La fábula del becario

La figura del becario, inicialmente creada para ayudar a los recien titulados a incorporarse al mercado laboral, se ha convertido con el tiempo en una trampa para alimentar continuamente el trabajo precario y la explotación laboral. En este post se trata el tema desde el punto de vista de los empresarios y los becarios introduciendo algún que otro recurso en clave de humor.

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Denominación del becario:El/la de ahí, la que está haciendo fotocopias” es su denominación más común. Aunque también sus nombres y apellidos son reducidos a “Oye, tú ven”. Pero entre los propios trabajadores de la empresa, por muy mal que te siente, no pueden evitar referirse a ti como “¡El/la que está en mi silla!”

Es increíble la cantidad de artículos de opinión, noticias y foros de debate que puede llegar a generar en internet la palabra becario. En muchos de estos contenidos, como en la definición que encabeza este post, se juega con el humor como modo de enfrentarse a una situación que afecta a una gran cantidad de estudiantes de todo el mundo. El humor es siempre una buena herramienta de escape. Podría ser la situación en la que tradicionalmente aplicamos la típica frase de “reír para no llorar”. Desde buscar empleo te recomendamos que optes por la primera opción pero que ello no te quite las ganas de defender tus derechos en medio de una jungla laboral no muy propicia para este tipo de perfiles. Si eres un diplomado o licenciado recién salido del horno o llevas años realizando labores de “novatos” te sugerimos leer esto.

Zambullirse en el universo de informaciones de internet es suficiente para asistir en directo a un autentica apología de la frustración por entregas. De este modo la red se ha convertido en vehículo de expresión de todo aquello que no puede expresarse cara a cara en el puesto de trabajo. La figura del becario o el alumno en prácticas, que surgió en un principio como una herramienta de ayuda que facilitará su eficaz inserción en las empresas, se ha convertido en una autentica trampa de la que es difícil escapar.



La excusa es siempre la misma: los recién titulados deben someterse antes a un periodo de pruebas, a un proceso de adaptación a la empresa para la que van a trabajar. Hasta aquí bien. El problema llega cuando esta situación se aprovecha para someterlos a abusos injustificados. En muchas ocasiones es común encontrar becarios que llevan varios años ejerciendo el mismo puesto sin subir de categoría. Aunque no se puede generalizar un alto porcentaje de los becarios españoles reciben un sueldo muy inferior en escala a la responsabilidad que realizan y sufren horarios abusivos así como irregularidades en sus contratos. Muchas veces, este último, ni siquiera existe.

Llama poderosamente la atención en multitud de sectores, especialmente los más vocacionales, como los directivos de la empresa alegan la pasión por la profesión como motivo suficiente para soportar cualquier cosa. Qué becario recién estrenado en el mercado laboral no ha escuchado alguna vez aquello de: “Deberías estar agradecido sólo por estar aquí aunque sea gratis”. La verdad es que todo tiene un límite y este tipo de situaciones atentan contra la dignidad personal. Si cualquier trabajador que practique un oficio como la albañilería o la mecánica sería incapaz de trabajar gratis ¿Por qué han de hacerlo perfiles como los periodistas o los cámaras? Si los deberes de los becarios y los trabajadores en plantilla son los mismos e incluso superiores a medida que pasa el tiempo ¿por qué no lo son los derechos?

Basta pasar por algunas empresas para darse cuenta que incumplen reiteradamente lo que por ley se estipula tanto en cuanto a salario mínimo como excediendo el número de becarios a contratar. Especialmente en empresas locales se observa que, la mayor parte de la plantilla, son recién titulados. De este modo el producto o servicio se consigue con unos costes irrisorios y el empresario se lucra en exceso en pos de la dignidad de personas que acaban de comenzar y que necesitan ser apoyadas y motivadas.

Ante un panorama como este merece la pena reflexionar y protestar utilizando todos los medios posibles. Llama la atención la poca repercusión que tiene esta situación, pese a ser tan preocupante, en el panorama de la política o de los medios de comunicación. Quizás sea un juego alimentado por cómplices de todos los sectores. Definitivamente no interesa que el tema salga a la luz.

Quizás una solución pasaría por reforzar el estatuto. Podrían crearse unas normas comunes que fueran de obligado cumplimiento por los empresarios y ciertas medidas de control para comprobar que efectivamente se llevan a la práctica. De todos modos el mayor de los problemas, el máximo enemigo del becario es el propio becario ¿Cómo esto posible? Muy fácil. El hecho de que los propios afectados, en muchas ocasiones, muestren tan poca iniciativa a la hora de denunciar su situación es un freno importante para aquellos otros que si quieren hacerlo.

Imaginemos que Marta, tras salir la facultad comienza a trabajar en un diario a jornada completa librando cada dos fines de semana realizando las mismas labores que los empleados en plantilla. Sus primeros tres meses no cobra nada. Un año después su suelo no llega al mínimo interprofesional ni tiene contrato. En el momento en que Marta, tras muchos meses de aguantar situaciones de autentica explotación, decide un día pedir una mejora de su sueldo muy probablemente su jefe podría contestarle: Si tú no quieres este puesto hay cientos de personas que matarían por estar en esta situación. Así que tú decides”.

No le faltaría razón. Siempre hay una inmensa cola de personas detrás de ti dispuestas a seguir alimentado la cadena. Ante este panorama ¿Qué se puede hacerse? O te adaptas al mercado o te quedas fuera de él. Y después de todo hay que estar agradecidos…

Esta situación genera un círculo vicioso del que sólo se saldrá cuando exista una conciencia de grupo, una elaboración de reclamos gestionados y expuestos de manera inteligente. ¿Para cuándo este momento? El proceso es complicado pero más difícil resulta si nunca se pone la primera piedra, si el miedo a quedarse fuera del mercado sigue generando actitudes desesperadas que no llegan a ningún lado y de la que los propios empresarios se aprovechan.

Terminamos este post como lo comenzamos, en clave de humor. Quizás la solución más eficaz sea esa frase que últimamente se lee en todos lados: “Apadrina un becario. Son sólo 1000 euros al mes”. Si, al menos, fueran de verdad 1000 euros… Ser mileurista, en el mundo de los eternos becarios es, para muchos una autentica utopía. Hasta entonces siempre te queda consolarte con el juego del becario precario.

Foto: Or Hiltch.


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