Principales hábitos de estudio

Algunos son tópicos, pero para otros hemos querido romper tópicos. Porque el mejor horario o el mejor lugar no es algo que puedan decidir por nosotros. Estas cosas nacen de la personalidad y de las dinámicas de cada uno, y la única manera de hacer productiva una jornada de estudio es hacerla lo menos aburrida y estereotipada posible. Busca tus propios hábitos, que nadie te los imponga.

No todo el mundo sirve para estudiar en la biblioteca

Cada vez que alguien habla de hábitos de estudio parece hacerlo desde las estadísticas y los tópicos, sin pararse a pensar cuales son los factores que más afectan a un estudiante. Y es que en muchos casos los que redactan estos consejos recuerdan su vida estudiantil como algo lejano. Hoy queremos enfocar el tema desde un punto de vista distinto, remediando aquello que nos desconcentra en lugar de limitarnos a dar soluciones inconexas. Porque fuimos y somos estudiantes y nos encontramos día a día en esta situación.

Ambiente adecuado. No se trata de ir siempre a la biblioteca, pues hay quien se agobia más allí que en su propia casa. Se trata de tener los recursos y el espacio adecuado; de encontrar nuestro lugar idóneo. En verano he llegado a estudiar en el balcón, y me resultaba muy productivo. Cada persona debe encontrar su lugar, como si de algo místico se tratara, y no obligarse a estudiar en otro sitio. Ni que sea el pensado para ello.

Sobre horarios no hay nada escrito. Este es más complicado de aplicar en el caso de niños y adolescentes, aunque es perfectamente y válido siempre que no rompa su monotonía diária. Hay quien asume su máximo nivel de concentración madrugando, y hay quien lo asume quedándose despierto hasta las tantas. Hay quien prefiere estudiar después de comer. Que se dejen de historias los presuntos expertos: no hay nada malo en buscar nuestro propio momento. Siempre y cuando, eso sí, durmamos las horas adecuadas y llevemos una buena alimentación (no es cuestión de lechuguita y leche de soja; sino de no llenarse en exceso y optar por cosas ligeras y nutritivas).


Cuidado con los descansos. Un descanso cada una o dos horas es recomendable. El problema es que son tan golosos que a veces se convierten en eternos. Y después de alargar nuestra distracción, sobre todo si disponemos de poco tiempo, nos entran los agobios. Esto ya es cosa de voluntad. Ponerse una alarma en el móvil o buscar distracciones de tiempo limitado (por ejemplo, una serie de televisión que dure media hora, etc). pueden ser remedios válidos. Internat y las llamadas a amigos, en cambio, suelen dar más problemas.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Si bien es cierto que hay gente que funciona bajo presión, ésta no es una buena aliada. Empezar a estudiar un tiempo antes nos ayuda a organizar la mente. Por mucho temario que seamos capaces de memorizar las horas previas a la evaluación, jamás tendremos un esquema mental tan claro como haciéndolo con tiempo. Haber dormido poco, tener un mal día o un simple dolor de cabeza puede dejarnos la mente en blanco durante el examen. Pero, ¿cómo conseguir concentrarse con antelación, sin que la presión nos obligue? El siguiente punto quizás ayude.

El maravilloso mundo de los esquemas y los resúmenes. Esto es como todo. Cada uno lo hace a su manera y, una vez se aprende la técnica de cómo llevarlos a cabo, la libertad es absoluta. Si dedicamos los días muy previos al examen a preparar resúmenes y esquemas, será más difícil que nos distraigamos y tendremos un material valiosísimo cuando la fecha se acerque. Además, como son labores escritas, impiden rehuir cuestiones o autoengañarnos. Del mismo modo, facilitan el ponerse metas diárias.

La constancia es clave. A veces cuesta muchísimo, porque algunas asignaturas son muy aburridas. En ese caso, nos ayudará mirarnos al menos el temario cada uno o dos días y cumplir con las labores que se encargan durante el curso, por opcionales que sean.  Dicho de otro modo, y a niveles más bajos, hacer los deberes e ir a clase. ¿Sabes la de horas y horas de estudio que te ahorra? Muchas más de las que te imaginas. A menudo bastará con un repaso de una tarde para aprobar un examen que, de otro modo, nos hubiera llevado días.

Estos son los esenciales, aunque luego se podrían añadir varios. Esperamos que os sean muy útiles. Recordad que nada es malo si os funciona, excepto todo aquello que nace de la despreocupación. Porque que os funcione estudiar a prisas, el día antes y seleccionando por intuición aquello más probable de ser preguntado es cuestión de azar, no de talento ni de hábitos. Cualquier día os fallará, tarde o temprano.

Foto: Library visitor por umjanedoan en Flickr.com.

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