Cómo lidiar con un “empleado de la abundancia”

Los jóvenes que han vivido hasta hace poco en un clima de abundancia, están empezando a sufrir las consecuencias de la crisis de una forma más traumática que el resto de las generaciones precedentes, debido a que el facilismo en el que han vivido hasta ahora no les ha preparado para afrontarla.

business-man-with-a-dollar-symbol-de-filipinojSi en cualquier empresa nos encontramos con un joven trabajador, generalmente recién contratado de los que fue criado bajo el esquema “si, toma, aquí lo tienes” y en este momento de “crisis” ha de enfrentarse a los diferentes condicionantes sociales y laborales que rigen nuestro mundo moderno… Simplemente tendrá todas las de perder, pues se sentirá perdido e incomprendido en un mundo que no era cómo él pensaba o cómo sus padres le habían “contado” que era.

Cómo reacciona un joven de la llamada “Generación Y” criado en este ambiente fácil y cómodo, frente a situaciones reales en donde no puede obtener todo lo que desea y en donde sus padres ya no pueden intervenir, como por ejemplo:

– Cuando no es aceptado en un empleo o despedido de alguno.
– Cuando sus ingresos no son suficientes para el ritmo de vida desahogado que tenía hasta hace poco.
– Cuando su jefe le llama la atención por cualquier cosa.
– Cuando sus compañeros no muestran interés social en él/ella.

Habiendo crecido en un mundo llenos de posibilidades, de pleno empleo, de bajas tasas de interés, de créditos fáciles, de poca inflación y de fácil accesibilidad al dinero. Era frecuente ver a estos jóvenes cambiar de empleo cada año y buscando trabajos temporales, sólo por probar cosas nuevas, gastando el dinero a manos llenas en vida nocturna y otras diversiones, así como dependiendo todavía de sus padres, quienes les seguían “apoyando” (en pasado) como una extensión de la irresponsabilidad cometida años atrás (en su niñez).


Pero ahora las cosas están empezando a cambiar, pues los padres han visto como no han podido irse de vacaciones por tener que cubrir los gastos de su hijo/a veinteañero/a o casi treintañero/a, que no hace más que consumir y poco producir y que al parecer le resulta imposible conseguir un trabajo que pueda mantener, ya que está empeñado en ser Gerente o pretendiendo Director con sólo poder mostrar el título de su carrera de cinco años… Cuando los actuales Directores tuvieron que empezar desde muy abajo en la empresa, para irse luego labrando un camino hasta donde están ahora.

¿Hasta donde es sostenible este ritmo de vida? ¿Hasta que punto los hijos de la abundancia podrán seguir viviendo con y de sus padres por no poder independizarse dentro de un mundo que desconocían y al que no estaban preparados para afrontar?

Es obvio que estos jóvenes no están en su mayoría preparados para enfrentar los retos que las empresas y las economías del mundo deberán enfrentar dentro de un esquema de recesión económica y que no sabrán dar respuesta a las demandas de un mundo cada vez más complicado.

Un nuevo horizonte se vislumbra, pero con tintes bastante oscuros

Es obvio que las generaciones salientes han de necesitar reemplazos frescos, siendo este un fenómeno normal en todas las empresas a nivel mundial. Lo malo es que este traspaso actual no va a ser nada parecido a los que estábamos acostumbrados hasta hace unos años, pues la juventud entrante no está cubriendo ni en lo más mínimo todas las expectativas que se esperaban.

Así que debemos estar alerta en las empresas y saber que “los buenos tiempos” han acabado y que pronto vendrá un periodo de crisis pura y dura que afectará no sólo nuestra economía, sino también las bases de la sociedad. Si esto ya representaba una mala noticia, pues la peor es que la mayoría de los “recién llegados” no están preparados ni para afrontarla ni para asumir sus riesgos, por lo que sus reacciones se harán notar en función de querer seguir perpetuando y sosteniendo el ritmo de vida fácil al que se habían acostumbrado.

Estoy seguro de que las generaciones que preceden la mía, también tenían algo negativo que decir de los jóvenes y así seguirá siendo de forma sucesiva, es costumbre de vida. Por eso he decir que en este post, no voy sólo a criticar de forma constructiva, sino que voy a admitir que así nos guste o no, esta generación que yo llamaré como la de “los jóvenes de la abundancia”, algún día tomará las riendas de todas las empresas alrededor del mundo y que por ello también me permitiré realizar un acercamiento más positivo, para compensar de alguna forma mi crítica y así tratar de conectar con ellos.

Esto lo digo consciente de que mucha de la culpa de que estos jóvenes hayan adoptado estas características y se encuentren ahora en esta situación de dificultad, es totalmente nuestra; es decir, de las generaciones precedentes, ya que en cierta forma los hemos moldeado nosotros mismos con nuestras actitudes erradas y les hemos inculcado muchos de los valores que ahora poseen. Así que hay que asumir esta responsabilidad sin echarles toda la culpa del problema, ya que no sería totalmente justo.

Estos jóvenes trabajadores y ciudadanos de esta misma sociedad, son el producto de la formación de sus padres y de los sistemas sociales que esos mismos padres han creado y que son el resultado de querer dar a los hijos todo lo que ellos no pudieron tener.

Puede que se trate de una respuesta evolutiva, pero es evidente que hemos errado en tratar de darles “todo hecho” pensando que era lo mejor para ellos cuando lo que realmente hicimos fue quitarles su capacidad de crear sus propios recursos y con ello, la capacidad de hacerse responsables por ellos mismos, en pocas palabras, los dejamos sin el poder de ser independientes y ese ha sido nuestro mayor error.

Así que sería justo decir que si vemos a los jóvenes en las empresas con actitudes de “lo quiero todo hecho”, también habría que destacar que son más innovadores y bastante más creativos que sus predecesores y además tratan de divertirse mientras trabajan, lo cual no deja de ser un factor importante, dadas las condiciones de cambio actuales.

Con tanto consumismo, con una tendencia cada vez más marcada por el materialismo y con las recientes facilidades de crédito de estas últimas décadas. Es fácil saber por qué los jóvenes aún piensan que pueden tenerlo “todo hecho” y lo que es peor, podemos entender cómo han incorporado el sentimiento de tener a formar parte de su seguridad emocional, lo que les ha llevado a estar frustrados cuando no pueden obtener lo que desean.

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El origen del problema

Todos los padres desean para sus hijos una vida mucho mejor que la que ellos tuvieron, lo cual parece ser un deseo universal… Pero…

¿Qué pasa cuando ese deseo se convierte en perjudicial?
¿Cuánto daño ha hecho este deseo en nuestra juventud actual?
¿Cómo se ve afectado el mercado laboral una vez se incorporan estos jóvenes?

En su afán por proveer lo mejor para sus hijos en aspectos como: educación, nutrición y calidad de vida, los padres han hecho demasiado énfasis en el último (la calidad de vida) y según mi opinión no han sabido definir exactamente lo que significa la frase “mejor para ellos” en ese contexto.

Estos jóvenes que lo han tenido “todo” desde el punto de vista material… no han tenido ni recibido el mejor “regalo” que sus padres debieron darles:  Paciencia, control de los impulsos y aprender a perder. Lo más triste, es que sus padres si que conocen estos conceptos muy bien, pero por alguna extraña razón y tal vez siguiendo alguna tendencia, no decidieron transmitirla a sus hijos.

Al no conocer la palabra “necesidad”, estos jóvenes han desarrollado en paralelo y sin saberlo sentimientos de frustración, tristeza y rabia cada vez que inevitablemente surge la palabra “NO”. Sentimientos que en la mayoría de los casos siguen siendo aliviados por los padres cediendo a las demandas cada vez más estilizadas de sus hijos…Hasta ahora.

Para que entiendan mejor mi punto de vista les dejaré con las que creo son las actuales y más negativas características de esta generación de jóvenes que ya había expuesto en mi blog personal alguna vez:

– Son jóvenes (es lógico), pero se sienten más adultos y maduros de lo que pudieron haberse sentido sus progenitores cuando tenían la misma edad. Pero sólo es una sensación infundada, y la misma viene dada por haber estado más expuestos a la tecnología y la influencia de los medios durante su infancia.

– Su rendimiento escolar ha sido bajo en general. No creen en la formación académica y optan por trabajar antes que estudiar, así que su preparación es pobre o incompleta, incluso para aquellos que llegan a la universidad, pues su misión es simplemente aprobar los cursos sin importar si se está adquiriendo conocimientos o no.

– Piensan que saben “más” que sus predecesores al creerse conocedores de la tecnología actual, debido a que la han usado desde que tenían uso de razón. Pero en la práctica sólo saben usarla sin comprender su naturaleza ni su funcionamiento. Mostrando también un desinterés total por descubrirlos, ya que el hecho de estudiar para aprender requiere de ellos un esfuerzo que consideran innecesario y hasta inútil. Así que conocen de mucho, pero en realidad saben muy poco.

– Consumen mucho y ahorran poco, por lo que utilizarán el crédito como vía para mantener el statu quo obtenido durante los providenciales años de bienestar económico que experimentaron sus padres en décadas recientes. Sólo se preocupan por el bienestar inmediato, así que tendrán el último modelo de móvil en el bolsillo y vestirán a la moda mientras luchan por llegar a cubrir las cuotas mínimas de la tarjeta Visa al final de cada mes.

– Son ambientalistas, individualistas y emotivos. Esta peligrosa conjunción de factores los predispondrá a acometer muchos proyectos con muchas energías iniciales, pero esas ganas se irán disipando luego, debido a su propio carácter irresponsable y a su falta de dedicación a las tareas que requieren un mínimo de esfuerzo y tiempo.

– La disciplina no es su fuerte, por lo que les cuesta adaptarse a los entes organizados y jerarquizados como las empresas. El poco esfuerzo que hicieron sus progenitores durante su relajada formación tendrá sus consecuencias cuando deban enfrentarse a una vida adulta que se rige por normas, procedimientos y leyes sociales. Así que muchos fracasarán laboralmente o se adaptarán a regañadientes por conveniencia.

– Aunque creen tener una identidad propia, son fácilmente impresionables por los medios, la moda y las tendencias, más no por sus padres, profesores o supervisores. Debido a esto, tampoco tienen una ideología propia, sino que la misma es impuesta desde entes externos basados en la publicidad y el marketing que va dirigido a ellos. Por lo que también son fácilmente manipulables si se sabe llegar a su parte emotiva.

– Tienen una alta rotación laboral. En el estudio se concluye que alrededor del 25% de las empresas en la actualidad tienen una rotación anual que supera el 30% (para el que no maneje estos datos todo porcentaje superior al 10% es mucho). Todo ello a pesar de que muchas empresas, sobretodo multinacionales, han tratado de implementar incentivos para retener a sus trabajadores, esfuerzos que no han dado sus frutos, según KPMG. Así, pese a los datos recopilados tan sólo el 1% de las empresas encuestadas considera que su política de selección y retención de personal resulta deficiente.

– A diferencia de sus padres han entrado en un mercado laboral en el que las personas en edad de trabajar crecen lentamente y en el que las empresas encuentran verdaderas dificultades para contratar mano de obra cualificada. Un conjunto de variables demográficas, que unidas a un periodo de crecimiento económico sostenido, les permite disfrutar de un poder de negociación en el trabajo del que no disfrutaron ni sus padres, ni los miembros de la llamada Generación X, la inmediatamente anterior (¡qué suerte!).

¿Qué podemos hacer en las empresas para ayudarles a afrontar su problema?

La adversidad y tener la oportunidad de enfrentarnos a ella nos provee de las herramientas para poder afrontar situaciones difíciles cada vez que la encontramos, así que la mejor lección que podemos darles es hacerles enfrentar la adversidad lo antes posible, ya que mientras más tarde se aprende más se sufre.

Así que si estamos dispuestos a ayudarles a darle sentido a lo que hacen, en lugar de criticarles, es hora de ofrecerles un poco de adversidad controlada, permitiendo que se adapten a ella poco a poco hasta que entiendan que tienen una responsabilidad generacional. La misma responsabilidad generacional que nosotros tuvimos y que a la vez heredamos de nuestros padres.

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