Claves para invertir en España

Cuando los tiempos son buenos, todos somos arriesgados, pero cuando no lo son, sólo los valientes y los inteligentes sacan buenos resultados en épocas malas.

Hay que resaltar lo bueno que tiene hoy el país para invertir.

Hay momentos en los que la economía va a todo ritmo y las empresas aprovechan esa dinámica para crecer y multiplicarse. Es en esos momentos en que los números macro favorecen la inversión de grandes sumas de dinero y aseguran que esa inversión resulta poco conflictiva cuando se producen las mejores reducciones en las tasas de desempleo y las mejoras en las condiciones laborales de los ciudadanos del país beneficiado por ese “viento de cola”. En estos contextos de bonanza suele resultar complicado para los pequeños y medianos emprendedores encontrar nichos atractivos y viables para sus empresas, ya que el mercado suele estar copado por actores de mucho peso y, también, muchos recursos.

Pero cuando el viento decide no soplar, o se empecina en hacerlo en contra, es cuando empiezan a darse las posibilidades para que los nuevos emprendedores demuestren que son capaces de encontrar las posibilidades que aquellos que suelen optar por lo seguro dejan pasar. Es importante ver los tiempos de crisis como un tiempo de oportunidades para el nacimiento de nuevas empresas, que quizás no resulten tan rentables como las que prefieren los popes de las finanzas, pero que resulten interesantes para pequeños y medianos actores que buscan su lugar en el mundo y, sobre todo, generen trabajo en sus localidades (que por otro lado serán sus consumidores, lo cual mejora las perspectivas de negocio).


Si nos quedamos con el diagnóstico pesimista de las grandes empresas resultará poco interesante generar nuevas opciones. Es cierto que España no es la panacea de los emprendedores: las acusaciones de excesiva burocracia (absolutamente fundadas), de legislación laboral poco flexible (las políticas de flexibilización que son exigidas sistemáticamente no sirven más que para aumentar los márgenes de ganancia de las grandes empresas, haciendo que, para variar, el pato lo paguen los trabajadores que quedan cada vez más indefensos) y la dificultad para acceder a préstamos flexibles para la producción (esta flexibilidad no suelen pedirla con la misma intensidad…) han generado que España no se caracterice por ser un país de emprendedores.
Algunas claves que deberían orientar la búsqueda de nuevas oportunidad pueden ayudarnos a pensar en las posibilidades que se abren.

España es una tierra privilegiada en lo que se refiere a su clima y su ubicación geográfica, puerta de entrada geográfica a Europa desde América Latina y el norte de África, las posibilidades de convertirse en puerta de salida de mercaderías es más que interesante. Su clima permite la producción de productos que, en el resto de Europa, no son más que objetos de lujo, dada la imposibilidad de producirlos localmente.

La calidad y formación de sus profesionales también es un factor a tener en cuenta, dado que el pueblo español es un pueblo con altos estándares relativos de educación, y la producción científica puede orientarse a las áreas en que las necesidades futuras se vayan decantando.

Pero la mejor cualidad es la retracción de los grandes jugadores, es un contexto para aprovechar, quizás no a escalas demasiado grandes, pero pensando en las localidades puede empezar un proceso de revolución productiva que permita que las pequeñas y medianas empresas solucionen los desajustes que las grandes empresas y sus capitales insaciables generaron.

Fotografía: Irekia

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