Conciliación de la vida laboral y familiar

Una vez que se ha fulminado el modelo familiar tradicional, los modos de vida han evolucionado lentamente hacia una mayor paridad en la atribución de los roles familiares y profesionales. Los padres cada vez más solicitan la conciliación entre vida laboral y familiar.

La llegada de un bebé a casa transforma la relación en el trabajo de una manera mucho más marcada en las mujeres que en el hombre. Las últimas encuestas que hemos consultado hablan de que tan sólo un 10% de los padres declaran que el nacimiento de su primer hijo ha afectado a su situación profesional frente a un 32% de las mujeres.

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Tras los siete primeros años de edad laboral, en el caso de mujeres que han pasado por la universidad: el 92% trabaja a tiempo completo si no tienen hijos, el 74% si tienen un hijo y solamente el 49% en el caso de tener más de un hijo. De este grupo, un 35% pasa a ocupar un puesto de trabajo a media jornada y un 11% deja de trabajar definitivamente. En el caso de los hombres, la situación profesional cambia poco en función del número de niños (96% de los hombres sin hijos harán lo posible por mantener el empleo frente al 94% de los que tienen familia).

Más de la mitad de los padres a los que se preguntaba reconocían no disponer de suficiente tiempo para dedicarles a sus hijos. Sin embargo, ninguno está dispuesto a sacrificar su posición laboral. Mucho más exigentes que las mujeres en este sentido podrían ser un potente motor de evolución de las empresas en un sentido positivo para los dos sexos. A la pregunta, ¿estarían dispuestos a cambiar de empresa para reconciliar vida profesional y personal? Sólo un 18% respondía afirmativamente.

Los tres principales frenos que identifican los padres son:
– Los prejuicios de género.
– La cultura de la implicación total, relacionada con la poca utilización de medios de comunicación a distancia.
El tabú que sigue siendo dejar de trabajar por cuidar de los hijos para los hombres en una sociedad machista.

Conscientes de esta demanda, algunas empresas comienzan a integrar la dimensión humana y familiar de los trabajadores y promueven iniciativas en favor de un mejor equilibrio entre vida profesional y vida familiar. Deberían empezar a favorecerse iniciativas con el fin de favorecer la paternidad y la maternidad en la empresa. Entre las buenas prácticas destacan las guarderías de empresa, la flexibilización de horarios y la posibilidad de hacer una parte de la jornada desde casa (teletrabajo).



Algunas personas conceden mucha más importancia a su vida laboral que a su vida privada durante la semana, sin embargo exigen que les dejen tranquilos los fines de semana. Otras prefieren trabajar en jornadas de menor duración pero no les importa estar conectadas de manera continua a la empresa.

Sin embargo, lo realmente importante es fijarse prioridades profesionales y familiares claras. La semana puede empezar con una reunión sobre la estrategia de la empresa en la semana y no podemos llegar tarde, ¿quién acompaña ese día a los niños al colegio? ¿Podremos faltar al primer concierto de violín de nuestra hija? ¿Nos dejarán hacer un esfuerzo por apurar la jornada un poco más ese día a cambio de salir un rato antes del trabajo el día señalado?

Aunque parezca mentira, estas pequeñas cosas podrían solucionarse fácilmente con algo de comunicación. Por ejemplo, me tomo la tarde libre pero me quedo durante la noche de mañana a hacer inventario. Lo importante es poner de manifiesto que no te niegas a hacer tu trabajo, ni descuidas tus obligaciones profesionales, simplemente que ahora tienes otras obligaciones que no puedes desatender.

Pero lo más importante en estos casos es estar convencidos nosotros mismos. No suele ser difícil convencer a un jefe de que nos ponga a prueba, también tiene que perder el miedo a que desaparezca nuestro trabajo. Con cifras en la mano, podemos demostrar que nuestro ritmo de producción no ha disminuido y hemos alcanzado los objetivos que la entidad se proponía. También es necesario aceptar que no se puede hacer tanto en casa como nos gustaría, hay que hacer lo posible por quitarse ese odioso sentimiento de culpa y explicarles a los niños (cuando tienen unos pocos años) que su papá/mamá está trabajando. Se sentirán orgullosos de saber lo que hace su progenitor. Aunque en ningún caso eso explica la dejadez en la atención o que nuestro compañero tenga que asumir su educación.

¿Eres de los que piensan que serías más feliz si no trabajaras? Es algo que seguro que te preguntas una y otra vez. Hasta no hace muchos años la mujer se quedaba en casa y era el marido el que aportaba el dinero (hace algunos años más salía de la cueva para cazar), por suerte para todos la situación ha cambiado radicalmente. Pese a todo, cuando se aborda la cuestión de los compromisos las costumbres ascentrales prevalecen y la mujer se ocupa de las tareas de la casa.

Un consejo bastante sensato consiste en compartir tareas, cosa que no ocurre en la mayoría de las parejas. Algo de sentido común, el que entra más tarde puede llevar a los niños a la escuela mientras que el que tenga el horario más flexible podrá ocuparse de los imprevistos. En función del nivel de estudios, de la responsabilidad dentro de la organización, del salario y de lo cómodo que está uno en su trabajo estará más o menos dispuesto a pasar a un segundo plano. Aquí también hay diferencias que tienen que ver con la personalidad de cada uno, algunas personas experimentan su realización profesional como una necesidad, otros verían con buenos ojos trabajar solamente tres o cuatro días a la semana (algo que ocurre con frecuencia en países como Francia y Alemania) para el resto del tiempo poder dedicarlo a la familia. No hay ningún truco, lo mejor es hablar abiertamente con nuestra pareja sobre lo que cada uno espera y quiere.

Un cambio, una oportunidad, un nuevo trabajo… Un miembro de la pareja tendrá que cambiar de puesto y de ciudad, lo que tendrá repercusiones sobre el otro y sobre el equilibrio que hasta ahora la pareja disfrutaba. Antes de tomar la decisión es necesario evaluar las consecuencias y buscar todas las soluciones posibles: numerosas parejas se separan provisionalmente, otros prefieren pegarse la panzada en el coche. Si hay niños la cosa se complica, algunos esperan a que termine el curso o incluso el ciclo escolar antes de cambiar de vivienda. Otra opción es que uno de los cónyuges busque otro trabajo en la nueva ciudad. El teletrabajo puede ser otra opción, incluso puede ser la ocasión de dar el salto y montar tu propia empresa. Hay que estudiar todas las posibilidades y cómo influirán en el día a día. Eso sí, los miembros de la familia deben ser muy honestos unos con otros tanto en sus deseos como en sus pretensiones y su capacidad para hacer concesiones.

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