Despedida por una cuestión de pecho

El tamaño de los pechos como motivo de despido

¿Dónde está el límite entre vestir de un modo adecuado en el trabajo y la discriminación? Quizás ahora mismo estáis pensando que qué tienen que ver las peras con las manzanas, pero para Laura Odens la combinación de ambas cosas ha sido motivo de despido. Esta joven de New Jersey (Estados Unidos), de 29 años, se quedó sin trabajo porque, según sus superiores, la ropa que llevaba dejaba entrever demasiado su voluminoso busto y eso era una “distracción” para los demás empleados.

Todo comenzó dos días después de que empezara a trabajar en las oficinas de una cadena de tiendas de lencería, Native Intimates, regentada por judíos ortodoxos. Según declaró Odens para ABC News, al ser contratada preguntó si había algún código de vestuario para trabajar en el lugar. La respuesta fue que mirara a su alrededor y observara cómo vestía cada uno. Tras hacerlo, decidió vestir “ropa casual y deportiva”, afirma.

Pero no fue suficiente. Su supervisora la llamó enseguida para sugerirle que controlara su vestuario, pues el tamaño de sus pechos estaba distrayendo a sus compañeros. Odens se ofreció a ir al trabajo con unos pantalones negros y una camiseta gris, pero tampoco bastó. “Cuando mi supervisora me sugirió que me aplastara mis pechos, le pregunté que si estaba bromeando. Entonces, se acercó a un armario y sacó una bata de color rojo brillante, decorada con imágenes de guitarras”.

La supervisora de Odens le sugirió trabajar con la bata puesta todo el día. “Me sentí completamente humillada”. Tras el bochorno y la mofa por parte de sus compañeros,  le dio permiso para salir a comprarse un jersey que le llegara “hasta los tobillos”. Aquello ya era demasiado, pero después de estar un buen rato llorando en el baño, decidió acceder y comprarse la citada prenda. Pero ya era tarde. Antes de que terminara la jornada, los supervisores llamaban a Odens para comunicarle su despido.

Aunque la protagonista de esta historia parece haberla sufrido de lo lindo, ha marchado por la puerta grande y con ganas de revancha. Ha demandado a la empresa por discriminación sexual y religiosa, y ha conseguido una notable atención mediática. Prueba de ello es que estemos hablando de su caso hoy aquí.

Lo sufrido por Laura Odens es vergonzoso, y ni conocer la versión de sus superiores les salvaría del linchamiento público. Sin embargo, su caso nos ayuda a reabrir el debate que hemos planteado al principio a modo de pregunta. ¿Hasta qué punto pueden nuestros superiores condicionar nuestra forma de vestir? ¿Dónde está la frontera entre lo protocolario y el coartar la libertad individual?

Fuentes: La Vanguardia, El Mundo, El Periódico.

Foto: Rileyroxx en Flickr.com.

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