Aprovecha tus desventajas competitivas

Artículo de opinión y consejos sobre el techo de cristal que algunas empresas imponen a las mujeres en su acceso al empleo.

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A la hora de competir por una oferta de empleo nos postulamos sabedores de nuestras ventajas y desventajas competitivas, solemos hacer gran hincapié en las que consideramos nuestras fortalezas y las remarcamos con negrita y subrayados en nuestro currículum vitae, esperando que se les preste especial importancia.

Allí cargamos de datos tales como: Dominio de herramientas informáticas, Manejo de entorno X, Experiencia comprobable, Disponibilidad full time y hasta: domicilio particular próximo al laboral.

Pero a la hora de rellenar con sinceridad los formularios de búsqueda, solemos «omitir» ciertos datos que preferimos no se conozcan, al menos en la primera lectura, para darnos oportunidad a quedar entre los preseleccionados y tener una posibilidad más real de acceder a un puesto de trabajo.

Los datos que «omitimos» con frecuencia son: la edad -cuando somos mayores de 40-, si se tienen hijos -sobre todo cuando es una mujer la aspirante- y, si se pudiera evitar, esconderíamos, en muchas ocasiones, nuestro género -sobre todo cuando se trata de una mujer- para sentirnos evaluadas con imparcialidad.

Sin duda, estos tres datos pueden ser desventajas competitivas en una postulación de, por ejemplo, una mujer mayor de 40 y con hijos que se presenta para un cargo jerárquico en una empresa X.

Rellenas la solicitud y te diriges a la cola para entregar tu Curriculum Vitae; allí descubres que la misma está sobrepoblada de señoritas de 20 con largas piernas y uñas prolijamente esmaltadas, sientes ganas de dar media vuelta, pero ¡No te desanimes!

Puedes sacar provecho de aquéllas desventajas que creen te dejarán sin el cargo al que aspiras.

Antes que nada, valora tu conocimientos, tu experiencia laboral y tus condiciones socio-culturales; una jovencita de 20 no podría tener la experiencia que tú has logrado en el mismo tiempo en que ella lleva vivido.

Pero además de la edad, el género puede ser una gran desventaja competitiva y lo vemos cada día: los trenes abarrotados de hombres con portafolios y teléfonos móviles al rojo vivo, ardiendo de negocios importantes; mientras que las tiendas, supermercados y escuelas en el mismo horario aparecen sobrepobladas de mujeres que se ocupan de proveer al hogar, dejar a los niños en sus rutinas diarias y hacer otros trámites domésticos.

Es por estas postales cotidianas y el aún presente «machismo laboral» que ser mujer al momento de aspirar a un puesto gerencial dentro de una empresa muy bien jerarquizada es una desventaja competitiva.



Aún en el supuesto caso de que se midieran las capacidades y conocimientos de un candidato masculino y uno femenino y sea la mujer quien obtenga la mejor calificación, difícilmente sea quien logre acceder al cargo. Máxime si la empresa en cuestión está dedicada a «empleos masculinos» como el de la construcción o venta de automóviles.

Y es que aún no podemos desprendernos del estereotipo de gerente y suponemos es un hombre adulto que viste traje y juega tenis en sus momentos de ocio mientras una secretaria, sentada al costado de la cancha, toma nota de los llamados que recibe en el móvil del jefe.

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A esta limitación impuesta por las organizaciones a las mujeres se le ha denominado «Techo de Cristal» (o Glass Ceiling) y se describen como un conjunto de barreras transparentes que suelen impedir el acceso de las mujeres a puestos de alta jerarquía: se puede ver y aspirar hacia arriba, pero no se puede ascender.

La consultora Catalyst, especializada en mangement femenino, ha identificado una serie de barreras comunes en las organizaciones donde existe el «Techo de Cristal» siendo la primera y más fuerte los estereotipos y preconceptos acerca de la «limitación de habilidades» de que son víctimas las mujeres a la hora de hacer negocios. Falso, claro, pero tan arraigado que difícilmente se logra romper con este pensamiento tradicionalista.

En las grandes compañías, sobre todo en las multinacionales se da cierta aversión a correr el riesgo de depositar grandes responsabilidades en manos de una mujer; cómo si algo pudiera asegurarles que los hombres son infalibles para el éxito y las mujeres para el fracaso.

La tercer limitación a que nos enfrentamos las mujeres y que sentimos en carne propia cuando buscamos capacitarnos es la falta de planeamiento de carrera en mujeres ejecutivas. No contamos con herramientas ni apoyo dentro o fuera de una organización, incluso en el mismo Estado, para poder planificar una carrera profesional exitosa y llevarla a cabo.

El momento de los prejuicios hace su aparición como uno de los componentes del techo de cristal y es que, si hablamos de una mujer dentro de una gran empresa u organización, el imaginario nos lleva a visualizarla cumpliendo labores secundarias, para ser más precisos, de Secretaría ejecutiva.

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Finalmente, en un ámbito enormemente masculinizado, una mujer dentro de un circuito profesional donde abundan los hombres en cargos importantes, suele quedar fuera de los circuitos de comunicación informal; no se la participa de reuniones fuera del trabajo ni se le admite confraternizar con sus compañeros sin que exista la sospecha de que «está flirteando con el jefe».

El «Techo de cristal» existe, pero no lo vemos. Simplemente lo sentimos al momento de querer subir los peldaños organizacionales, pero recuerda que los fundamentos de todas las barreras están construidos sobre supuestos culturales, mitos y prejuicios falsos.

Así es que, si estás por enfrentar una candidatura a gerente recuerda que una mujer es una administradora por excelencia, capaz de sumar a sus conocimientos profesionales y experiencia laboral la intuición necesaria para la concreción de buenos negocios.

Además, una mujer gerente hace empatía con mayor facilidad para lograr de su equipo de trabajo el mejor rendimiento, con la sola utilización de una sonrisa, ¿o acaso podría alguien negarse al pedido cordial de una dama que nos solicita que nos quedemos después de hora para acabar un informe?

¿Tienes hijos? Otra desventaja competitiva. El saber popular nos ilustra sobre la cantidad de veces que los niños se enferman y, todo nos hace pensar que, por esa razón, las madres faltan a sus trabajos.

Si tenemos en cuenta que el porcentaje de absentismo disminuye a medida que se asciende en la escala jerárquica, nada indica que un hombre pueda lograr un mayor control de sus responsabilidades laborales que una mujer.

Se estima que los directivos faltan a su trabajo la mitad de lo que lo hacen el conjunto del resto de trabajadores, sólo un 2,1%. Si una mujer fuera gerente, sin dudas tendría personal doméstico a quien encargar el cuidado de los niños para cuando estén enfermos y así poder ajustarse a las estadísticas que no discrimina entre hombres y mujeres.

Así, puedes lograr que las creías eran condiciones para no quedar seleccionada, se vuelvan a tu favor y te permitan acceder a un cargo que creías reservado para los hombres.

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