El ascenso del trepa

El trepa

El deseo de superación y cierta dosis de ambición son ingredientes indispensables para desarrollar una carrera profesional de éxito. Como ya comentábamos en un artículo anterior, no se concibe que un buen emprendedor sea una persona conformista y con poca motivación. Fijarse metas y poner toda la carne en el asador para lograrlo es la gasolina que mueve al empleado eficaz. Pero, volvemos a la eterna cuestión de “¿el fin justifica los medios?”.

Pues parece ser que para determinados trabajadores la respuesta es afirmativa. Con las ganas de ascender y de poder, acaban justificando lo de “pase lo que pase” y “pese a quien pese”, obsesionándose con conseguir sus objetivos, aunque tengan que ir perjudicando a algunos compañeros por el camino, porque para el que está ávido de conquista unos cuantos pisotones son gajes del oficio.

Estamos hablando del empleado trepa, quien se sirve de todo tipo de artimañas para desbancar a todos aquellos que sean buenos rivales a la hora de competir por un nuevo puesto o un ascenso. Para ello, hace uso de uno de los instrumentos más rápidos y contaminantes de las empresas: el rumor. Sabe cómo propagar sutilmente las flaquezas de sus oponentes, de tal forma que se distorsionen, extiendan y magnifiquen, como una bola de nieve que va ganando peso conforme aumenta sus capas. Es experto en crear malentendidos, y en ofrecerse a hacer falsos favores a los jefes informándoles de los problemas que generan algunos de sus compañeros, siempre con la frase hipócrita de “no es por malmeter, pero la compañía está perdiendo con Fulanito porque…”


La actuación de este lobo con piel de cordero no se limita a ocasiones puntuales, está constantemente elaborando su trama. Entre sus características más significativas podemos encontrar:

  • Se atribuye las ideas y logros de los demás, narrándolos en primera persona como si hubieran partido de él. Sin embargo, no tiene reparos para señalar con el dedo a otro cuando los jefes piden responsabilidades al equipo por algún error.
  • Todas sus relaciones sociales en el mundo laboral se mueven únicamente por interés, adulando especialmente a los mandos superiores.
  • Nunca se reconoce como “un trepa”, y aunque es difícil dejarle en evidencia, con el tiempo el resto de trabajadores tiende a evitarle y se niega a compartir datos personales con él.
  • Procura no trabajar demasiado y asegurarse de que parezca lo contrario, dándose golpes de pecho cada vez que hace algún esfuerzo. Sólo llega a escaquearse de alguna tarea si está plenamente convencido de que no va a ser visto.
  • Esta figura emerge con más frecuencia en empresas precarias en cuanto a organización, con pocos puestos para directivos y muchos empleados que pujan y empujan para ascender. Existen compañías que son el caldo de cultivo perfecto, puesto que los mismos jefes promueven este tipo de conductas entre sus empleados, pensando que así les motivan y mejora la producción, cuando está demostrado que más bien ocurre lo contrario. De hecho, esta clase de personas dañan el buen ambiente laboral, haciendo que haya tensiones, disminuya la efectividad en el trabajo y aumente el absentismo laboral.
  • En apariencia se caracteriza por ser dócil, e incluso amable (ofreciéndose a hacer favores), pero detrás de esos comportamientos afables esconde el provecho que pueda obtener. Es inseguro, dependiente, desconfiado, egocéntrico y con una alta necesidad de aprobación. Por eso, lo pasa realmente mal cuando no es el centro de atención o alguien destaca laboralmente más que él.
  • Existen varios tipos: los que veneran el dinero; los que hacen del “trepismo” su particular venganza por los contratos basura que han tenido que soportar durante años; los que depositan toda su autoestima en su estatus laboral, porque han anulado el resto de sus facetas personales, etc.

Sabe cómo camuflarse bajo su sonrisa, y no siempre es posible desenmascararle en público, por lo que sus efectos pueden llegar a ser devastadores para las los empleados víctimas de su ambición. Pero ¿hay algo qué se pueda hacer para sobrevivir a sus tretas?:

  • Lo primero es observarle desde la distancia, eso no significa que haya que espiarle continuamente, tan sólo implica empezar a contemplar sus comportamientos, conseguir pruebas si es posible, y sobre todo dejar de suministrarle cualquier información relevante o personal.
  • No es recomendable confrontar con él directamente, pues lo negará. Es mejor comenzar a cuestionar con discreción los comentarios que haga, y desde luego no concederles credibilidad alguna sin contrastar con otras fuentes previamente.
  • Ante sus ataques y rumores es conveniente responder con humor y desdramatización, lo que contribuirá a desmontar las manipulaciones que utiliza a través de los mensajes a terceros.
  • Intentar relacionarse y comunicarse con él delante de testigos y otros compañeros que puedan acreditar lo que realmente se ha hablado, incluso tomando notas de ello si fuera pertinente.
  • Cuando “el trepa” forma parte del propio equipo de trabajo, es bueno que se le asignen algunas tareas individuales, en las que se haga necesariamente una evaluación personalizada para valorar específicamente la competencia de cada uno de los integrantes. Esto hará evidente al grupo y a los superiores su actitud de subirse al carro de los compañeros.
  • En el caso de que él sea el propio jefe o un superior, hay que ampliar, dentro de lo posible, el número de interlocutores con los que podamos dar a conocer nuestros objetivos, proyectos y soluciones, con el ánimo de clarificar el origen de los logros laborales y la procedencia del esfuerzo.
  • Por otro lado, no olvidemos que no se puede desmantelar toda su trama en dos días, por lo que mientras dure habrá que contar con momentos de ocio, actividades de relajación fuera del trabajo, y fomentar las relaciones sanas y positivas que se han creado dentro del entorno laboral.
  • En ocasiones, a pesar de que sus víctimas ponen en marcha todos estos recursos de afrontamiento, “el trepa” logra encaramarse a la escalera, tirando por tierra la dignidad profesional y personal de los le observan impotentes. Llegado a ese punto, no son pocos los que se plantean un cambio de trabajo.

Foto: Angel_SinClaudicar

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