Cómo promover la innovación

En épocas difíciles como la que atraviesa nuestra economía, la innovación se vuelve todavía más importante que durante épocas de bonanzas pero, sin embargo, cada vez más, las empresas tienen problemas con ella.

No son pocos los líderes corporativos que buscan ejecutivos capaces de alinearse bajo el precepto de la innovación constante y aún en momentos en que encontrar un empleo parece una misión im posible, quienes ostentan la “innovación” como una de sus cualidades profesionales y ejecutivas, tendrán siempre las puertas abiertas en cualquier organización.

Pero ser un “innovador” para conseguir empleo no se trata de colocar esta palabra de forma estratégica en nuestro currículum vitae, sino que se trata de ser innovador, de forma efectiva.

Y es entonces cuando la falta de innovación se muestra como un problema de capital humano pues la mayoría de los trabajadores, más allá de sus profesiones y formación, carecen de las condiciones necesarias para innovar con éxito.

Sin embargo, los hechos demuestran que más allá de los talentos innatos, casi cualquier persona se puede convertir en un innovador competente siempre que sea capaz de desarrollar suficiente práctica pues ser una persona innovadora requiere de la combinación de creatividad, ingenio y perseverancia, todas cualidades que pueden ser ejercitadas y desarrolladas.

Pero algo que es importante tener en cuenta y que, en pocas ocasiones, se les presta atención es que este tipo de personas pueden ser eficaces en el contexto adecuado para que la creatividad y el ingenio puedan fluir; además, se requiere de tiempo para ejercitar la perseverancia.

Así, se evidencia rápidamente que la mayoría de las organizaciones que buscan talentos o personas innovadoras, apenas las enrolan en sus plantillas comienzan a matar la innovación en vez de fomentarla.


Existen muchas formas de matar la innovación y dependiendo del tamaño y la cultura de la empresa, la efectividad de estos homicidas silenciosos es del 100% en un breve lapso de tiempo.

Una de las formas en que se puede aniquilar la innovación es crear una cultura corporativa tolerante de la creatividad y la innovación en donde “No hay límites! Sólo grandes ideas!”.

Esta filosofía puede llevar a una empresa a dispersar sus objetivos, diseminar sus esfuerzos y perder el foco en aquello que pretendía alcanzar, sólo por dejar “fluir” la imaginación. Ciertamente, las empresas deben empujar los límites de sus fronteras para, así, expandirse y superarse, pero los límites son necesarios para identificar claramente lo que se quiere hacer y lo que no se quiere hacer.

Permitir a la gente trabajar en ideas innovadoras que luego la empresa no querrá desarrollar, lleva a la gente a sentir que pierden el tiempo y que sus ideas no son valoradas.

Una forma de permitir a los creativos liberar su imaginación y superar los límites es focalizar desafíos concretos y reales, superadores y con objetivos claros pre establecidos y con premios de estímulo.

  • Grandes ideas, apuestas pequeñas:

Las grandes ideas son geniales, sólo que, a menudo, las mismas demandan grandes recursos, fuertes inversiones de dinero y tiempo. Algunos ejecutivos se ven tentados a pensar que, con una buena idea, una genial gran idea, la empresa puede salvarse para siempre. Sin embargo, el riesgo que conlleva que la empresa centre todos sus esfuerzos en la persecución de una única idea a la que se carga de la responsabilidad de “salvar la empresa”, es muy alto.

Sin una suficiente medición de riesgo, una gran idea puede ser más perjudicial que beneficiosa y es por ello que lo más recomendado es hacer de la innovación un conjunto de pequeñas ideas, un puñado de propuestas en las que apostar y correr riesgos controlados.

Es importante tener en cuenta que las mejores ideas surgen de un proceso de experimentación por ensayo y error en el momento de poner en marcha esas pequeñas ideas basadas en la famosa frase de Thomas Edison: “El genio es 1% inspiración y 99% transpiración”.

Finalmente, para conseguir que una organización de un giro hacia la innovación constante, además de contar con profesionales adecuados, estimulados, bien remunerados, un contexto adecuado para su trabajo creativo, límites organizacionales que sirvan de parámetro para las nuevas innovaciones, también será necesario fijar un presupuesto acorde a la innovación que se busca.

Partir de la base que, según las necesidades “aparecerá el dinero” puede resultar muy frustrante para quienes empujan los proyectos innovadores y, sobre todo, en grandes organizaciones donde deben explicar a un directorio, varias veces, cómo, cuándo y por qué necesitan cuánto dinero para innovar.

La falta de reglas claras a la hora de conseguir los recursos que se emplearán en los nuevos proyectos en que se trabajen puede terminar en una pesadilla poco fructífera en donde, no sólo no se podrá conseguir la innovación sino que, además, los trabajadores talentosos acaben desairados por la dificultad de poner en marcha su proyecto a causa de un proceso burocrático de aprobación de fondos.

Un presupuesto claro para gestionar la innovación, una disciplina y un control adecuado a la hora de buscar financiación y proyectar los costos de la producción, serán más que suficiente para que una organización se permita la innovación saludable.

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