Internet y el ciberespacio

Internet ha revolucionado el universo de las comunicaciones y la vida del hombre posmoderno. Algunos la ven como una herramienta alienante; otros, entre ellos Piere Lévy, ferviente investigador de la cibercultura, como la expansiva de la conciencia.

Hace ya una década que tuve el gusto de presenciar la paulatina democratización de Internet y contar con la suficiente edad para apreciarla, experimentarla y analizarla. Con el tiempo fui descubriendo, como en todo, lo bueno y lo malo de este gran fenómeno. Primero vi el lado negativo y me pregunté si estaba frente a la alineación del hombre. Presencié –y aún lo hago- cómo las computadoras absorben nuestras mentes, paralizan nuestros cuerpos y convirtiéndonos en ¿máquinas también? Es cierto que este servicio que promete supuestamente comunicarnos con el mundo hace nuestras vidas más sencillas de llevar, pero hace cincuenta años atrás no existían ni las computadoras ni los teléfonos celulares y sin embargo el mundo seguía girando. ¿Habrá cambiado tanto el estilo de vida del hombre posmoderno que tuvo que nacer un sistema de comunicaciones que fomente su evolución? ¿O fuimos nosotros mismos los que adaptamos nuestras vidas a esos sistemas primigenios? El dilema del huevo o la gallina… ¿Primero la técnica, después el hombre-masa, o al revés?

Internet

Foto: Taringa

También advertí lo paradojal de un sistema que supuestamente nos acerca más al mundo, manteniéndonos en constante comunicación, pero que al mismo tiempo nos aleja de la realidad, absorbiéndonos hasta el punto de no poder notar el paso del tiempo. Este mundo va cada vez más rápido y qué mejor que tener un medio desde el cual podemos hacer las compras del mercado, enviar tarjetas de cumpleaños y hasta pedir un crédito bancario, todo con un solo “click”. ¿Para qué perder el tiempo interactuando con humanos incompetentes cuando podemos hacerlo con una máquina desde la comodidad del hogar? Ahora bien, con todo esto, ¿no estaremos a la vez aumentando la velocidad en la que el mundo parece moverse? Yo veía a la humanidad atrapada en un círculo vicioso. Llegué a la conclusión de que las computadoras y su sistema de red global son ángeles caídos del cielo para ayudar en nuestro agitado modo de vida dentro de este moderno mundo de comidas rápidas, mensajes de texto instantáneos y relaciones de una noche; pero también un sistema que fomenta esa agitación y gesta la necesidad y dependencia de una máquina.



Hasta ahora no hay nada de nuevo en mis primeras observaciones, pero luego llegó el lado positivo, fundamentado en las palabras de Pierre Lévy, quien piensa que en el fenómeno del ciberespacio se puede entrever el florecimiento de una inteligencia colectiva del género humano. La hipótesis del doctor en filosofía me resultó más que interesante, en cuyo ensayo sobre “el ciberespacio y la existencia de una inteligencia colectiva en el futuro de la evolución humana intenta” intenta demostrar el lado positivo de Internet.

Pierre Lévy

Foto: Flickr

Según Lévy, el ciberespacio es un medio de comunicación interactiva y colectiva diferente en todo sentido a los medios tradicionales, unidireccionales y aislantes a los que nos hemos habitado con los medios clásicos y, en particular, la televisión. Pero Internet no es un medio, sino un meta-medio que está absorbiendo, transformando y renovando no solamente los medios que ya existen sino también un gran número de instituciones tradicionales, en particular modo el mercado y la escuela.
La conexión de la humanidad consigo misma no comporta automáticamente una mayor igualdad entre los hombres. Pero más que oponerse a un movimiento tecnológico y social irreversible, conviene acompañarlo, para orientarlo en el sentido más favorable a los grandes principios humanísticos de libertad, igualdad y fraternidad. La puesta en juego no es tanto la conexión física, sino más bien el tipo de uso que se le da: ¿pasivo y unidireccional? ¿O dialógico e interactivo? ¿Favorecedor de la emancipación o creador de nuevas dependencias?
El fenómeno de la interconexión refuerza la centralidad y por lo tanto el poder de los grandes centros intelectuales, económicos y políticos ya consolidados. Pero al mismo tiempo está cruzado por movimientos sociales, redes de solidaridad, iniciativas de desarrollo, proyectos pedagógicos, formas cambiantes de cooperación e intercambio de conocimientos, de experiencias de una democracia mayormente participativa. El tipo de poder favorecido por la extensión del ciberespacio será cada vez más un poder que emerge de la capacidad de aprender y trabajar en un modo sinergético, una centralidad adaptada a la densidad, la rapidez y la diversificación cualitativa de las conexiones y de los intercambios.

Si el movimiento de interconexión no estuviera ligado a una avanzada de la conciencia, no sería un progreso. Por eso la interconexión es solamente el lado material de la expansión de la conciencia, y los dos movimientos van siempre a la par. La verdadera inteligencia del hombre consiste en hacer inteligente su sociedad. Esta se expresa en mensajes, lenguajes, utensilios, instituciones, et. La inteligencia humana trabaja para la conexión: conexión con los otros, con lo lejano, con el más allá, con el pasado, con el futuro. A diferencia de los animales, que tienen un nicho limitado e interacciones estereotipadas con ciertos elementos del ambiente, los seres humanos continuamos siempre al infinito, descubriendo aspectos nuevos del propio ambiente. Pero también ensanchamos más veloz y potentemente el propio campo de interacción cuanto más interconectados estamos entre nosotros. El hombre vive en un mundo que está en continua expansión. Hemos entrado en un contacto conciente con la tierra y el fuego y hemos inventado la vasija de terracota. Esto último no estaba inscripto en nuestros genes, como tampoco la equitación, la metalúrgica, las maquinas de vapor, la electricidad, la radioactividad, los satélites artificiales, el Prozac, la escritura automática, Internet…

Web

Foto: Flickr

Las actividades se desplazan siempre más masivamente hacia el sector de los servicios, de las comunicaciones, de la producción y de la gestión del saber. Con el acrecentamiento de las conexiones el ser humano se expande. Menos relaciones mantenemos con lo que llamamos “real”, más extendemos lo esfera de lo real. Cuanto más viajamos, en el planeta o en los libros, en Internet o en la sociedad que nos circunda, más se abre nuestra mente. La comunicación entre los hombres se desdobla, se refleja, se multiplica en la interconexión entre las informaciones lentamente depositadas en las bibliotecas, y que hoy explota en el ciberespacio.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...