Dinámicas para aprender empatía

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El interés por la inteligencia emocional, que crece a pasos agigantados haciéndose un hueco entre la cantidad de competencias intelectuales que engloban la inteligencia mental, está favoreciendo el hecho de que en las escuelas infantiles se hable de expresión emocional, habilidades sociales, empatía, escucha activa, etc, tanto como de psicomotricidad o adquisición del lenguaje.

Pocos dudan ya de la importancia de entrenar a los niños, desde que son pequeños, en estas aptitudes emocionales, que serán la base de una sana autoestima, unas relaciones interpersonales adecuadas, y el saber trabajar en equipo.
Quizá el reto sigue estando en encontrar una metodología educativa, que permita formar en estas destrezas sociales a los niños de edades más tempranas, adaptándolo al razonamiento concreto de su etapa evolutiva, y sin perder de vista el aspecto lúdico del juego educativo que tanto caracteriza la enseñanza infantil.

El artículo de hoy quiere sugeriros algunas dinámicas para desarrollar específicamente la empatía durante los primeros años de vida de vuestros hijos o alumnos.
La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de entender sus emociones, su forma de actuar. Comprender, aunque no compartamos o aprobemos, las conductas y estilos de pensamiento de los compañeros.
La idea que subyace es ser tolerantes ante las diferencias que tenemos con los demás. En el acto de intentar colocarse en el estado emocional del otro o en su situación, ya estamos admitiendo que no hay una modo universal para hacer, sentir o pensar algo.

La manera más fácil de conocer los estados emocionales de las personas que nos rodean es a partir de lo externo: su rostro, sus gestos, sus comportamientos. Una vez que los identificamos, podemos dar el paso de empatizar con ellos, recordando otras circunstancias en las que nosotros nos hayamos sentido igual. Por eso, los ejercicios que proponemos a continuación, persiguen que en un futuro el niño sea capaz de conectar con la emoción o situación de los otros, a través de saludar o caminar como lo hacen los diferentes individuos con las distintas emociones.

“SALÚDAME”:

Objetivo: El saludo es una de las primeras “representaciones teatrales” que hacemos a lo largo del día; cuando llegamos al trabajo, a la escuela, a casa o entramos en una tienda o restaurante. Saludamos a la familia, a nuestros vecinos en el ascensor, a los compañeros, a los dependientes, al conductor el autobús, etc. De hecho, es una de las expresiones más frecuentes de las rutinas cotidianas.

Si nos fijamos, según quién sea el destinatario, adaptamos nuestro saludo: si es adulto o no, si le conocemos mucho o poco, si nos cae especialmente bien o mal, si le vemos habitualmente, si tiene más sentido del humor o menos, etc. Pero por otra parte, en el saludo también influye nuestra forma de ser: si somos más o menos extrovertidos, si gesticulamos más o menos con las manos, si vamos con prisas, si estamos preocupados, etc.

Toda esta información es importante tenerla en cuenta para tener un mayor repertorio de saludos, y por lo tanto ganar en expresividad, y sobre todo en comunicación. Si somos conscientes de qué variables influyen en el saludo, y de que el código expresivo varía de unos a otros, esto nos ayudará a no malinterpretar determinados gestos, y a no frustrarnos o enfadarnos. Por tanto, lo que para mí es un saludo corto y seco, para otro puede ser formal y educado, o incluso agradable. Lo esencial es ser flexible, ganar en empatía e incorporar distintos gestos y saludos, con el fin de adaptarnos mejor en los encuentros sociales. Para ello nos pueden ayudar los siguientes juegos teatrales:

Para empezar vamos a saludarnos como si acabáramos de llegar. Por ejemplo como se saludan dos vecinos, o una niña y un niño, como nosotros saludamos a nuestra madre, o a una persona que no conocemos, como saludamos a un viejo amigo, etc.

Ahora vamos a ir introduciendo otras variables:
-saludamos siendo alguien muy tímido, muy efusivo, muy serio …
-saludos desde distintos estados de ánimo: enfadado, preocupado, alegre, cansado, triste…
-saludo formal, informal, saludos variando el receptor (un bebe, un policía, un médico, un amigo que hace mucho tiempo que no veo, mi hermano, etc.

“YO CAMINO, TÚ CAMINAS, ÉL CAMINA…”:

Objetivo: Si observamos la manera de caminar de una persona, podemos saber las intenciones que trae, la actitud con la que va a iniciar una conversación, el estado de ánimo, las prisas con las que va a hablar después. Esto puede servirnos para saber con qué actitud afrontar un diálogo con determinadas personas, e incluso para ver si un niño o adulto tiende más a la exploración o a la introversión.

El modo de caminar no sólo estriba en el ritmo al que se camina, la distancia entre los pasos, las pausas que se van haciendo; sino también, en si se va mirando al suelo, adelante, atrás, si los brazos acompañan a los pies, si van desincronizados, si se va estirado o encogido, si uno tropieza reiteradas veces o no, si se camina con sensación de incomodidad o de sentirse observado. Es decir, no sólo interviene la motricidad de brazos y piernas, sino la complementariedad de la expresión facial, postural, gestual, etc.

La idea es que busquemos distintas maneras de caminar. Por ejemplo:-Nuestra forma de caminar expresa parte de nuestra identidad, de nuestros rasgos de personalidad. Probad a caminar como lo haría alguien introvertido, alguien extrovertido, alguien miedoso, alguien alegre, etc.

-Ahora variando algunos de nuestros roles o papeles en la vida: no caminamos igual en nuestro rol de trabajador, que de alumno, que de novio, que de amigo, que de comprador, que de deportista…

Cambiando nuestras inquietudes o motivaciones: el caminar del que tiene prisa, del que anda buscando algo, del que anda disfrutando, del que anda persiguiendo, del que anda desconfiado…

Modificando nuestras emociones: camina de forma distinta el alegre, del que está enfadado, del que está preocupado…

VARIANTE: “ORIGINALES Y COPIAS”: El que va adelante inventa un estilo de caminar y los otros lo copian. Cuando el comodín dice cambio, el que va al último pasa adelante y así sucesivamente. Después se intenta adivinar el estado emocional o rasgos de personalidad del que dirige.

Foto: David Yazo

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