Dinámicas para aprender a ser responsable.

tres niños responsables

El mayor deseo de un padre para su hijo es que éste sea feliz. Para ello, la educación tiene un papel fundamental, porque para que se convierta en un ser realizado y completo, ha de ir aprendiendo a valerse por sí mismo, a sentirse autónomo y a ganar en responsabilidad. En este aspecto, los padres y los adultos que integran el mundo afectivo del niño se convierten en los primeros y principales educadores, que le darán unos referentes para relacionarse consigo mismo y con los demás.

No existe una fórmula mágica para educar niños responsables, pero sí se puede ir formándoles poco a poco en el compromiso y la entrega, sin pretender que sean adultos en cuerpos de niños. Por ejemplo, intentando que desde pequeños se encarguen, dentro de sus posibilidades, de participar en la preparación de la comida, la organización de una maleta, la mochila y el material escolar, de llevar sus llaves de casa, de recoger la mesa, de preguntar el precio de las cosas en las tiendas, de ayudar en el cuidado de los hermanos pequeños, de anotar en la lista de la compra lo que se ha terminado de la nevera, etc.

Para que colaboren, tomen partido por sus cosas, y sean activos, no hay que recurrir necesariamente a largos sermones sobre normas, de los cuales muchas veces se desconectan. Siempre por medio de juegos o actividades grupales de reflexión, no sólo se hace más ameno, sino que se muestran más receptivos a entender sus deberes y obligaciones“.


Dinámica del botón de ayuda.
Este ejercicio pone especial énfasis en el efecto de la responsabilidad dividida que existe en un grupo, en cómo el pequeño esfuerzo y participación de cada uno de los integrantes es indispensable para el resultado final.
Se coloca a todos los participantes en una hilera, mirando todos a un mismo punto de una pared, o de una pizarra. Han de situarse de tal manera que no se tapen unos a otros, y todos tengan a alguien a su derecha e izquierda. En caso de que el grupo fuera numeroso, pueden hacer dos filas paralelas, una delante y otra detrás.

El moderador puede dar la siguiente instrucción para empezar: “Desde este momento no se puede hablar, no se puede reír, ni mirar a los lados o hacia atrás. Todos tenemos que concentrar y aunar nuestras miradas en un solo punto de la pared /pizarra (que está dibujado). Ese punto simbólicamente representa el botón que suministrará agua y alimentos a los países más subdesarrollados, y sólo se puede apretar y mantener activado con la mirada de todos a la vez. Si alguien deja de mirar ese punto o botón, significaría que automáticamente dejan de aportarse las provisiones necesarias”.

Después, el facilitador se ubica a la espalda de la hilera, periódicamente va repitiendo la consigna de partida, procurando que el silencio se mantenga, y recordando la responsabilidad que implica la acción emprendida entre todos.
La dinámica no tiene una duración prefijada, se da por finalizada cuando una sola persona se rebele o desmotive, y deje de mirar de forma comunitaria. No obstante, para que suponga un esfuerzo razonable, es recomendable que no lleve un tiempo inferior a los 20 minutos.

Al finalizar se aconseja tener un momento de reflexión para valorar cómo se ha sentido cada uno, si se han considerado un equipo, si honestamente reconocen haberse movido o haber dejado de mirar, si aguantaron hasta sus máximas posibilidades o si delegaron en los demás. Es importante observar cómo muchas veces el que desiste antes en el fondo piensa que su esfuerzo no es tan indispensable, que apenas se va a notar, que el de los demás compañeros lo compensará. Entonces se puede lanzar en voz alta la siguiente pregunta: “¿y si todos los allí presentes hubieran pensado lo mismo, hubieran delegado y depositado la responsabilidad en los demás?, ¿qué hubiera pasado?”.

Dinámica del huevo.
Es bastante frecuente que muchos padres compren a sus hijos una mascota, pensando que el hecho de tener que alimentar, cuidar y sacar a pasear a un ser vivo puede hacerles más responsables. Pero como ya os comentábamos en un artículo anterior, el perro, el gato o la tortuga son seres cuya existencia es un fin en sí mismo, y no se puede correr el riesgo de que los niños se olviden de esas tareas de cuidado.

Por eso, os proponemos que primero practiquen a través de juegos, como por ejemplo el que os sugerimos a continuación. Para llevarlo a cabo es preciso que los padres y los profesores se coordinen y estén ambas partes enteradas de cuándo y por qué se va a realizar este ejercicio.
El adulto que tiene el rol de moderador ha de firmar con un rotulador un huevo, añadiendo en él además el nombre de cada uno de los integrantes, de tal forma que lo haga intransferible e insustituible.

El objetivo es que el niño o adolescente se haga responsable del huevo las 24 horas. Tendrá que ir con él a clase, hacer deporte, ducharse, comer y dormir, su día a día sin separase de él. No puede delegar en otras personas su cuidado, ni utilizar recipientes herméticos como cajas para mantenerlo guardado. Allá donde vaya, y haga lo que haga, ha de comprometerse a llevarlo consigo, procurando que permanezca intacto y a salvo durante siete días. No se le puede romper, ni perder, ni caer.
Al final de la semana se hará una sesión grupal para valorar las dificultades que se han encontrado, el grado de compromiso y responsabilidad que han mantenido, cuántas veces lo han perdido, los motivos que hicieron que se rompiera, quién intentó cambiarlo por otro, o al menos lo pensó, etc.

Como variante de esta dinámica, puede proponerse:

  • Intercambiar objetos personales de un valor considerable (aunque no excesivo o que sea irreparable) entre los participantes del grupo. Cada uno tendrá que elegir al compañero en quien depositar esa confianza para que le guarde el objeto, y a su vez tendrá que autoevaluar su capacidad para comprometerse a cuidar y devolver en buen estado el objeto que le han encomendado.Foto: photographic Eye
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