Carta de exposición de motivos

Para ciertos trámites académicos o profesionales ya no basta con presentar el currículum y/o el expediente académico. Estos documentos, aunque imprescindibles para demostrar nuestra valía, se presentan hoy en día como algo demasiado impersonal y abstracto. Es por eso que están tan de moda documentos como el que aquí nos ocupa: la carta de exposición de motivos.

Concéntrate y da lo mejor de ti

Para ciertos trámites académicos o profesionales ya no basta con presentar el currículum y/o el expediente académico. Estos documentos, aunque imprescindibles para demostrar nuestra valía, se presentan hoy en día como algo demasiado impersonal y abstracto. Nadie asegura a los jefes una empresa o institución que con sacar buenas notas, o con tener una envidiable experiencia y formación, sea suficiente para dar la talla en un trabajo o proyecto. Es por eso que están tan de moda las cartas de presentación, entre otros documentos como el que hoy nos ocupa.

Nos referimos a la carta de exposición de motivos. Lo más común es que se demande para la solicitud de becas de movilidad (es muy frecuente en el caso de las Séneca, por ejemplo), aunque también para la admisión en determinados proyectos profesionales. Existe también, por tanto, la carta de exposición de motivos para trabajo. Pero en cualquier caso, todas parten de una misma premisa: dejar claro nuestro interés, e incluso vocación, por aquello de lo que estamos solicitando formar parte.

De este modo, queda clara la diferencia fundamental entre esta carta y la de presentación.  En esta última, casi obligada en los procesos de selección de hoy en día, hacemos hincapié en los aspectos de nuestra formación, experiencia y personalidad que resultan adecuados para el desarrollo de una determinada función. Aunque pueda incluir aspectos relacionados con la vocación y el interés, son complementarios y casi ornamentales, mientras que en la carta de exposición de motivos se convierten en la columna vertebral del documento.

Por su naturaleza, sería un error hablar de una carta de exposición de motivos en términos de ‘carta tipo’. Lo mejor que se puede hacer al redactarla es dejarse llevar y sentirse cómodo en el proceso. Por supuesto, no vale cualquier cosa. Hay que tener mucho cuidado con todo lo referente a estructura, separación de párrafos, construcción de las frases y ortografía. A partir de ahí, lo mejor que podemos hacer es escribirla a nuestra manera, y pedir la opinión a familiares y amigos antes de enviarla a la institución y empresa. Ellos serán nuestros mejores críticos y asesores.

Lo único que no debe faltar y que en cierto modo debe marcar la estructura de una carta de exposición de motivos es lo siguiente:

  • Un primer párrafo en el que nos presentemos a nivel personal, con datos tipo nombre y apellidos, edad, etc.
  • En algún lugar del texto, destacar el interés por desarrollarnos académica o profesionalmente en la institución a la que dirigimos la carta. Si optamos por una estructura de tipo biográfico, este interés se especificará al final. Si optamos por algo más tradicional, podemos introducirlo al principio para posteriormente desarrollar el origen de nuestra vocación y cómo la hemos desarrollado y potenciado a lo largo de los años.
  • Pese a que muchas veces se permite una cierta libertad ‘artística’ en el redactado, hay que ser correcto y evitar los coloquialismos. Del mismo modo, el extremo formalismo solo es recomendable en el caso de tratarse de instituciones que por su naturaleza así funcionen o lo requieran.

Recuerda que, en caso de que optes a una plaza en el extranjero, te solicitarán que escribas tu carta en el idioma del lugar. Y es probable que lo que más valoren en ese caso sea tu dominio del idioma. Si te encuentras en esta situación, intenta lucirte. Por lo demás, lo dicho es todo lo que podemos aportar. Mucha suerte, y sobre todo confía en ti.

Foto: vancouverfilmschool en Flickr.com.

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