Los mileuristas, el síndrome de Peter Pan y la cultura española.

Ángel María proponía a través de su blog un tema que ya huele bastante y que el Estudio de la Fundación BBVA sobre los universitarios españoles se encargaba de cuantificar. Da miedo pensar que el 40,1% de los estudiantes quieran trabajar en la administración pública como opción de futuro. Más que nada porque imagino que no habrá plaza para todos y que las expectativas de futuro están por encima de la cruda realidad sociolaboral que este país atraviesa.

mileurista.jpgMe explico de otra manera, el principal problema del mercado laboral español es el insuficiente volumen de trabajo. La población parada alcanzaba en 2.005 la cifra de 1.841.300 personas, de las que más de un millón de personas eran mujeres.
Esto se traslada en los procesos de selección de personal en situaciones trasnochadas dignas de alguna película de los hermanos Marx. Se exigen idiomas en puestos de administrativo en los que no es necesario casi saber español y nivel universitario para ser comercial de una inmobiliaria. El mercado sabe de la existencia de una gran demanda y se ve forzado a rechazar “curricula” válida con vacuos pretextos de planes de carrera en la empresa a la vez que aprovecha la situación para proponer salarios mileuristas.

Y aquí aparece el problema que de manera magistral identifica el sociólogo Enrique Gil Calvo: “Con estos jóvenes se crearon unas lógicas expectativas. La generación anterior, la mía y la de mis hermanos menores (yo nací en el 46), creció con las vacas gordas, pudo cumplir el sueño de matar al padre, esto es, de superarlo en todo: mejor casa que los padres, mejores trabajos… Pero para estos mileuristas, que han tenido, paradójicamente, mejores oportunidades en forma de estudio, el futuro no estaba donde debía estar”.
Digo yo que estamos ante un problema de expectativas. Existe toda una generación que creció con la falsa idea de que una carrera universitaria abría las puertas del éxito económico. Y esto es algo que ha resultado ser totalmente falso. El mileurista seguirá intentando escalar a nivel social mediante nuevos cursos de postgrado, masters de toda índole y condición o empezando una segunda carrera universitaria. Con esto consigue trepar en un escalafón de lo absurdo ya que en la mayoría de las ocasiones tendrá que “conformarse” con un puesto de administrativo o teleoperador.

060520165833.jpgAparece aquí el segundo síntoma de la enfermedad del joven mileurista: el problema de la emancipación. Resulta del todo imposible que sus padres disfruten del conocido síndrome del nido vacío. Con los contratos temporales es improbable que a uno le concedan una hipoteca y el nivel de vida del que uno podría disfrutar en caso de dársela sería un paso atrás en su bienestar personal y familiar. La solución está en seguir viviendo en casa. Como consecuencia de esto surge el síndrome de Peter Pan, que consiste precisamente en no querer crecer. Las tareas de casa suelen estar hechas y el sustento está garantizado, como dice Javier Ruiz Castillo (catedrático de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid) los jóvenes “eran, y son, los reyes del mambo, e independizarse implica perder mucho”. A uno no le queda más remedio que agarrarse al clavo ardiendo de la eterna “formación por si…” Ellos quieren trabajar en la administración pública, no porque tengan una vocación de servicio público sino porque les han dicho que es un trabajo seguro en el que van a cobrar una pasta sin esforzarse (la gran falacia del funcionariado en España).

mis_003.jpgVarsavsky, con el que no comparto muchas de sus ideas pero al que admiro y leo muy a menudo colocaba el tercer clavo del Cristo que estamos montando. Aunque lanzaba en su artículo el cuchillo contra la educación tengo que decir que ésta no es sino el reflejo de la cultura. Una cultura de enseñantes donde prima la “enseña” es decir, la apariencia y ese “el profe sabe y el alumno no”. Una enseñanza donde el pragmatismo no tiene la menor importancia… ¿para qué quiere alguien conocer las implicaciones prácticas de una determinada teoría? ¿alguno de los mileuristas ha puesto a prueba todos esos conocimientos que grabó en su memoria a corto plazo para aprobar un exámen escrito en el que demostrar su prodigiosa memoria? Más de uno se echaría las manos a la cabeza al descubrir que la mayor parte de lo que ha estudiado no sirve para nada.
De todas formas, para aprobar una oposición puntúan positivamente aspectos como saberse toda una legislación de memoria, recitar el examen ante un tribunal y acatar las oportunas correcciones de aquellos que están por encima de ti. A ese 40,1% que quieren estudian la carrera para opositar el sistema educativo les beneficia.

El problema lo tenemos los emprendedores, con las ideas y el esfuerzo del 12,4% de los que ahora están estudiando habrá que mantener al 81,6% restante de la población activa. Me explico, los que trabajan en el sector privado lo hacen gracias a proyectos de emprendedores (aunque algunos hayan “digievolucionado” a la forma de titánica multinacional) y los funcionarios que funcionan (no todos lo hacen) cobran del dinero de los impuestos que pagan entre los dos grupos anteriores. En definitiva, no me salen las cuentas y existe toda una generación instalada en la tesis del “que me den”: que me den un título, que me den un trabajo, que me den una casa…

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