Imagen externa de las empresas

Cuando el talento escasea, las empresas afilan sus uñas argumentales y se prestan a un verdadero juego de seducción con los candidatos a las ofertas de empleo. Mientras unas entidades ofrecen amplia autonomía en el puesto de trabajo otras hablan de que son una escuela en la que desarrollaremos nuestras competencias. Luego están esos gabinetes de auditorías a los que se accede a través de un tercer ciclo o un curso de postgrado y en el que la gente parece contenta de trabajar catorce horas diarias. A eso algunos lo llaman éxito profesional, aunque personalmente a mi me parece otra cosa…

Los bancos y algunas compañías del sector industrial y la construcción añaden a su imagen una perspectiva de carrera laboral mucho más enriquecedora e internacional que la competencia. ¿Por qué? Pues porque el talento es caro, quieren tenerlo y no les da la gana pagarlo.

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En tiempos de guerra comercial, las empresas son capaces de hacer auténticas barbaridades. Y no me estoy refiriendo a campañas publicitarias en las que se menosprecia al contrincante, me refiero a la guerra sucia que hacen algunos. No sé cómo consiguieron mi teléfono, pero cuando dejé de trabajar en la prestigiosa consultora de RRHH en la que me esforzaba por hacer más ricos a unos señores que no conocía personalmente me llamaron de dos consultoras de la competencia. ¿En qué banda está tu salario actual? Yo ahora estoy en Barcelona pero podemos quedar mañana en Madrid. Mire usted, no sé quien le ha dado mi teléfono pero no me interesa. Nosotros te ofrecemos una carrera profesional, no sólo un trabajo. Vas a poder crecer con nosotros. Mire usted, que yo me voy a mi casa, a mi pueblo, a sentarme en la plaza mientras veo la vida pasar. Que no me interesa hacerme rico ni poderoso.


Esta historieta personal me viene bien como ejemplo para explicar que ahora las empresas hacen lo imposible por ofrecer contenidos y volverse atractivas más allá del salario y el horario. Al fin y al cabo tienen la necesidad de que todas las mañanas nos levantemos temprano y hagamos una jornada de trabajo brutalmente productiva. Además, cada vez hay más preocupación por ofrecer un puesto de trabajo de calidad y con un bien ambiente. Y el juego de seducción no ha hecho más que comenzar, tengo la sensación de que pertenezco a la última generación que se tomó las cosas en serio. Es decir, un porcentaje elevado de los que vienen detrás de mi casi no saben leer ni escribir, así que podré pedir un poco más de dinero por haber aprendido a utilizar WordPress.

De repente, todas las empresas tienen un lenguaje parecido, el de la diferenciación. Porque lo nuestro es diferente, con nosotros sí que se trabaja bien. En todas las escuelas de negocio están presentes, a la caza de ese joven incauto al que encandilar con un plato de lentejas y cuatro números de facturación y crecimiento empresarial. Iniciativas en materia de diversidad con la que seducir a los estudiantes, ¿qué pasa con los juegos de empresas? En el fondo tratan de dar ejemplo sobre su medio de trabajo y mediante la emoción atraer a nuevos candidatos para sus puestos de trabajo. Es como el flautista de Hamelin con las ratas.

Otra estrategia es la de la reputación, muy relacionada con temas de responsabilidad social corporativa y gestión ecológica de los residuos. En el fondo les importa poco o muy poco, o al menos eso es lo que uno piensa después de haber estudiado Ética de los Negocios en la Universidad Complutense de Madrid. Y lo mejor de todo es decir: nosotros invertimos el 0,7% de nuestros beneficios en temas sociales y la competencia no. Nosotros nos preocupamos de los bosques y los otros no. Somos los buenos y los otros los malos, y al final los compañeros de marketing se convierten en una especie de guerrilleros paramilitares dispuestos a contraatacar los puntos débiles de la competencia al despiste.

Y mientras tanto, los de Recursos Humanos implementan nuevos paquetes de medidas para aumentar la motivación, estupideces como el reconocimiento del trabajo bien hecho, la autonomía, incentivar la creatividad… Es su forma de aumentar y paliar el incumplimiento de promesas imposibles de mantener que hicieron cuando empezaste a trabajar. El problema es que tras los tres primeros meses de decepción perpetua, los profesionales cualificados no dudan en dejar esa “mierda de trabajo” que tan bien les vendieron.

Existe una gran preocupación por parte de las empresas en cuanto al tema de controlar la imagen, ya que garantizar coherencia entre la imagen que oficialmente promueven y la realidad interna es complicada. Las nuevas tecnologías, entre ellas el uso de blogs como medio de comunicación por parte de los trabajadores en las empresas están cambiando ese silencio sepulcral que uno encontraba en el interior de las empresas. El problema es que, como siempre, muy pocas empresas se animan a que algunos de sus trabajadores mantengan un blog en el que cuenten lo bien que se está trabajando en su empresa…

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