La inesperada llegada del segundo hijo

En esta entrada, revisamos lo que sucede en una pareja cuando el segundo hijo está en camino, sobre todo cuando no hay mucha diferencia de edad entre el primero y este.

¿Estás segura? Pero si nos hemos cuidado. Esa frase fue la que le dijo mi amigo Armando a su mujer mientras se dejaba caer sobre el sofá del primer piso de su casa. La noticia lo cogió totalmente por sorpresa y en esos momentos no sabía si reír o mostrase cauto. Apenas estaba aprendiendo a ser padre con su primer hijo y ya le mandaban un segundo hijo. Recuerdo que mi amigo siempre me decía que ya no tenía tiempo para casi nada y ahora, con la llegada de su segundo hijo, no sabía cómo iba a resultar todo eso. Sucede que Armando tuvo un noviazgo fugaz y en menos de un año ya estaba contrayendo nupcias. A los pocos meses ya su primer hijo, Nicolás, estaba en camino. Y ahora, cuando parecía respirar unos momentos y ver en retrospectiva el vértigo que había caracterizado su vida en el último par de años, era conminado a ponerse nuevamente en guardia.

Por su parte, Beatriz, la mujer de mi amigo, estaba feliz con la nueva llegada y es que la maternidad está más allá de toda lógica y racionalidad para la mujer. Es un acontecimiento siempre bienvenido y más en ella que ya había debutado en estos terrenos hacía poco. Me confesaba que recién en esos momentos experimentó la dimensión completa de ser mujer.

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Imagen tomada de Flickr por malglam

Sin embargo, como psicóloga, Beatriz no dejaba de tener una opinión profesional respecto al hecho y yo, como buen curioso, le di hilo para desmadejar. Para comenzar –me dijo- el segundo embarazo toma a la mujer mucho más preparada, la experiencia pesa y mucho. Los miedos desaparecen, ya se conoce de cerca el proceso y la mujer sabe lo que debe y no debe hacer. Las ansias ya no le juegan en contra sino que se convierten en dulce expectativa y los meses de gestación son más relajados.



En este punto, no hay que perder de vista que si el primer embarazo presentó complicaciones más o menos serias, estos miedos podrían hacer presa de la madre nuevamente. Otro punto que Beatriz mencionó hizo alusión a que lo mejor hubiese sido que, su segundo hijo llegará con un tiempo y espacio de planificación. Le hubiese gustado conversarlo con Armando antes, ya que siempre se necesitan tomar decisiones respecto a las finanzas en el hogar. Quizá haya que hacer algunos movimientos financieros en el hogar como solicitar algún préstamo o refinanciar anteriores créditos y hasta quien sabe hipotecar la casa. Por otra parte- continuó- el tener dos hijos con edades tan próximas nos permitirá criarlos casi al tiempo y cuando ya sean grandes podremos disfrutar como pareja. Mientras Beatriz me decía esto, yo pensaba en mi interior si a Beatriz o a Armando le parecían poco unos 12 o 13 años, digo, lo suficiente como para mantener la pasión de pareja.

Al respecto, Beatriz prefería atravesar la etapa de los pañales y los lloriqueos de madrugada lo más pronto posible pero por otra parte, me decía que los niños de edades muy próximas suelen ser muy buenos amigos pero nunca faltan las peleas entre ellos, justamente por el tiempo que pasan juntos que es casi todo el día. Esto crea desgaste y la pelea es un método natural de desfogue tras la cual vuelven a ser los mejores amigos nuevamente. Es una búsqueda natural de identidad de cada uno de ellos, y eso, no considerando la esfera de los celos que todos los hermanos sienten hacia las atenciones y reconocimiento de los padres. Cada uno quiere ser el primero en todo y de esas cositas pequeñas empiezan las peleas. Es normal que entre ellos se acusen las travesuras o las frases soltadas al aire para descalificarse mutuamente, todo con el objetivo de ser los primeros a los ojos de los padres. Puede resultar hasta divertido pero no se debe dejar que estas conductas sean muy frecuentes. Además, al ser las edades muy próximas, no habrá necesidad de preparar al hijo mayor para la llegada del segundo sino que se verán creciendo juntos.

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Imagen tomada de Flickr por pequeña coronela

Otro punto importante que Beatriz señaló es que, con la llegada de su segundo hijo, podría resarcir un poco el “daño” que le hizo a su marido al descuidarlo por los cuidados que debía procurar a su primer hijo recién nacido. Es claro que si el primer hijo demandó tanto, para la llegada del segundo el concurso de Armando se haría prácticamente obligatorio e ineludible pasando a ser prácticamente una segunda madre. Esto lo pensé en voz alta y Beatriz no pudo evitar soltar una carcajada. Ahora la familia, de una u otra forma estaría más unida ya que Armando se había refugiado en el trabajo al casi no poder disfrutar de Beatriz como pareja. Un punto en contra iba a ser el cansancio pues es una labor dura y exige andar de un lado a otro prácticamente todo el día, y al decir todo el día, nos referimos a las 24 horas, pues muchos niños suelen despertarse de madrugada y los padres junto con ellos. Esto puede repercutir con el rendimiento en el trabajo y hay que prepararse mentalmente para un par de años en que el sueño no será continuo como debería ser sino más bien una suma de siestas cuando éstas se puedan hacer.

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