Cualidades del oficinista

Existe una tendencia a destacar las cualidades que debe tener un profesional que ejerce tal o tal otra profesión, pero lo que no se suele tener en cuenta es que muchos oficios se llevan a cabo dentro del ámbito de una oficina, y que el simple hecho de pasar ocho horas compartiendo despacho o sala con otras personas también requiere de aptitudes especiales. ¿Cuáles son las cualidades del oficinista? En este artículo las describimos.

Oficina compartida

Existe una tendencia a destacar las cualidades que debe tener un profesional que ejerce tal o tal otra profesión, pero lo que no se suele tener en cuenta es que muchos oficios se llevan a cabo dentro del ámbito de una oficina, y que el simple hecho de pasar ocho horas compartiendo despacho o sala con otras personas también requiere de aptitudes especiales. Y es que ciertos perfiles personales se sienten francamente incómodos desarrollando un empleo de oficina, mientras que otros se sienten cómodos con ello pero no resultan ‘cómodos’ para sus compañeros.

¿Cuáles son las cualidades del oficinista?

  • Buena presencia: Existen dos tipos de oficinas. Por una parte, aquellas que reciben continuamente a clientes, posibles socios u otras personas importantes ante las cuales hay que dar buena impresión. En este caso, el oficinista debe cuidar mucho su vestimenta y peinado, adoptando lo que se suele denominar ‘look ejecutivo’. Por otra parte, hay oficinas que jamás o raramente reciben a nadie que no sean los trabajadores y jefes de la misma. Sus empleados pueden vestir de un modo más relajado, con prendas tipo tejanos y sudadera. Eso sí, siempre cuidando un mínimo el aspecto y, sobre todo, la higiene.
  • Respetuoso con los demás: Ese compañero que habla a gritos por teléfono mientras se pasea por la sala, o que siempre ve una excusa para entablar conversación en voz alta con cualquiera, suele tener mala fama entre los compañeros. Trabajar en una oficina es hacerlo con conciencia de compartir espacio con otras personas que necesitan concentrarse y desarrollar su trabajo tanto como uno mismo, y que puede que para ello necesiten silencio.


  • Pulcro y organizado: La mesa de la oficina es la segunda casa de uno, y se desorganiza con la misma facilidad. Un buen oficinista debe dedicar parte de su tiempo a poner cada papel en su sitio. De lo contrario, su trabajo podría verse perjudicado.
  • Eficiente: El trabajo de oficina es de ‘presión relajada’. Dicho de otro modo, un obrero que trabaja a destajo se ve impulsado por la actividad frenética que caracteriza a su oficio, pero un oficinista puede dormirse en los laureles con facilidad. Cualquiera que haya tenido alguna vez Internet bajo sus dedos conoce mil modos de hacerlo. El oficinista debe ser una persona capaz de concentrarse y cumplir sus obligaciones con eficiencia, sin distraerse ante cualquier estímulo del entorno.
  • Paciente: Finalmente, el oficinista es una persona capaz de pasar en su puesto de trabajo muchas horas sin que eso le inquiete y le agobie. También alguien capaz de mantener la calma en momentos de presión laboral.

Como decíamos al principio, profesiones hay miles, y muchas se desarrollan en una oficina. Sin embargo, ser oficinista no es tan fácil como fichar a las 9 y salir a las 6. Si flaqueas en alguno de estos puntos y trabajas en una oficina, procura parar más atención para mejorarlos. Será lo mejor para ti y para tus compañeros.

Foto: Phillie Casablanca en Flickr.com.

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