Aprender con un huerto escolar

Quizás hace unos años el acercamiento al medio ambiente era más fácil para los niños, pero, actualmente, en la sociedad en la que vivimos, generalmente, urbana y muy alejada de todo lo que huela a campo, es más complicado que un chico vea crecer alguna hierba o sepa distinguir un rosal de una tomatera.

No basta con que ‘saquemos’ un día a los chicos al campo, a pasear, ni que celebremos regalando arbolitos el día del árbol o que veamos montones de imágenes de un huerto. Estas actividades, siendo muy loables, al fin y al cabo, al final del año, acaban siendo consideradas como actividades de convivencia, pero no como actividades medioambientales. La idea es que el chico se relacione directamente, y día a día, con el medio ambiente.

Una buena idea es crear un huerto en el colegio. No un huerto enorme, algo accesible y asequible para todos los alumnos. Si es en un jardín de infancia, con una esquinita del patio de juegos basta, si lo que queremos es incorporarlo como taller para alumnos mayores, entonces, debería ser algo más grande.

Otra cosa necesaria, sería que un profesor se responsabilizara del proyecto y guiara a los alumnos. Va a tener que informarse un poco sobre las diferentes épocas de la siembra y cuánto dura en germinar y crecer cada planta.

Una buena idea sería alternar plantas de crecimiento lento con plantas de rápido desarrollo, así se aplacaría algo la ansiedad de los alumnos que quieren ver enseguida los resultados. Aunque, una de las ventajas transversales de esta actividad es, precisamente, enseñar a los más jóvenes que todo tiene su tiempo y que, para ciertas cosas, hay que tener más paciencia que para otras.

Sería  apropiado elegir ‘equipos de trabajo’, que cada grupo se ocupe de algo: de ir observando la aparición de bichitos, de regar las plantas, quitar las malas hierbas que vayan apareciendo, observar el crecimiento y maduración de los frutos… luego, la recogida de éstos, podría ser en común.

Con esta idea, los chicos se sienten más cerca de la naturaleza, aprenden a conocer las funciones del sol, del agua, las lluvias…, reconocen las plantas comestibles de las ornamentales, se establecen relaciones de convivencia entre ellos y entre ellos y el profesor que dentro de un aula es más difícil que se produzcan, pero, además, aprenden que cada verdura que toman, conlleva un esfuerzo.

Y esta actividad, no tiene por qué ser exclusiva del colegio, también en casa, podríamos aprovechar un trocito de tierra o unas macetas del balcón para que nuestros chicos aprendan sobre las plantas.

Alguna dirección interesante que nos puede ayudar si optamos por esta actividad

http://www.criecv.org/es/huertos/proyecto.pdf

http://www.waece.org/waece/cdclubninyos/principal.php

http://www.llibreriapedagogica.com/cursos/huerto/part3_2.html

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