La inteligencia ¿se adquiere o es innata?

Supongamos por un instante que es innata, que nace con el niño, como parte de su ser, como su nariz o el dedo pulgar. Se iría formando en el vientre materno y el niño nacería con ella, puede ser, incluso, que hasta dependiera de la genética, algo así como de padres inteligentes nacerán niños inteligentes y de padres obtusos, nacerán niños obtusos, siempre y cuando no haya algún abuelito por ahí inteligente que haga cumplir las leyes de Mendel y nos haga al bebé inteligente. De esta manera, naceríamos con el coeficiente que tendríamos toda la vida, como tenemos que soportar toda la vida una nariz aguileña o los ojos marrones. Siempre y cuando no nos metamos en cirugías, claro. Y es que no hay nada inalterable. Todo se puede corregir y puede adquirir la apariencia que deseemos.

Para desarrollar la inteligencia ni siquiera tenemos que entrar en el quirófano, es mucho menos traumático que una operación estética. No es cierto que nacemos ya con la inteligencia que vamos a tener toda la vida, puede que nazcamos con el genio y la habilidad de nuestros abuelos, pero no con su inteligencia y si un padre obtuso tiene hijos obtusos es sencillamente porque su educación o su forma de planificarse no le permite discernir que sus hijos pueden adquirir inteligencia.

Por supuesto no se adquiere inteligencia como si fuéramos a comprar manzanas al mercado, no decimos ‘deme un kilo de inteligencia, con buen aspecto’, la inteligencia no se puede poner en la mesa para postre y, luego, a la tarde, ya somos más inteligentes. ¡Qué bien!

La adquisición de inteligencia depende de muchos factores, factores que conciernen no sólo al individuo, sino al ambiente en el que vive.

Incluso el mismo término de inteligencia puede producir cierta confusión, porque se ha usado para designar más de una cosa, quizás deberíamos haber empezado limitando qué entendemos por inteligencia.

Si nos atenemos a su significado etimológico, inteligencia procede del latino intelligentia, y este a su vez de las formas ‘inter’ (entre) y ‘legere’ (elegir), así pues la inteligencia sería algo así como el saber elegir entre varias opciones. Y no está muy lejos el concepto que de ella se tiene en la actualidad. Pero es un tema tan amplio y tan tratado por disciplinas tan diversas que nos encontramos multitud de definiciones. Para aquellos que estén interesados este tema, me parece muy esclarecedor el artículo de wikipedia sobre la inteligencia. No obstante, y pese a esta diversidad, todos los psicólogos y pedagogos, psiquiatras y científicos varios coinciden en identificar a la inteligencia como la habilidad que nos permite hacer o entender algo, palabra más palabra menos.

Y atendiendo a este sentido pragmático de la inteligencia, nos encontramos con una clasificación muy interesante, facilitada por Howard Gardner. Para él hay 8 tipos de inteligencia, que atienden, precisamente, a las habilidades que podemos desarrollar. Son:

1. Inteligencia lingüística<, la que tienen los escritores, los poetas, los buenos redactores. Utiliza ambos hemisferios.

2. Inteligencia lógica-matemática, la que se utiliza para resolver problemas de lógica y matemáticas. Es la inteligencia que tienen los científicos. Se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico y con lo que la cultura occidental ha considerado siempre como la única inteligencia.

3. Inteligencia espacial con ella somos capaces de representar un modelo mental del mundo en tres dimensiones; es la inteligencia que tienen los marineros, los pilotos, los ingenieros, los cirujanos, los escultores, los arquitectos o los decoradores.
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4. Inteligencia musical es aquella que permite desenvolverse adecuadamente a cantantes, compositores, músicos y bailarines.

5. Inteligencia corporal-cinestésica, o la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Es la inteligencia de los deportistas, los artesanos, los cirujanos y los bailarines.

6. Inteligencia intrapersonal, es la que permite entenderse a sí mismo. No está asociada a ninguna actividad concreta.

7. Inteligencia interpersonal, la que permite entender a los demás; se suele encontrar en los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas.

8. Inteligencia naturalista, la utilizada cuando se observa y estudia la naturaleza, con el motivo de saber organizar, clasificar y ordenar. Es la que demuestran los biólogos o los herbolarios.

Estos tipos no se dan aislados, suele suceder todo lo contrario, es decir, que aparezcan combinados y nos encontremos con personas muy dadas a las matemáticas y a la música y, además, con dotes para las relaciones sociales.

También hay tipos que sería deseable que todos tuvieran, por ejemplo, la inteligencia intrapersonal o introspectiva, que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos.

En realidad, estos tipos de inteligencia están en todos los individuos en mayor o menor medida, y sería ideal en el aprendizaje que conociéramos cuál de ellos tienen más desarrollado nuestros alumnos. NO para diversificar el curriculum, sino para diversificar la forma de enseñarlo, para algunos niños y niñas es más fácil clasificar y ordenar textos que redactarlos, por ejemplo.

Volviendo al tema que llevábamos más arriba sobre la adquisición de la inteligencia, y tras ver la clasificación de Gardner, podríamos añadir que lo ideal sería saber qué intereses y particularidades tiene cada individuo, y a partir de ahí, ayudarles a desarrollar el tipo de inteligencia más próximo a estos.

¿Qué hay entonces de aquel Coeficiente Intelectual que a muchos chicos les marcó la infancia, calificándolos de ‘mediocres’?

Se trata, realmente, de otra forma de ver la inteligencia, clasificándola por niveles y considerándola, casi, como estratificaciones inamovibles. Es peligroso esto del Coeficiente Intelectual, precisamente por el encasillamiento que supone. Y, por supuesto, es diametralmente opuesto a lo que venimos diciendo del desarrollo de la inteligencia. A no ser que lo usemos como punto de partida o como simple referencia.

Tenemos que recordar, además, aquel otro aspecto del que ya hemos hablado en alguna que otra ocasión, me refiero a la inteligencia emocional, bastante cercana a los tipos de inteligencia intrapersonal y extrapersonal de la clasificación de Gardner (vid. supra). Esta inteligencia emocional nos explicaría el por qué para triunfar no basta con tener 130 de CI en la tabla de Wechsler, sino desarrollar otras habilidades que facilite al niño la comprensión del mundo que lo circunda.

Porque el objetivo último no es adquirir muchos conocimientos, sino adquirir la habilidad de comprender y pensar por uno mismo, para formar personas independientes, sea cual sea su CI.

Porque como dice Raths: “El hombre podrá ser como un junco, pero, como se ha dicho, es un junco que piensa; y cuando puede pensar y las ideas pueden ser puestas a prueba ante el mundo, la vida es más rica y mejor.”

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