Hora de disfrazarse!!

El maravilloso mundo del disfraz le ofrece a los pequeños un nuevo mundo donde desarrollar su imaginación y potencialidades.

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Que a los chicos les encanta disfrazarse no es ninguna novedad. La posibilidad que les ofrece este juego para desarrollar su imaginación es increíble.

No es necesario contar con grandes producciones, ellos se disfrazan con los elementos más sencillos.

Cualquier pedazo de tela se puede transformar en la capa de Superman o en una carpa en medio de la selva.

Los chicos viven en un mundo mágico, donde todo puede ser posible.

Ropa vieja, cartulinas de colores o utensilios en desuso son materiales suficientes para que los más pequeños disfruten de un disfraz original. Combinando algunas de las cosas que se tienen en casa puede confeccionar un disfraz original, divertido… y barato.

Se puede partir de una idea original y buscar los medios para confeccionarla o realizar el proceso inverso, aunque posiblemente sea el niño el que le sorprenda con sus sugerencias. Hay que procurar que el disfraz resulte divertido, original, fácil de hacer y cómodo.



Según Margaret Lowenfeld, pediatra y especialista en psicología infantil, señala que “el juego dramático (en este caso el de disfrazarse) es uno de los caminos más directos. Basta con vestirse como mamá o papá para hablar como ellos, retar como ellos, moverse como ellos”. La doctora también agrega que “disfrazarse, juego dramático por excelencia, les permite a los niños recrear el mundo que los rodea, ponerle movimiento e imagen a sus fantasías y al mismo tiempo, expresar sus sentimientos y emociones”.

A través del juego dramático los niños expresan sus emociones, sentimientos y necesidades. Lo que ellos jamás se atreven a decir, lo dirán con sólo ponerse un disfraz. El convertirse en otro por un rato les otorga esa libertad. Cuando el disfraz es usado por el niño para actuar, él reconoce en sus gestos la posibilidad de ser otro a pesar de seguir siendo el mismo.

Hora del disfraz

Una simple bolsa de basura puede derivar en múltiples disfraces. Es asombroso ver a un niño cubierto con una bolsa de residuo y lo que esto puede generar en la mente del niño.

Los disfraces de animales son los más pedidos por los chicos. La posibilidad de ser un animal que habla o de imaginarse un terrible león, son algunos de los ejemplos que se pueden poner sobre la mesa a la hora del disfraz. Con plásticos o papeles de otros colores, y un poco de pegamento, se pueden agregar los detalles que caractericen el disfraz.

Algunos ejemplos propuestos por www.mundogar.com son: Con cartulina, pueden hacerse unas alas de mariposa y unas antenas; o un cono de color negro, que junto con una escoba vestirá a una pequeña bruja. Si la bolsa se corta a la altura de las rodillas, con un pantalón negro, bastará con pintarle un bigote, comprarle una espada de plástico, ponerle un pañuelo en la cabeza y pegarle la letra Z en el pecho para tener un Zorro tan elegante como el mismísimo Antonio Banderas.

Un súper robot se puede crear con papel aluminio. Con la ayuda de cajas, papeles de colores, todos forrados con este material para simular que es metal y futurista.

Con algo de ropa vieja, zapatos en desuso, bufandas y miles de prendas de vestir más hacen del armario una gran fuente de posibilidades para un disfraz.

Las propuestas son variadas: la ropa vieja o en desuso puede utilizarse para un disfraz de mendigo, anciano, payaso, hippie o pirata. Un traje largo puede dar pie a vestirse de gitana; y un buzo, de piloto de Fórmula 1, con un casco y algunas pegatinas. Algo tan sencillo como una camisa blanca de su padre, puede convertirse en una bata de médico o peluquero para un niño. Con unos pantalones vaqueros, una camisa a cuadros y un chaleco abierto, junto con unas pistolas y una barba pintada con corcho quemado… el sheriff de la casa. No hay que olvidar, que más importante que la apariencia del disfraz, es que el niño disfrute y se lo pase bien.

La importancia de los complementos

Una espada, una peluca o un antifaz, son los pequeños elementos que dan carácter y personalidad a un disfraz. Debido al bajo precio de estos complementos, resulta más cómoda y sencilla su adquisición que idear la forma de realizarlos. De todas formas no olvide que un bastón y polvos talco en el pelo hace que un niño parezca un anciano, un sombrero de paja un granjero o una escoba una bruja.

Es precisamente con estos complementos con lo que el niño juega y mejor se lo pasa interpretando al personaje del que va vestido. Con mucha imaginación y pocos recursos, los más pequeños pueden disfrutar de su disfraz de usar y tirar.

Pintarse para disfrazarse

Para muchos disfraces es necesario tener la cara pintada. Si se trata de pequeños trazos -como una barba, un bigote, o simular suciedad- puede utilizarse corcho quemado, logrando una buena similitud. Además cuenta con la ventaja de que desaparece fácilmente con un poco de agua.

Para maquillajes más completos, pueden utilizarse pinturas de cera, siendo recomendable usar pinturas de teatro. Si aplica antes sobre la piel crema facial la eliminación posterior resultará más sencilla. Para marcar las formas se utilizará un lápiz de ojos. Se prestará especial atención a las zonas con pelo como las cejas, ya que, a la hora de la limpieza pueden ser problemáticas.

Uno de los disfraces más típicos, sobre todo entre los niños, es el de payaso. Para conseguir una cara blanca, en vez pintarla, resulta más cómodo aplicarse crema facial por aquella zona que se quiera blanquear para, a continuación, una vez retirada la sobrante, espolvorear por la zona cubierta harina o polvos de talco. Con un lápiz de labios y cejas, se pueden dibujar las mejillas, la boca o las cejas. Los bastoncillos de los oídos resultan sumamente útiles para corregir los errores que se produzcan en el maquillaje. También resulta muy práctico llevar encima las pinturas por si se hiciera necesario realizar algún retoque.

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