficina. Pero no eres tu trabajo.



Tener una identidad separada de tu empleo es importante pues el trabajo es la principal causa de estrés para los trabajadores y si no tienes otra faceta, serás un montón de estrés acumulándose vayas a donde vayas. Una sugerencia simple es tener al menos 2 cosas fuera del trabajo que te ayuden a construir tu identidad -a identificarte-. Una puede ser tu familia, otra puede ser un hobbie, un club al que asistas frecuentemente, un grupo profesional (no del trabajo). Así, cuando estés fuera de tu trabajo, de vacaciones o en el caso de que te despidan, el mundo no se vendrá abajo con la pregunta “¿Y ahora qué?”.

Complácete a ti mismo antes que agrandar a los demás:

En el trabajo puedes recibir órdenes que no te agraden demasiado, pero lo más frecuente es que te pidan que hagas cosas en tiempo récord y que lo aceptes como un desafío, pensando cuán orgulloso te sentirás al entregar el reporte que el jefe pidió en 3 días y que normalmente demandaría 2 semanas.

No tiene nada de malo tomar desafíos, siempre que no te impliquen un esfuerzo exagerado y que la felicidad que aporte lograrlos sea de alguien más por sobre tu sufrimiento.

Quedarte horas extra en la oficina, llevar trabajo a casa durante los fines de semana o desatender otras funciones por complacer a un jefe no es saludable. Aprende a decir no cuando no creas que algo sea posible.

Creación de listas de tareas irracionales:

A menudo hemos dicho que una forma eficiente de organización en el trabajo es hacer “listas de Tareas”, pero también a menudo destacamos la importancia de los ítems y objetivos que colocamos en dicha lista.

Recuerda que todo lo que coloques en la lista te ayudará a sentir realización o frustración y que por ello necesitas ser muy puntual con los objetivos diarios y semanales que te plantees. La lista de tareas debe responder a tu asignación de tiempo, teniendo en cuenta las prioridades y tus capacidades; no la hagas pensando en competir con tus colegas o sorprender al jefe.

Fotografía: Victor1558 en Flickr

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