Juegos para aprender a dividir

La división es la operación aritmética más complicada y la que los niños aprenden más tarde. Sin embargo, fomentarla es tan fácil como hacérsela entender a los niños. Dividir es comprobar cuantas veces cabe un número dentro de otro, y para comprobarlo sólo hay que invitar a los niños a que repartan cosas. Cartas, caramelos o incluso a ellos mismos.

Invítale a repartirlos entre sus amigos. ¿Cuántos tocan a cada uno?

Anteriormente os propusimos juegos y recursos para enseñar a sumar, restar y multiplicar. Hoy es el turno de la cuarta operación aritmética: la división. Es la que los niños aprenden más tarde, pues también es la más complicada y la que trae más dolores de cabeza. Sobre todo cuando empiezan a añadirse cifras y más cifras. Por ello es importante que los niños asimilen desde un principio en qué consiste el proceso. Aprender las cosas con un simple “porque sí” jamás fue agradecido y, además, complica las cosas en el caso de esta operación.

Todos los juegos que tienen que ver con la división giran alrededor de una premisa: cuántas veces cabe un número dentro de otro. De entrada, entonces, es muy fácil de explicar. La división es reparto y está presente en todo lo que repartimos. Podemos, pues, aprovechar cualquier acción relacionada con el reparto para hacer reflexionar al niño sobre ello. Una partida de cartas, pues las cartas se reparten. Compartir galletas o caramelos con los compañeros y darles la misma cantidad a cada uno de ellos. La lista de opciones es larguísima. Una vez el niño haya repartido los elementos en cuestión, le demostraremos mediante la operación que el resultado es el mismo que el que él ha comprobado de una forma tan sencilla.

De la versatilidad de este método deriva uno de los juegos tradicionales de infancia: hacer grupos. Proponemos a los niños que vaguen por una habitación al ritmo de alguna melodía. De repente, paramos la música y les instamos a hacer grupos de un número determinado de miembros. La reflexión posterior sobre porqué uno o varios se quedan sin grupo, etc. es esencial para que sea efectivo.

Una vez entendido el mecanismo, podemos empezar a complicar la cuestión. Existen varios métodos para hacer comprensible al niño el acto en sí, y os proponemos dos para ello. El primero, pensado para divisiones de dos cifras, juega con el reducir el dividendo a una sencilla tabla que multiplica el divisor por 9. Con tan sólo los resultados de esa tabla, y añadiendo ceros, puede hallarse el resultado de la división. Así demostramos su lógica. Podéis consultar cómo hacerlo en este enlace. También podemos sumar el divisor todas las veces que sea necesario hasta hallar el dividendo, lo cual demuestra que “todos los caminos llevan a Roma”. Lo podemos ver en este vídeo. La división es una combinación de todas las operaciones anteriormente aprendidas por el niño, y eso puede ser utilizado para contribuir a su comprensión y darle recursos para llevarla a cabo.

Además de todo lo dicho, es una buena idea instar al niño a comprobar si ha hecho bien la división. El método es sencillo: multiplicar divisor por cociente y sumarle el resto. El resultado tiene que ser idéntico al dividendo.

La división es la operación más complicada, pero no tiene porqué ser la más aburrida. Os recomendamos a echarle un vistazo a los métodos de las demás operaciónes para mejorar los resultados. También agradeceremos que aportéis vuestras experiencias para ayudar a los demás lectores.

Foto: Eye candy por -Niloy- en Flickr.com.

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