Cómo cuidar la autoestima de nuestros hijos en la infancia

La autoestima es un factor determinante para el desarrollo de los niños. El concepto que tienen de sí mismos puede explicar sus éxitos y sus fracasos. Este concepto se forma principalmente en base a la actitud que los demás tienen hacia él o ella. Así, se valorarán en función de cómo han sido valorados y en este aspecto los padres tienen mucha responsabilidad. Una baja autoestima puede traducirse en una mala conducta debido al mal concepto que se tiene sobre uno mismo.

Cuando los adultos tratan con niños los ven a través de un conjunto de filtros que proceden de sus experiencias pasadas, sus necesidades personales y sus valores culturales. Esto puede provocar que los adultos tengan unas expectativas de los niños que estén más condicionadas por sus experiencias personales que por las verdaderas necesidades de los pequeños. Es necesario ser consciente de esta realidad para no crear inseguridades en los hijos, que pueden verse frustrados al no corresponder a los deseos de los padres. Cuanto más satisfecho se siente una persona consigo misma, menos proyectará sus anhelos sobre los hijos.

Cómo cuidar la autoestima de nuestros hijos en la infancia

La comunicación fluida y espontánea con los niños genera en ellos una alta autoestima

Para que los niños se sientan seguros con los adultos es conveniente que no se abuse de la emisión de juicios negativos. Esto puede generar en los niños un sentimiento de culpa que puede derivar en desórdenes emocionales y una baja autoestima. Hay que procurar expresar los sentimientos de manera que los niños no se sientan personalmente atacados. En cualquier caso, el elogio es siempre un medio más eficaz en la modificación de la conducta que el castigo. Es mejor premiar una conducta deseada que castigar una no deseada.

Una de las características de las familias con alta autoestima es que la comunicación entre sus miembros es fluida, libre y espontánea. Hay que dejar que los niños expresen sus emociones siempre y cuando no dañen a nadie. Pero hay que tener cuidado con las presiones. También es conveniente respetar la curiosidad y la tendencia a explorar de los niños porque cuando la curiosidad es un tabú el entusiasmo por aprender muere.

Otro factor que influye en la autoestima de los niños es la competitividad. Si se ejerce presión para que llegue a metas que están fuera de su alcance podemos perjudicar su estado emocional. Además la competitividad tiene otro componente negativo: puede fomentar la insensibilidad hacia los demás. La cooperación es mucho más sana y contribuye al desarrollo de las habilidades sociales de los niños.

Foto: Boa-sorte&Careca

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