Miedo a hablar en público

El temor a hablar en público es muy frecuente, pero saber superarlo es indispensable para llegar a los objetivos. Con confianza y preparación se podrá hacerlo para superar el temor a exponerse.

El temor oratorio o la inhibición al momento de expresarse en público, surge cuando invaden preguntas acerca de la presencia, la aceptación o no de receptor, el mensaje a transmitir y la preparación del mismo. En realidad la falta de conciencia y de comprensión de la propia fisiología, psicología y naturaleza esencial, lleva a sufrir esa angustia.
Lo ideal es pasarlo, no angustiarse, porque es una circunstancia común y muchos lo padecen al enfrentarse a una situación de estas características. El miedo es provocado por una situación de estrés, que se debe entender como una motivación para cumplir los objetivos. Es un motor, una fuerza positiva imprescindible para generar cambios beneficiosos. Está comprobado que quienes sintieron nervios previos a una exposición; ya sea en una entrevista, examen, u otra situación de exposición o evaluación, actuaron mejor debido a que su mente y cuerpo quedaron tonificados por las sustancias secretadas.

Hay que saber que no todo lo relativo al temor es malo; lo positivo del temor es que nos permite estar en alerta contra aquello que nos intimida y previene de situaciones que se quieren evitar, preparándose para enfrentarlas.

Sin embargo, cuando el temor es un impedimento para realizar buenos propósitos, se vuelve negativo y es preciso aprender a superar y sobrellevar. Generalmente, lo que atormenta es el riesgo de pasar por algo engorroso en un escenario, ya que nadie quiere correrlo, incluso las personas con experiencia en el tema.
Las causas suelen estar vinculadas a la timidez, al nerviosismo excesivo y a un complejo de inferioridad pasajero o estable. Todas estas reacciones son comunes ante una situación que resulta infrecuente en la vida cotidiana; porque es natural poseer un temor si nunca se habla en público o sólo se hace ocasionalmente. Otra alternativa en la cual radica el miedo a expresarse, se vincula al desconocimiento del tema a disertar; sencillamente porque no se puede tener claridad de expresión en un tema descocido, lo que ocasionará desconfianza en uno mismo y en el desempeño.



La situación nerviosa puede resultar visible, por lo que al ser notorio por el receptor, sólo se conseguirá el aumento de la atención y de la presión. Existes algunas manifestaciones comunes, que se presentan en mayor o menor medida ante estas situaciones: sudoración excesiva, temblor en las extremidades, se traba la lengua, vacíos en el cerebro –lagunas-, turbación, enrojecimiento del rostro y sentimiento de vergüenza.

Una vez que se logra tener conciencia de que el miedo existe y que hay que controlarlo, lo mejor fomentar la tranquilidad, para ello, lo dominante es realizar una autosugestión positiva, pensando en las ventajas que se van a conseguir hablando en público. Es importante tener un ideal oratorio o una motivación; para vencer la timidez, para conseguir un nuevo empleo, para generar un consenso, para llegar al receptor, para ser líder, se destacan entre las opciones posibles de lo beneficios o de los frutos que se obtendrán concluyendo de manera exitosa.

Una primera solución es la práctica sistemática de ejercicios de relajación y respiración profunda, para esto, se sugiere distenderse y relajarse previo a la disertación a realizar. Los ejercicios más recomendados son la rotación de cuello y de hombros con simultáneos ejercicios de respiración abdominal. Mientras se efectúan estas prácticas, hay que mentalizarse positivamente con actitudes de ansia por comunicar o deseo por combatir y por hablar a favor de una causa.

Para superar la situación, lo ideal es elegir un tema de fácil exposición, con el cual se cuente de mucha información y se sienta atracción, a pesar de conocer con exactitud lo que se intenta transmitir, se debe preparar el discurso.

La presencia también es fundamental, ya que una postura firme y un caminar erguido, adjudicarán la seguridad y naturalidad exigidas para que los nervios no traicionen en el momento menos indicado. No es conveniente atormentarse con los posibles desenlaces poco felices del discurso, ya que de nada sirve imaginar situaciones hipotéticas en las cuales todo fracasa. Eso sólo sumará nervios y tensión.

Es primordial saber que no se puede pretender agradar a todos porque es imposible satisfacer las expectativas de cada asistente. Así que si luego de exponer, se recibe una devolución que no es la esperada, no hay que desanimarse, sino saber y concientizar de antemano que no hay forma de satisfacer a todos por igual y que muchos tendrán una opinión que quizás no sea la que más nos agrade, pero hay que respetarla. En caso de que se trate de una crítica constructiva, tomarla de forma tal que resulte ser un aporte para el crecimiento personal y no como un obstáculo o una agresión.
Durante la disertación, puede ser un recurso útil hacer preguntas, e interrogar al oratorio con algo que les interese, para superar el sentimiento de soledad y relajarse, además, este intercambio ayuda a que se perciba la realidad de forma más sensible, lo que permite concientizarse de mejor manera al mundo que lo rodea y otorga la posibilidad de entender el espíritu del auditorio.

Llegar a desenvolverse sin inhibiciones es cuestión de práctica, para ello es ventajoso aprovechar cualquier oportunidad para hablar en público, claro que para hacerlo es necesario tener algo que decir y siempre ganar el derecho a hablar preparando el tema con interés y compromiso. Para lograrlo, hay que digerirlo y exponerlo tantas veces como sea necesario, ya que con cada exposición se reajusta el discurso, se elimina lo que está de más y se pule el lenguaje. Una vez que se consigue que el discurso ya forme parte de nosotros, podemos presentarlo ante cualquier auditorio sin temor a eventualidades ni riesgo a que venzan los nervios.

El otro extremo, en la oratoria profesional, es la intrepidez que es contraproducente y hasta revela cierto signo de necedad o impericia y quien revele que no está nervioso, muy probablemente esté mintiendo.

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