Inequidad salarial, mujeres devaluadas

La discriminación laboral abre espacios a la mujer, pero niega una paga justa o al menos equivalente a la que percibe un hombre por el mismo empleo.

mujerempleo.jpgCada día son más las mujeres que se vuelven sostén económico de la familia y, dependiendo del país que se trate, pero las cifras que engloban al mundo entero determinan que el incremento corre entre el 28 y 36%; cualquiera de las dos son cifras récord en la historia.

Pero, muy a pesar de estos alentadores números, los salarios y las categorías de empleo que ocupan las mujeres no han sufrido el mismo incremento, quedando relegadas, como históricamente, a la supremacía masculina, o al Machismo Empresarial que determina que un hombre, siempre debe ganar más dinero que una mujer, aún cumpliendo la misma función y no haciéndolo tan eficazmente como ella lo haría.

Si bien en la actualidad casi no existen límites para el campo laboral en que una mujer puede desempeñarse, lo cierto es que las diferencias salariales son una brecha entre hombres y mujeres que aspiran al mismo cargo; y en este sentido la preparación profesional no es coherente a los ingresos percibidos.

Sucede en España, Brasil, Venezuela y hasta en Estados Unidos. Es en este último país donde se realizó un estudio en que la AFL-CIO determinó que “si el salario de la mujer fuera igual al del hombre por un trabajo equivalente, los niveles de pobreza se reducirían a la mitad”. La diferencia salarial representa, en promedio y por familia, 4.000 dólares al año.

El salario de las mujeres representa, en todo el mundo, entre el 50% y el 80% del salario de los hombres; y ello sin sumar las tareas netamente femeninas que no perciben ingresos, como las tareas del hogar y el cuidado y educación de los niños que, según estimaciones, representa 11 billones de dólares al año.



En España, las mujeres asalariadas representan el 42% de la masa trabajadora en relación de dependencia, lo cual significa que el empleo femenino creció poco más del 3% respecto del mismo análisis hace tres años; mientras que el empleo de hombres sólo creció un 2%.

Sin embargo, la realidad financiera de las mujeres españolas no difiere a la de las del resto del mundo: cobran menos que los varones, por las mismas labores. Tanto así que, según datos de la Agencia Tributaria, el salario medio de las mujeres asalariadas ascendió el pasado año a 12.800 euros anuales que es 5.500 euros anuales menos que los hombres; es decir un 30% inferior.

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Cuando miramos hacia América Latina, los datos son aún más desalentadores: por un lado se felicita que el número de madres trabajadoras se incrementó en un 36% con lo cual se creería que ha disminuido la discriminación contra las madres en busca de empleo; pero estos datos responden a otra realidad: se trata de madres solteras que se ven en la obligación de salir a trabajar para llevar sustento a sus hogares.

Las mujeres jefas de familia se ven obligadas a realizar doble jornada de trabajo, por la mala paga de su empleo y lo hacen en condiciones de inequidad y discriminación. A pesar de que en los últimos treinta años las mujeres se insertaron con mucha más fuerza en el mercado laboral pasando del 17 % al 41% de participación el año pasado, las mujeres, como en el resto del mundo, no son justamente pagas.

Así, las mujeres trabajadoras se concentran en empleos mal pagos siendo los de mayor afluencia el servicio doméstico y la docencia, con ingresos que, en algunos casos, apenas superan la línea de pobreza. De hecho, según un estudio realizado en México, para que se diera la equidad salarial entre hombres y mujeres debería aumentarse el salario por hora de la mujer en un 10%.

Pero la diferenciación económica no lo es todo: El mercado exige a una mujer excelencia para aspirar o conservar un empleo, sobre todo si es un puesto gerencial, se le paga menos que a un hombre y su preparación profesional no es tenida en cuenta cuando compite contra un hombre.

Según una publicación del Ministerio de Trabajo “La mujer trabajadora tiende a concentrarse en los sectores de empleo y las ocupaciones de más baja remuneración, menor estabilidad y mayor precariedad”, y es esto lo que determina que las mujeres ganan un 28% menos que los hombres.

trabajadora.jpgOtro de los factores de iniquidad en el mundo del trabajo es que las madres de familia llevan a cabo doble jornada laboral, entre 8 y 10 horas trabajando fuera del hogar, por un salario, pero al regresar del trabajo, las tareas domésticas aguardan, y el tiempo que el trabajo en el hogar insume a una mujer es de 42 horas semanales.

Según informes realizados en la Unión Europea, se ha determinado que la mujer que ocupa puestos gerenciales gana un 15% menos que los hombres en igual cargo.

Pero ¿por qué sucede esto?

Existen multiplicidad de factores, muchos de los cuales han sido vencidos por las mujeres, como la profesionalización y preparación para ocupar cargos gerenciales; si bien décadas atrás podía decirse que el hombre estaba mejor capacitado, hoy esta realidad es completamente diferente; pero existen otros factores que responden a criterios socio culturales como que no es la mujer el principal proveedor del hogar; que el hombre puede desempeñarse mejor en sus empleos y hacerlo más eficazmente; resiste más a las presiones del trabajo y al estrés que le provoca; se enferma menos y puede organizar mejor sus prioridades siendo la primera de ellas su trabajo y no su familia como en el caso (supuesto) de una mujer.

Son estos prejuicios y preconceptos netamente capitalistas los que hacen que los salarios de las mujeres sean sensiblemente inferiores a los de sus pares masculinos; y que subestiman capacidades, virtudes, logros, preparación y predisposición de una mujer por el simple hecho de serlo.

La discriminación laboral abre espacios a la mujer, pero niega una paga justa o al menos equivalente a la que percibe un hombre por el mismo empleo.

Entre las formas de discriminación laboral esta es la que más sensibiliza al sector trabajador femenino pues se fundamenta en prejuicios y cosntrucciones culturales contra las que poco puede hacer una mujer asalariada en cuyo empleo corre serio riesgo de ser reemplazado por un hombre.

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