Generación Y, una forma distinta de entender el trabajo

Adaptables, creativos, flexibles y conciliadores, han nacido entre 1978 y 1989 pero, a pesar de su corta edad y relativamente poca experiencia laboral, son el recambio laboral que está a punto de subir un escalón, cuando la generación de 60 años, que aún está en directorio se jubile y todos suban un escalón más en jerarquía. Ellos son la generación Y.

generación Y

El mundo cambia, en todos los aspectos; los tiempos, la economía, modos de vida… Los vínculos y valores ya no son los mismos que hace 20 años y, lógicamente, estos cambios han incidido en el mundo laboral y en el mercado de trabajo, que es totalmente permeable a las diferentes realidades socio económicas.

El último cambio que puede percibirse en el mundo laboral tiene que ver con la revolución internet y todo lo que ello significa; porque no sólo ha cambiado la forma de trabajar, ha cambiado a las personas que trabajan.

Así, los trabajadores nacidos en la era internet, es decir, que desde muy pequeños han tenido la posibilidad de usar una herramienta que han incorporado a sus vidas y hasta la han convertido en indispensable, son llamados la Generación Y.

Como tal, o simplemente para estudiar los comportamientos sociales a través del tiempo y en relación con los grandes cambios que la tecnología impone en nuestras vidas, merecen un apartado y distinción en el mundo laboral.

Se caracterizan y comportan de manera diferente a personas y trabajadores de generaciones anteriores, es decir, sus jefes, que tienen entre 40 y 50 años; y mucho más alejados están de una generación aún superior que son quienes aún se encuentran en los puestos de poder y dirección de las empresas, con edades de entre 55 y 65 años.

Siendo estos últimos, trabajadores que se identifican con su trabajo, que han vuelto su identidad al cargo que ocupan y han adecuado sus modo de vivir a la disponibilidad de tiempo que sus funciones le permiten, o no; los primeros, es decir, la generación Y, no tiene esa capacidad de resignación y se niega a vivir para trabajar.

De hecho, su objetivo es todo lo contrario, trabajar para poder vivir, lo que reduce su responsabilidad, de manera que se sienten involucrados con su empleo sólo en la medida en que éste es una fuente de ingresos que le permite hacer lo que quieran de sus vidas. Son jóvenes nacidos en los años ochenta.


Exigen mejores salarios y no dan su vida por el trabajo, pues saben que un día están aquí, pero al siguiente, si la competencia paga mejor salario, allí estarán, y sólo durante el tiempo en que la oferta económica les resulte interesante.

Los jóvenes de la generación Y exigen, además, horarios flexibles, que dejen espacio para hacer todas las actividades que quieren hacer: salir, ir de compras, al gimnasio y, claro, tomarse unas largas vacaciones.

Trabajadora Y

Pero, los jóvenes de la generación Y no sólo proponen exigencias, de hecho, si las hacen es porque tienen algo que dar a cambio, que es valioso y que obliga a sus empleadores a ceder a sus “caprichos”.

La generación Y está muy segura de sí misma y, eso es lo mejor para una gran empresa que puja por ganar un espacio o mantenerse entre los primeros, son enérgicos, muy activos y optimistas; algo que ninguna de las dos generaciones de trabajadores que se encuentran sobre ellos tiene, pues han nacido y crecido en el desconcierto y así es como se comportan.

Por si esto no fuera suficiente, los jóvenes de la generación Y conocen, dominan y casi adivinan cualquiera de las nuevas tecnologías con que hoy se maneja el mundo, los mercados, las empresas y las comunicaciones. Han crecido con ellas, es casi una extensión de su inteligencia.

Adaptables, creativos, flexibles y conciliadores, han nacido entre 1978 y 1989 pero, a pesar de su corta edad y relativamente poca experiencia laboral, son el recambio laboral que está a punto de subir un escalón, cuando la generación de 60 años, que aún está en directorio se jubile y todos suban un escalón más en jerarquía.

Cualquier empresa moderna quiere tenerlos entre sus filas porque son los catalizadores de las últimas transformaciones a que toda industria se somete, necesariamente, para asegurarse el éxito.

“O nos adaptamos, o morimos. Estos jóvenes tienen las ideas muy claras y no están dispuestos a hacer del trabajo su vida. O nos adaptamos a sus exigencias, o perderemos a los mejores” exclama Elena Dinesen, directora de Recursos Humanos de Microsoft, una de esas multinacionales que han decidido adelantarse a los tiempos que corren. Y agrega: “Tienen la suerte de poder elegir, y exigir. Y saben lo que quieren: controlar su tiempo, no sentirse un número y tener un salario que recompense el enorme esfuerzo académico que han hecho”. Los chicos Y son la generación de los másteres y del equilibrio entre trabajo y vida.

La única dificultad que representan los jóvenes Y, pero que las grandes empresas han sabido canalizar, es que se sienten tan seguros de su valor que se resisten a pasar por tediosos procesos de aprendizaje que exige cualquier compañía y que, usando la vieja escuela, los hace comenzar sus tareas desde el escalón más bajo, para ir superando los desafíos que implican ser promocionado.

Les cuesta pensar que no entrarán a una empresa siendo los jefes, sino que, por el contrario, al principio sólo tendrán jefes y ni un dependiente. Más aún, no logran entender que pasarán algunos años antes de que puedan dirigir grupos de trabajo y tomar decisiones. Se creen capaces por naturaleza.

Joven Y

El trabajador de la generación Y no sabe recibir críticas y se ofusca por el orgullo herido, no resiste el fracaso y le cuesta asumir que muchas metas impuestas o auto impuestas, no siempre se alcanzan y que no siempre depende de ellos.

Los Y son jóvenes y han pasado la mayor parte de su tiempo estudiando, de hecho, pocos de ellos han salido a buscar empleo antes de los 25 años y sin un título universitario cuando no también un máster, debajo del brazo.

El problema al que se enfrentan las empresas es que al contratar a un “Y” saben que sus conocimientos son óptimos pero su experiencia y vocación limitada y errática, por eso es importante contar con un superior capaz de sacar lo mejor de ellos, destacar y desarrollar sus habilidades y superar sus debilidades.

Lo más importante para un empleador de un joven Y, es que no debe interferir en su escala de valores y debe dejarle tiempo libre para hacer lo que él quiere, fuera del trabajo.

Siempre que sienta que hay un equilibrio entre su mundo laboral y el personal, se sentirá cómodo. Pero cuando detecta que su empleo le roba horas que quiere destinar al deporte, la familia o los amigos, intentará salir de allí.

Nada de esto anula que el trabajador Y quiere tener una carrera profesional; así que habrá que darle metas y objetivos para permitirlo competir por ascensos en la escala jerárquica de la empresa, toda vez que él quiera.

Fuente: Cinco Días

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...