Trabajar en el campo… como toda la vida

Campos

La agricultura es una salida laboral cada día más considerada.

Durante bastantes años hemos vivido el fenómeno del éxodo rural, es decir, aquellos jóvenes que cansados de vivir en el pueblo y trabajar la tierra veían frustradas sus perspectivas de vida y optaban por la emigración a grandes ciudades, con lo cual muchos pueblos quedaron convertidos en simples aldeas. Hoy en día, sobre todo ahora en plena crisis, cada vez hay más gente que vuelve a mirar el campo como una salida laboral a considerar, y por qué no, para algunos ‘urbanitas’ que piensan que las aceitunas salen de un bote, hasta puede llegar a tener cierto atractivo. Después de todo, se trata de un modo de vida en pleno contacto con la naturaleza y del que se puede aprender muchísimas cosas.

Con esa idea surgió el proyecto de la Asociación Colletero, de Nalda, en La Rioja. Dos mujeres en paro decidieron adoptar unas huertas abandonadas para sacarles provecho. La cosa salió adelante, y dicha asociación decidió recuperar todas las huertas abandonadas, que fueron cedidas por sus dueños de manera altruista. Ahora, cada martes 100 familias recogen sus 6 o 7 kilos de frutas y verduras de temporada. Pagan sólo 50 euros al mes y comen sano todo el año. Para Mercedes Peso, una de estas dos mujeres “el campo es como un hijo, pones una semillita y…”. Como ellas muchas mujeres están asociadas a través de Fademur, Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales. Se coordinan con las cooperativas rurales para vender su cosecha o obtener productos que necesitan.

Trabajar en el campo tiene además el fenómeno de la estacionariedad; hay más trabajo en la época de la cosecha que durante el resto del año. Son conocidas las campañas de recogida de fresas de Huelva, la vendimia en zonas de viñedos como La Rioja, o la recogida de la naranja en Valencia . Si tenemos movilidad geográfica podemos trabajar como jornaleros prácticamente todo el año, aunque seguramente lo más fácil es implicarse en alguno de los proyectos ecológicos ya existentes o, por qué no, si disponemos de la tierra, siempre podemos aventurarnos a iniciar nuestra propia huerta.

Eso sí, para dedicarnos a la agricultura, hemos de tener en cuenta que se trata de un trabajo que requiere esfuerzo constante y también grandes dosis de paciencia, pues la tierra siempre tarda en dar sus frutos y a veces puede dar la sensación que nuestro trabajo no está haciendo efecto. A cambio tenemos un trabajo que nos permite retornar a nuestros orígenes mediante el contacto con el entorno, es un modo de vida sostenible y al final, bastante agradecido. Y eso sí, jamás nos faltará de comer.

Fuente| El País

Foto| Sam Beebe

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