Creencias erróneas en la búsqueda de empleo (1): ¿Cuáles son las tuyas?

La búsqueda de empleo y la vida profesional en general no suele dar los resultados que esperamos en gran parte porque la información en que basamos las decisiones y la aplicación de las técnicas de búsqueda, no es la adecuada o la necesaria. Te presentamos a continuación algunas de esas creencias erróneas que nos llevan al desempleo, a la precariedad laboral y a la insatisfacción profesional a través de diferentes casos prácticos

Un hombre cruza la frontera en un burro. Le registran para asegurarse de que no lleva contrabando y luego le dejan marchar. Durante dos años el hombre cruza cada día la frontera montado en burro mientras los guardias, cada día más recelosos, siempre le dejan marchar. Años después, un guardia retirado reconoce paseando por la calle a ese hombre que tanto tiempo pasó por la frontera. Le saluda amablemente y le dice:

-Los dos sabemos que pasaba usted contrabando, ¿qué era? Dígamelo, por favor.

-Burros, responde con tranquilidad.

Esta historia nos muestra que las creencias erróneas y los prejuicios nos llevan a tomar decisiones sin tener en cuenta información importante. La búsqueda de empleo y la vida profesional en general no suelen dar los resultados que esperamos en gran parte porque la información en que basamos las decisiones y la aplicación de las técnicas de búsqueda, no es la adecuada o la necesaria. Te presentamos a continuación algunas de esas creencias erróneas que nos llevan al desempleo, a la precariedad laboral y a la insatisfacción profesional a través de diferentes casos prácticos: el de de Alejandro, licenciado en Derecho que vuelve de preparar oposiciones frustradas; Julia, dependienta que quiere volver a trabajar; María Jesús, una maestra que ya conocemos, que buscó la suerte; y Juan, un mozo de almacén más motivado de lo que pensó en un principio.

Trabajadores ¿motivados? en una obra

1. LA CREENCIA DE LA MOTIVACIÓN: “Todo el mundo quiere trabajar”.

Es habitual que se sobrentienda (erróneamente) que una persona que no trabaja está desempleada, es decir, que está interesada en trabajar y que se esfuerza por buscar empleo. Pero es evidente que existen en un momento dado muchas personas “inactivas” que no quieren incorporarse al mercado de trabajo. No todos las personas que NO trabajan tienen la misma motivación para trabajar, y por tanto no ponen el mismo empeño ni dedican el mismo tiempo en buscar empleo o en intentar mejorar su vida profesional. Ojo, que no pasa nada por no querer trabajar o por estar menos motivado para hacerlo que otras personas. Pero sí es interesante aprovechar ese momento vital para preparar tranquilamente el futuro profesional.

Caso práctico: ¿Irse o quedarse?

Cuando a varias personas desempleadas que viven en una ciudad pequeña les recomiendas que impulsen su vida profesional con una experiencia laboral en grandes urbes, por ejemplo Madrid o Barcelona, algunas rechazan esa opción aludiendo a la carestía de la vida y afirmando que trabajar fuera de su ciudad sería “lo comido por lo servido”. Otras, sin embargo, son conscientes de que aunque estas experiencias no les reporten beneficios económicos a corto plazo, son fundamentales para el futuro, para mejorar el curriculum y la carrera profesionales. La disponibilidad para aceptar una mayor movilidad geográfica y diversas condiciones laborales es uno de los factores que indican una mayor motivación hacia el empleo. En general, ¿con cuál de estas dos actitudes te identificas, “irse” o “quedarse”?

2. LA CREENCIA DEL CONOCIMIENTO: “Yo sé por qué estoy desempleado o por qué mi vida profesional anda tan mal”.

Si nos preguntan, la mayoría de nosotros seríamos capaces de enumerar los supuestos factores responsables de nuestra situación de desempleo, pero una cosa es dar razones y otra tener razón. Eso del autoconocimiento esta sobrevalorado y es mucho más difícil de lo que parece. Si nos preguntan “¿por qué estas desempleado?”, seguramente acudiremos a respuestas generales y poco concretas del tipo “es que ahora la cosa está muy mala en mi sector”, o “es muy difícil encontrar empleo si no tienes contactos, como es mi caso”, pero difícilmente tendremos la suficiente perspectiva y clarividencia para descubrir los factores verdaderamente implicados en nuestra situación sin ayuda de orientadores o asesores profesionales.

Caso práctico: El Opositor.

Alejandro terminó la licenciatura de Derecho con la intención de superar unas exigentes oposiciones. Tras unos años de preparación no alcanzó el objetivo, y no tenía preparado ningún “plan B”, así que tras un periodo de inactividad y desánimo empezó a colaborar, antes de la crisis, en una empresa inmobiliaria. No estaba muy satisfecho pero el tiempo iba pasando. Tras un par de años en esa agencia decidió intentar buscar algo mejor. Se inscribió en la oficina pública de empleo, dejó algunos currículos en muchas empresas de trabajo temporal y en algunos bancos, e incluso pensaba en montar una gestoría. Repetía de vez en cuando estos intentos intermitentes de búsqueda de empleo pero nunca obtenía resultados. Pensaba: “Uf, por lo que se ve ahora no hay muchas oportunidades de empleo para licenciados en Derecho, estoy apuntado a casi todo y no consigo que me llamen. Bueno, cuando la cosa mejore seguro que consigo algunas entrevistas.”

¿Piensas que Alejandro está siendo realista? ¿Crees que conoce las razones por las que no encuentra empleo? ¿Están claros sus objetivos profesionales, tiene un plan de búsqueda concreto? ¿En qué se parece la situación de Alejandro a la tuya?

3. LA CREENCIA DEL MOTIVO ÚNICO: “Si estoy en desempleo es por algo en concreto, algo en particular que he hecho mal o que dejé de hacer.”

Las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen pero no necesariamente simples. Cuando estamos en una situación mala o complicada muchos factores y muchos errores acumulados serán los responsables. Esta creencia errónea del mótivo único también está relacionada con la creencia del conocimiento, con esa falsa ilusión de que conocemos realmente las razones de nuestros problemas, en este caso, profesionales.

Caso práctico: La dependienta.

Julia decidió hace un par de años reincorporarse al mercado de trabajo. Como hace muchos años trabajó como dependiente en una empresa familiar, la mayor parte del tiempo sino contrato de trabajo, pensó que podría volver a ejercer esa misma ocupación. Una orientadora profesional le ayudó a confeccionar su curriculum y presentar su candidatura en persona en decenas de tiendas y supermercados de su ciudad. Tras unos meses sin recibir una sola respuesta, Julia se encontraba muy desanimada: “Debe ser que como sólo tengo la EGB (Educación General Básica, estudios básicos en España) no cumplo con los requisitos para ser cajera, reponedora o dependienta. Creo que tendré que hacer algún curso para actualizarme.” Así que decidió realizar un curso de Formación Profesional Ocupacional de Dependienta de 5 meses de duración. Le resultó muy aburrido y teórico, y sobre todo, no hubo mucho contacto con empresas, pero pensó que valdría la pena por el título, que los supermercados lo valorarían. Meses después de finalizado el curso y meses después de la presentación de otras decenas de currículos, los resultados tampoco llegaron: “Creo que debo seguir haciendo cursos, al parecer aún no cumplo con el perfil.”

¿Crees que el motivo por el que no seleccionan a Julia como cajera o reponedora es su falta de formación, o puede haber muchas otras razones? Muchas personas desempleadas también creen que están poco cualificadas para determinados empleos y por eso se embarcan en numerosos cursos formativos. Pero en muchos casos es posible que su problema no sea de descualificación o de falta de formación, sino que tal vez simplemente no se aplican las técnicas de búsqueda más adecuadas para cada caso.

4. LA CREENCIA DE LA SUERTE. “Si no encuentro empleo o si no lo mantengo es porque no tengo suerte. Sin suerte, no importa cuanto tiempo busque o cuanto me esfuerce”.

Posiblemente esta sea la más frecuente y utilizada creencia respecto a los problemas que uno tiene en la vida en general, y en la búsqueda de empleo en particular. El problema de utilizar la suerte, o la mala suerte, como excusa de lo mal que nos van las cosas es que a veces esta actitud nos lleva a la inactividad: para qué seguir intentándolo¡ Ya sabemos que la mejor técnica de búsqueda de empleo es una adecuada utilización de los contactos personales y profesionales, técnica también llamada networking. Y te darás cuenta que cuantos más contactos hagas, cuantas más conversaciones tengas con conocidos y amigos, más “suerte” tendrás¡ Aunque no sé si a esforzarse, planificar y contactar se le puede llamar suerte, ¿no?

Caso práctico: La maestra.

María Jesús terminó Magisterio hace ya 5 años. Desde entonces ha estado impartiendo clases particulares para alumnos de su pueblo. Se ha presentado a oposiciones un par de veces pero no ha tenido éxito. No está muy contenta con su trayectoria profesional y con el hecho de haber estado contratada durante sólo 6 meses en estos años. Un orientador laboral le mencionó la importancia de relacionarse y de mantener contactos con las personas que conoce, hablaron de cómo utilizar adecuadamente la agenda, de cómo ser más sociable, de cómo buscar empleo informando a conocidos, familiares y amigos, etc. Actualmente lleva un mes trabajando como comercial en una editorial de libros educativos en la que está muy a gusto. Resultó que un conocido de su tío, conocía a su vez a alguien que trabajaba en esa editorial y en la que necesitaban un vendedor con perfil educativo. Este tío, al que María Jesús había informado recientemente de su interés por trabajar, le comentó: “Si me lo hubieras dicho antes, me hubiera movido antes, sobrina”. ¿Crees que María Jesús encontró ese empleo gracias a la suerte, o que la suerte llegó por haber aplicado la técnica de búsqueda de empleo e información por contactos? ¿Qué actividades podrías hacer para mejorar tu “suerte”?

¿Qué camino seguir?

5. LA CREENCIA DEL CASTIGO DIVINO. “Trabajar no le gusta a nadie, sólo se trabaja para ganar dinero”.

Pues no, parece haber “gente rara” que disfruta trabajando porque las tareas que desarrollan están relacionadas con sus intereses personales y profesionales. Uno siempre puede desarrollar motivaciones nuevas o encontrar empleos más relacionadas con lo que le gusta. En todo caso, aunque el trabajo que desempeñamos no sea de nuestro agrado, es importante hacerlo de la forma más satisfactoria posible. Cuando te conviertes en un especialista en un conjunto de tareas, los demás empiezan a reconocer tu cualificación y valor profesionales, y tal vez llegar a ser bueno en una profesión es la mejor forma de disfrutar de esa profesión, como en el cuento de la afiladora de lápices.

Caso práctico. El mozo de almacén.

Juan tenía 17 años. No terminó la ESO (educación secundaria obligatoria, en España) y su padre le consiguió un empleo en el almacén de una pequeña fábrica de ventanas. Con mucho disgusto se dirigía cada mañana al trabajo, hasta que empezó a demostrar cierta habilidad manejando las carretillas elevadoras. Su actitud hacia ese trabajo empezó a cambiar, y comenzó a interesarse por otras tareas del almacenaje. Un año después se planteó terminar los estudios para poder acceder a mejores empleos en esa fábrica. ¿Por qué empezó Juan a estar más satisfecho con su trabajo? ¿Qué puedes hacer tú para estar más satisfecho en tu trabajo, aunque no sea el empleo ideal?

En próximos artículos seguiremos analizando otras creencias irracionales que nos hacen más difícil la vida profesional. ¿Alguna sugerencia?

Imágenes utilizadas para el post:

http://www.flickr.com/photos/holguin/66589968/

http://www.flickr.com/photos/joxin/1435179776/

http://www.flickr.com/photos/alfonso015/168387926/

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