El FP deja de ser el «otro» camino

Los últimos años la FP está viviendo un auge en sus alumnos y oferta formativa, de manera que se prevee que estos estudios serán la clave para los planes de educación españoles en un futuro próximo. Es positivo ver como la formación profesional ha dejado de estar a la sombra del bachillerato, aunque aún hay largo camino por recorrer.

Los alumnos tienen más de una opción cuando dejan las aulas de la ESO

Desde pequeños, demasiado a menudo vemos como todo el mundo conjura para empeñarse en que sigas «el camino» y nunca te desvíes de él, si quieres ser una persona de provecho. Dejando de lado las ambigüedades que pueda presentar el término «persona de provecho», lo cierto es que esta fábula hace tiempo que ha ido perdiendo su valor, si es que algún día lo ha tenido. Por lo menos en cuanto a términos de formación y en su justa medida.

El caso es que, afortunadamente, ya hace años que la fórmula del recorrido «ideal» ESO+Bachillerato+Universidad ha dejado de ser la única imaginable para la mente de la mayoría de padres y tutores de España. Y es que no hace tanto (y aún se sigue arrastrando el estigma), gran parte de la población subscribía el dicho de «el que vale, debe hacer bachillerato y luego a la universidad, y el que no, para la FP». Así, todo hijo de buen vecino debía seguir con el inmaculado bachillerato después de haber obtenido su título de graduado en ESO.

El primer craso error de esta sentencia es considerar que el FP es un fin en si mismo, el último cartucho a quemar para los jóvenes que no sirven para estudiar. En los últimos años las estadísticas niegan rotundamente dicha creencia, ya que observamos que una gran proporción de alumnos de la FP continúan su formación en las facultades españolas. De esta manera, la Formación Profesional se presenta como «otra» vía para seguir formándose y prepararse para los estudios universitarios.

En este sentido, también es equívoco pensar que la FP recoge a todo ese cúmulo de jóvenes que han tirado la toalla en cuanto a estudios se refiere o que no son capaces de seguir el ritmo impuesto por los «estudios oficiales», es decir, el bachillerato. Por suerte, esta visión está cambiando también a marchas forzadas, y los sectores que se mueven o se ven afectados por el contexto educativo ven cada día con mejores ojos las aptitudes adquiridas en los grados de FP.

De esta manera, la FP está abandonando esa posición en el imaginario colectivo de ser la hermana pobre del bachillerato y empieza a verse sinceramente como una vía más, ni mejor ni peor, para continuar con los estudios y optar a entrar en la universidad. Es más, ya hay muchos empresarios que reconocen que ante un alumno con un currículo de bachillerato+ingeniería y otro con FP superior+ingeniería se quedarían sin pensárselo con el segundo, por haber tenido más contacto con el mundo real y tener muchas más prácticas en sus espaldas.

Pero la verdad es que aún hay muchos docentes y profesionales de la educación que consideran que es el camino «fácil», ya que si bien los conocimientos útiles y rigurosos que se adquieren en bachillerato no tiene porqué serlo menos en la FP, si que podríamos considerar que el sistema de cualificaciones es más estricto en el primer caso. No podemos negar que en determinadas vías del bachillerato (sobre todo las técnicas y científicas) las pruebas pueden llegar a ser más exigentes que los exámenes de las asignaturas de la FP. Y aún habría que tener en cuenta que después hay que realizar las temidas PAU (Pruebas de Acceso a la Universidad).

Sea como fuere, la cuestión es que estamos viviendo un aumento espectacular de los alumnos que escogen alguno de los itinerarios alternativos y que la FP será la clave que decidirá cómo se plantean los próximos planes educativos a nivel global. Sin duda, la popularización de otras fórmulas de formación y de acceso a la universidad suponen un beneficio para todos, ya que diversifican el tipo de perfiles profesionales que acceden al mercado laboral en un futuro. Además, de este modo la educación se muestra adaptable a la infinidad de casuísticas que pueden presentar los jóvenes de nuestros tiempos.

Y con las futuras reformas previstas de algunas normativas (como la Ley de Economía Sostenible), se avecina una flexibilización de la FP aún mayor, y en la que se dé más participación a las empresas en la planificación de estos estudios.

De cualquier manera, bienvenidos sean los caminos «alternativos», si estos nos sirven para crear una educación más rica y adecuada a cada necesidad, que a la larga va a repercutir en mejores resultados para todo el mundo. Otra formación es posible, y deseable.

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