Cómo afrontar el miedo a la oscuridad en los niños

El miedo es una reacción del organismo ante una percepción de peligro real o imaginaria y está muy presente en la infancia. Una de las cosas que con más frecuencia despierta esta sensación en los niños es la oscuridad. Se dice que surge cuando empiezan a tener más imaginación, y pueden intuir así la presencia de monstruos o seres desconocidos en las formas borrosas de su habitación. El miedo a la oscuridad suele presentarse a partir de los dos años de edad y puede prolongarse hasta los ocho. Si este temor sigue persistiendo pasada esta edad sería recomendable consultar a un psicólogo para ayudar al niño a superar su fobia. Pero en edades tempranas este miedo es muy común y se considera que forma parte del desarrollo psicólogico del pequeño.

Cómo afrontar el miedo a la oscuridad en los niños

El miedo no es un problema si no persiste en edades avanzadas

El miedo a la oscuridad puede presentarse tras ver una película, leer un libro o cuando se produce un cambio de casa y existe temor ante lo desconocido. También puede producirse por una sensación de soledad o desamparo. La hora de dormir también puede ser un mal trago para los niños si no asimilan que el día ha llegado a su fin y siguen queriendo estar activos. O tal vez porque no quieren ir a la escuela al día siguiente. En este caso los padres deberían ser firmes e inculcar en sus hijos una rutina diaria que deje claro cuando llega el tiempo de descanso.

Existen formas diversas de ayudar a los niños a superar su temor ante la oscuridad. Una de ellas es muy simple: darle un peluche para dormir puede aliviar su sensación de soledad. Dejar alguna luz de la casa encendida y la puerta de la habitación del niño entornada también es una forma de hacerle sentirse más cómodo en la cama. Es importante crear un ambiente de relajación. Un masaje cuando van a dormir, escuchar música tranquila o leer un cuento en la penumbra hasta que se vayan quedando dormidos son otras estrategias a seguir.

Otro método para dejar de concebir la oscuridad como algo negativo es el juego. Jugar a la gallinita ciega o al escondite son formas de disfrutar en la oscuridad.  También se puede jugar a hacer sombras en la pared o a encontrar objetos escondidos por ejemplo. Puede ser beneficioso realizar estas actividades durante el día con las persianas bajadas para que el niño no asocie la noche con un mundo desconocido y atemorizante sino con lo que es realmente, la ausencia de luz. En definitiva, lo importante es intentar que los niños afronten las situaciones que les provocan temor para que las vayan superando poco a poco. Y en esto la ayuda de los padres es esencial.

Foto: Photo Javi

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