Seamos inteligentes

“Mi hijo no sabe hacer nada bien, mi hijo me ha salido tonto”. Se oye cada dos por tres en la calle. Las nuevas generaciones parecen más inclinadas a la diversión, a lo fácil, al camino corto, y ni hacen deberes, ni estudian, ni aspiran a llegar a la universidad. No es un problema de inteligencia, sino de vaguería. En principio, salvo excepciones puntales, todo ser humano parte de la misma capacidad de inteligencia, solo que algunos la desarrollan y otros la conservan en aceite para el resto de su vida. Esto es importante, porque el cerebro posiblemente sea la única máquina del mundo que cuanto más la usas más rápido y mejor funciona su engranaje.  Donde hay que contraatacar es precisamente en el terreno de la pereza, de la dejadez, de la falta de constancia y organización. Todos somos inteligentes. Todos podemos llegar a ser igual de listos que el prójimo. No es una cuestión de genes. La inteligencia no se sella genéticamente, por eso aquí traigo una pequeña lista de consejos que pueden ayudarnos a aumentar nuestra capacidad intelectual. Paciencia.

Aprender

El autoaprendizaje es bueno para estimular la inteligencia.

Aprender solo. Las lecciones más importantes no son las que nos enseñan los demás, sino las que aprendemos por nosotros mismos. La experiencia será un gran aliado de nuestra inteligencia, pero a parte siempre contribuirá positivamente que nos informemos y nos culturalicemos a través de Internet, que hoy representa el flujo de conocimiento más importante de nuestro tiempo. Internet nos ofrece además la posibilidad de conocer todo lo que pasa en el mundo.

Ampliar vocabulario. Las habilidades comunicativas son vitales para los seres humanos. Enriquezcamos nuestro vocabulario, abramos el diccionario y comprobemos la cantidad de palabras que existen y desconocemos. Nos sorprenderá. Aprender nuevos términos, completar crucigramas y otras tareas similares, nos ayudarán a saber expresarnos mejor, a saber escribir, a saber convivir.

Tener curiosidad. La educación no tiene que verse como una obligación. No aprendemos porque nos obligan a ir a la escuela, sino porque tenemos interés en aprender cosas nuevas. En ese sentido, hay que mostrarse curioso ante lo desconocido. Aprender es disfrutar, nos permite crecer, madurar, entender el mundo. Es importante preguntarse siempre el porqué de las cosas e intentar hallar las respuestas.

Cultivar intereses. Cuando hablamos de aprender y de educación, no nos referimos exclusivamente a las ramas básicas de estudio: matemáticas, geografía, lengua… Nos referimos a un campo infinito de temas que al conocerlos nos permitirán una mayor visión del mundo: música, pintura, deporte… Recordemos que el saber no ocupa lugar.

Viajar.  Es imprescindible que todo lo que aprendamos sobre el mundo no esté en los libros de texto o en las páginas de Internet, sino que vayamos en su búqueda y lo descubramos con nuestros propios ojos. Convivir en nuevos espacios y con nuevas culturas nos ayudará a entender comportamientos humanos y a asumir el grado de diversidad que existe en el mundo.

Constancia y organización: Esta es una de las rutinas necesarias para acabar con la pereza y la vaguería. Cuando nos abandonamos al ocio y no tenemos una agenda de objetivos que planifique nuestro día a día, es muy fácil perder el tiempo. Es necesario por tanto organizarnos la faena, fijarnos metas que nos ayuden a evolucionar y ser constantes en nuestro trabajo. “Quiero aprender inglés”, por ejemplo. Si nunca te lo planteas, nunca lo harás. Si te marcas esa prioridad, organizaras y aprovecharás tu tiempo de una manera mejor.

Escuchar. Es una práctica díficil, porque el ser humano oye por naturaleza, pero no siempre escucha. Y escuchar es de sabios.

Visualizar. La vista se puede decir que es el sentido más importante para el ser humano. De ahí, que la visualización sea un elemento fundamental. Aprender a visualizar las cosas en nuestra mente es esencial para poder analizarlas y proyectarlas hacia el futuro (consecuencias) y hacia el pasado (causas). Representa nuestra capacidad de análisis de problemas y situaciones.

Tener buen humor. El buen humor es un signo de inteligencia, desde siempre. Requiere improvisación y agilidad mental. Jugar con las palabras, buscar ironías, hacer chistes de las situaciones vividas o recalcar expresiones que involucran a los demás hace que la gente se sienta mejor en nuestra presencia. El humor algunos dirán que es un don innato, pero como todo don es un don desarrollable.

Identificar a personas de alto valor. Compartir con personas que consideramos inteligentes nos aporta mucho. Compartir momentos con personas sabias y cultas nos enriquecerá y nos abrirá las puertas al mundo, además de que serán una red de contactos importantísima cara al futuro.

Nemotecnia. Ejercitar la memoria siempre ha sido positivo, desde pequeños desarrollamos esta capacidad mediante juegos infantiles, en el día a día aprendemos a memorizar canciones, textos, fechas, eventos, nombres nuevos, rutinas de trabajo, números de teléfono… Nuestra memoria está siempre en marcha y evoluciona. Es importante que sea así. La memoria es fundamental para retener información.

Ejercitar la mente y el cuerpo. Ambas cosas son importantes. El cuerpo hay que mantenerlo en forma para conservar la salud. La mente también. Pero en su caso, ejercitar la mente nos ayudará además a ser más inteligentes. ¿Cómo ejercitarla? El mundo está lleno de juegos entretenidos que son un desafío a nuestro intelecto. Probémoslos. No olvidemos el dicho: mens sana in corpore sano.

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