Autoestima en las aulas

El papel de los profesores es fundamental a la hora de consolidar un autoconcepto positivo en los más pequeños, que les facilite la seguridad y motivación necesarias para lograr un rendimiento académico adecuado. No estamos diciendo que con tener una buena autoestima se garantice un aprendizaje óptimo, puesto que hacen falta más factores, pero ayuda sobremanera. Es decir, que cuidar la estima del sí mismo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para el buen desempeño escolar.

Profesor explicando

El colegio no es sólo el escenario para el aprendizaje intelectual de los niños, sino que también asiste al desarrollo emocional y de la personalidad de los alumnos. El paso por las aulas tiene una gran repercusión sobre la autoestima de los estudiantes, es decir, sobre la valoración que hacen de sí mismos.
Por eso el papel de los profesores es fundamental a la hora de consolidar un autoconcepto positivo en los más pequeños, que les facilite la seguridad y motivación necesarias para lograr un rendimiento académico adecuado. No estamos diciendo que con tener una buena autoestima se garantice un aprendizaje óptimo, puesto que hacen falta más factores, pero ayuda sobremanera. Es decir, que cuidar la estima del sí mismo es una condición necesaria, aunque no suficiente, para el buen desempeño escolar.

Muchos docentes consideran todavía que la autoestima es un aspecto que tiene que ser trabajado únicamente por los orientadores pedagógicos, los psicólogos o los padres, pero lo cierto es que ellos son una figura más del engranaje afectivo y social de los alumnos, por lo que mucho de lo que digan o hagan va a influir no sólo en las notas, sino en el estado emocional de los niños.

Si bien es verdad que cuando el pequeño llega a la escuela, trae ya un determinado nivel de autoestima, que ha adquirido a lo largo de sus vivencias con padres, abuelos, amigos, etc., y no siempre es positiva.

Es ahí, donde el medio escolar puede contribuir a delimitar y definir su autovaloración inicial. Para lo cual, lo primero es saber detectar al estudiante con déficit de autoestima, quien puede manifestarlo en conductas y situaciones tales como:

  • Es muy exigente consigo mismo, con ideas distorsionadas del tipo ” equivocarme en un ejercicio es un error imperdonable, anula lo bueno que hice en el día de hoy, y me obliga a volver a empezar”. Tiene un temor excesivo a fracasar. El simple hecho de dudar o contestar mal a una pregunta que le formulen, es sinónimo de catástrofe. El miedo a no hacer las cosas bien le lleva a evitar situaciones de evaluación, prefiere decir ” no sé”.
  • Ansiedad al salir a la pizarra o hablar en público. Sus pensamientos giran en torno a “si me sale mal, todos pensarán que soy muy torpe, todo el mundo está mirándome”. Puede experimentar bloqueos o la sensación de tener la mente en blanco ante pruebas y exámenes, llegando a aumentar su tasa cardiaca, sudoración, tensión muscular exacerbada, etc.
  • Es muy sensible a la crítica, por lo que su reacción emocional ante una llamada de atención puede ser desmesurada. Tiende a hacer sus propias interpretaciones de lo que ha oído, y suele encontrar intenciones ocultas y erróneas en lo que los demás dicen o hacen (“dijo que podía haber hecho mejor el examen, pero lo que quería decir en realidad es que soy tonto”).
  • Descalificación de lo positivo. Transforma las experiencias positivas o neutras en negativas. Interpreta los acontecimientos positivos que le suceden como una casualidad, y los negativos como un castigo merecido. Tiene un bajo concepto de sí mismo, y desconfía de los halagos o alabanzas, intentando quitar valor a sus méritos o logros y atribuyéndolos a la casualidad.
  • Evalúa las situaciones y las actuaciones de forma extremista, en términos absolutos de buenas o malas, blancas o negras, sin considerar que existe una amplia variedad de posibilidades intermedias. Entiende por ejemplo que si sus compañeros no le han hablado hoy, es porque no le aprecian, sin considerar otras razones por las que pueda haber pasado.
  • Adivina en negativo. Suele leer la mente de sus interlocutores (“sabe” que los demás están pensando mal de él, sin tener ninguna evidencia)o espera que las cosas salgan mal.

¿Qué pueden hacer los educadores para no dañar la autoestima de sus alumnos, o para elevar el su concepto de sí mismos, cuando estos muestran una autopercepción baja o negativa?
Mucho, dado que todas las situaciones de aprendizaje de un ser humano son oportunidades de crecimiento y de adquirir seguridad y confianza en sí mismo, siempre que cuente con figuras de apoyo que desdramaticen sus fallos y refuercen los logros.

  • Llamarle por su nombre siempre. Evitar dirigirse a él como “el de la última fila, el del jersey rojo” o ” a ver tú mismo”, etc.
  • Evaluar su rendimiento con la mayor concreción posible (“hoy has hecho esto”…..) en vez de utilizar términos como “siempre, nunca, todo o nada”.
  • Comparar su evolución en función de su línea base y su propio desempeño, no con respecto a otros compañeros..
  • Premiarle o alabarle los logros o cualquier aproximación al objetivo final, por pequeños que sean.
  • Reconocerle los esfuerzos que realice, no sólo el éxito. La idea es enseñarle a autogratificarse y a motivarse para conseguir llegar a una meta sin abandonar ante la demora de la recompensa. También se le estará transmitiendo que no es tan importante llegar al diez, como implicarse en cada una de los fines a corto plazo que se marque.
  • Colaborar con él para que se fije propósitos alcanzables, y lo más concretos posibles de acuerdo a sus capacidades y sus características personales.
  • Prestarle la máxima atención y el interés posible mientras habla, pedirle aclaraciones tantas veces como sea necesario, y repetir frases que él mismo ha dicho para garantizarle que se le comprende. La clave es que se sienta escuchado.
  • A la hora de hacerle una corrección, criticar el hecho en sí, pero nunca al niño. En primer lugar porque no eliminaría la conducta inadecuada, y en segundo lugar porque lo único que se consigue con eso es proporcionarle al niño una etiqueta demasiado general, a partir de la cual se sentiría incompetente en muchas más cosas de las que en ese momento se señalan.
  • No censurarle delante del resto de alumnos, eso le hace sentir evidenciado, y estar más atento a lo que piensan los demás de él, que a la conducta o ejercicio incorrecto a modificar. Es preferible reservar estas correcciones para una tutoría individual, los minutos finales de la clase o los descansos.

    Foto: darkjupa

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