Burnout: Síndrome de la cabeza quemada

Las exigencias del empleo, pueden llevar a que se inicie una situación en la cual se vea comprometida la salud, tanto física como mental. Es importante saber cuándo se crea, cómo prevenirla y llegado el caso, cómo remediarlo.

Ciertas situaciones que se dan en el ámbito del trabajo, pueden afectar la salud a nivel físico, psíquico y social.
Las fuentes de estrés en el ambiente laboral pueden ser debido a la incongruencia en la conducta gerencial, la amenaza de despidos masivos, el cambio de jefe, comunicación deficiente, cambios constantes en los procesos de trabajo, falta de control en las cargas de trabajo, falta de claridad respecto a las expectativas del puesto, sistemas de reconocimiento inadecuados, falta de apoyo del jefe, forma de implementar el cambio en la organización, y las relaciones interpersonales deficientes, entre otros tantos ejemplos de las situaciones capaces de generar un malestar en el trabajador y en su desempeño habitual.

Independientemente de las situaciones que se enfrenten, cada persona posee una tolerancia al estrés y las formas de reaccionar varían en cada individuo según su personalidad y carácter.
Las consecuencias se dejan percibir en distintos planos y en niveles diferentes. En lo referido al plano físico, se produce una activación general del organismo cuyo mantenimiento va desgastando los órganos del cuerpo y provocando úlceras, hipertensión arterial, alteraciones en el tránsito intestinal y gastrointestinal. También puede producir enfermedades coronarias.

En lo referido a lo psíquico, el estrés actúa como desencadenante de crisis de pánico o de trastornos depresivos y, además, el estrés crónico es casi sinónimo de depresión, porque lleva a la apatía, a la falta de impulso para hacer cosas, produce fobias, agotamiento, contracturas musculares que van de la mano con las cefaleas, sensación de tensión permanente, alteraciones en el sueño, y otras sintomatologías similares.
En el plano social, se produce una disminución en el rendimiento específico a nivel laboral y un aumento de la irritabilidad que, junto con el agotamiento, lleva a conflictos vinculares: por ejemplo con la pareja, con el trabajo y fuera del mismo, irritabilidad, menos paciencia con los hijos y miembros de la familia.



Antes de llegar a la situación de tener que tratar esta patología, lo preferible es prevenir, ya que los trastornos que se detonan son a todo nivel, y provocan un desequilibrio general que da la sensación de perdida de control de la situación.

Para prevenir, o tratar, existen varios puntos a tener en cuenta contra el estrés laboral. Es preferible no consumir estimulantes como café, té ó gaseosa cola. Evitar la sobrecarga de estímulos. Buscar un tiempo de esparcimiento y como ideal, realizar actividad física para hacer una descarga del estrés: porque la persona puede estar activada mentalmente pero desactivada físicamente, para que el cansancio de la persona surja de algo más real. Para complementar, también puede entrenarse en técnicas de relajación y respiración que permiten controlar la activación de las personas frente a lo que se va viviendo, y con esto también intentar modificar el significado que la persona le da a las cosas que vive así como a su capacidad para hacer frente. Porque lo que estresa, más que la situación misma, es la forma en que la persona interpreta la situación y capacidad de dar respuesta.

Un estudio muestra que el síndrome de ‘Burnout’ (Quemado) afecta principalmente a médicos, profesores y estudiantes. Este estudio es el resultado de la investigación del psiquiatra Herbert Freundenberger en 1974, que aún hoy es considerado válido.

Los problemas que genera este síndrome son muchos y bastante comunes en los trabajadores; agotamiento progresivo, desmotivación por el trabajo y cambios repentinos del estado de ánimo con sentimientos de tristeza, pena, angustia, malestar psíquico, melancolía, pesimismo e insustancialidad.

Este subtipo de estrés se desarrolla especialmente en ámbitos laborales y genera una gran pérdida de dinero en empresas de todo el mundo debido al absentismo laboral y disminución de la producción.

El proceso de desarrollo es progresivo. Se comienza por un desborde del trabajo, lo que genera un gran estrés en la persona afectada y más tarde se genera tensión, fatiga, irritabilidad y nerviosismo, pero, finalmente se producen trastornos conductuales y problemas, tanto en el trabajo como en la familia.

Si bien esto es un gran problema en el ambiente laboral, debido a la velocidad y necesidad de rapidez a la hora de hacer las tareas, sólo las personas con mayor riesgo pueden llegar a tener el síndrome.
Los casos con más posibilidad de tener la “cabeza quemada”, según investigaciones, por la falta de estrategias de adaptación y enfrentamiento, son los jóvenes. Ellos son muy proclives a sufrir el síndrome, como así también personas con mucha sensibilidad emocional, autoexigentes, idealistas y perfeccionistas, que se dedican toda su energía al trabajo, gente que marca objetivos ambiciosos a corto plazo y personas que no disponen de estrategias de escape frente al trabajo. Las investigaciones determinaron, además, que el sexo femenino soporta mejor las circunstancias desfavorables.
Se determinó que los factores más frecuente en el contexto del empleo que generan problemas son; trabajar con disgusto, incomodidad tanto físicamente como ergonómicamente y aspectos internos de organización de la empresa.

Cuando el médico detecta a una de las personas afectadas por este síndrome, el diagnóstico puede ser tratado de dos formas: individualmente o grupalmente, aunque la mayoría de las veces se trata de forma individual. Hay diferentes formas de solucionar el problema. Las más generales, son las ya mencionadas que se vinculan a mejorar el estado físico a través de ejercicio, una correcta alimentación y la eliminación de hábitos autodestructivos. Los recursos fisiológicos sirven para achicar el malestar emocional y físico asociado el estrés, a través de técnicas de relajación.

Las técnicas cognitivas ayudan a reorganizar como se perciben las situaciones estresantes, a identificar y modificar pensamientos irracionales. Y la aplicación de tratamiento conductual trata de instruir para que la persona afectada manifieste sus sentimientos y, de esta manera, le trata de ayudar a identificar y solucionar problemas, y adecuar comportamientos y actitudes.

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