El futuro ya: SaaS y cloud computing

La evolución de la informática marca un punto de inflexión con el cloud computing y las aplicaciones en línea, a las cuales damos un repaso en este artículo.

Nubes (clouds en inglés), la metáfora del nuevo estilo de informática

Nubes (clouds en inglés), la metáfora del nuevo estilo de informática

Aún recuerdo cuando yo era solamente un chaval imberbe de unos 14-15 años y respondía a la típica pregunta “¿qué querrás hacer cuando seas mayor?” con un contundente “¡informático!”. Mi respuesta, invariablemente, siempre recibía el mismo comentario que aún hoy continua recibiendo (¡y eso que han pasado casi veinte años desde entonces!): “¡ah! pues tiene mucho futuro”. Ya entonces esta coletilla era caduca (y no digamos hoy). Lo mismo pasa con los comentarios sobre las aplicaciones online y el cloud computing, lo que también se conoce como SaaS (Software as a Service, los programas como servicio): para todo el mundo tiene mucho futuro pero lo que desconocen es que ya es algo del presente con un futuro aún más brillante.

La forma de trabajar SaaS comporta numerosas ventajas y también algún inconveniente, como todo, aunque estos últimos son debidos al estado actual de las infraestructuras de comunicaciones en este país (y en algunos otros) y no a la propia filosofía del cloud computing en si. Lo desgranaremos todo a lo largo de este artículo.

Especialmente útil es su aplicación en el mundo empresarial, ya sea desde el autónomo hasta la gran empresa que tiene representaciones en países de varios continentes. No obstante, el usuario final también puede beneficiarse de sus bondades.

¿Qué es? Comparando la microinformática “tradicional” con el Cloud Computing

La imagen tradicional que los usuarios tienen de un ordenador es simple: una máquina que consta de CPU, pantalla, teclado, ratón y, opcionalmente, impresora y otros periféricos, con un sistema operativo instalado, aplicaciones (programas informáticos) instalados para realizar todo lo que quiera o necesite el usuario, y sus datos guardados en él. Además, también puede conectarse a Internet de varias formas, para navegar por páginas web y recibir y enviar mensajes de correo electrónico. Esta forma de trabajar presenta diversos inconvenientes: en primer lugar, nuestros datos están en el disco duro de la máquina que está en nuestra casa (o despacho), por lo que si estamos en otro sitio y necesitamos un archivo, lo vamos a tener crudo, excepto que lo llevemos con nosotros en una llave USB u otra clase de memoria.

FACTURAgem, una aplicación online considerada como SaaS

FACTURAgem, una aplicación online considerada como SaaS

Este es el principal inconveniente, pero no el único. Imaginaos si se nos estropea el disco duro; todo quedará allí “atrapado”, y posiblemente pasemos desde varias horas hasta unos días sin nuestros datos, lo que conllevará una pérdida de productividad si no es que sufrimos una pérdida parcial o total definitiva de nuestros archivos. Además, a la que algo no funcione en el software de nuestra máquina, corremos el riesgo de no poder trabajar, y deberemos contratar a un técnico informático para que nos solvente la papeleta.

El propio uso de software, las instalaciones y desinstalaciones (muy típicas los sistemas Windows en manos de usuarios finales) corrompen paulatinamente el registro del sistema y fragmentan el disco duro, con lo que a la larga el ordenador se vuelve más lento y menos fiable (de hecho es el sistema operativo el que sufre ese proceso, y no el hardware). Todo ello nos lleva a unos costes de mantenimiento que se acrecientan cuando se trata de una empresa, ya que en muchos aspectos hay que estar actualizado con las últimas novedades.

El cloud computing (literalmente, en inglés, computación de nube) se basa en que las aplicaciones residen en un servidor y se accede a ellas a través de un navegador web. Las ventajas son sustanciosas: en primer lugar nos ahorramos el mantenimiento técnico en buena parte de los terminales, e incluso en los servidores si estos no están en nuestra infraestructura sino que subcontratamos este servicio a una empresa externa, por lo que vamos a ahorrar en costes.

Los posibles problemas técnicos se resuelven rápidamente: al ser accesibles vía navegador web, nos sirve cualquier sistema operativo con cualquier ordenador y cualquier navegador, por lo que una avería no nos va a privar de trabajar; simplemente cambiaremos de máquina y continuaremos trabajando de la misma forma. Los datos residirán en el servidor, por lo que en caso de fallo nos ahorraremos tener que llevar a cabo traspasos de datos, lo cual siempre es engorroso. En el caso del fallo físico del disco duro, no perderemos nada; con su substitución y la instalación de un sistema operativo y un navegador web, podremos continuar trabajando.

Los costes también disminuirán en adquisición de licencias, ya que una vez migrados todos los terminales de trabajo para que solamente necesitemos un navegador web, podremos prescindir de procesadores de textos, CRM’s, ERP’s, e incluso de sistemas operativos de pago, pues podremos utilizar plataformas alternativas como GNU/Linux o FreeBSD que son gratuitas.

Los procesos de mantenimiento como copias de seguridad de datos se simplificarán, ya que hasta ahora había que tener en cuenta los datos almacenados en los discos duros de los terminales, y residiendo ahora solamente en el servidor, solamente deberemos preocuparnos por una copia.

Nuestros datos estarán disponibles allá donde los necesitemos gracias a Internet, así como las aplicaciones para tratarlos, por lo que solamente necesitaremos un navegador web para trabajar, independientemente del hardware en el cual funcione. Por ejemplo, podríamos trabajar en otro continente, desde la habitación de nuestro hotel, gracias a los set-top boxes y al televisor de la habitación. Flexibilidad máxima.

El precio de los equipos informáticos necesarios para desarrollar nuestro trabajo en general disminuirá, ya que las aplicaciones online son menos exigentes en este aspecto, todo ello si no nos referimos a equipos que desempeñen una función como edición de vídeo u otras que necesiten un hardware potente, en cuyo caso pocos gastos podremos escatimar.

Las nuevas versiones de los programas dejarán de ser un inconveniente, ya que deberán actualizarse solamente en el servidor y todos los usuarios podrán disfrutar de ellos, con lo que también se simplificará el mantenimiento (no deberemos pasar por cada terminal actualizando el software y esperando que no surjan problemas).

Es por todas las ventajas que os acabo de comentar que esta nueva forma de trabajo se llama Software as a Service (SaaS), ya que los programas dejan de ser un producto que se vende para pasar a convertirse en un servicio que se ofrece a las empresas y particulares, que se alquila en definitiva, con todo el mantenimiento asociado.

Estudiando los inconvenientes

Evidentemente, podremos empezar a ver algunos posibles fallos en esta filosofía como por ejemplo la dependencia de Internet. Este es uno de los handicaps que antes os comentaba que se debe a la falta de infraestructuras de este país, pero que a medio plazo se solventará gracias a la introducción del WiMAX que, de hecho, ya estamos empezando a disfrutar. Incluso se habla de Internet vía satélite, una tecnología que hace tiempo que existe pero aún no se ha explotado comercialmente.

También contamos con conexiones 3G mediante teléfono móvil o stick USB para nuestros portátiles, claro que por experiencia propia os puedo decir que utilizar un aparato de estos durante un viaje en tren puede ser bastante molesto por los cortes continuos.

La centralización de nuestros datos puede ser otro problema. Antes os he hablado de averías, así que podemos preguntarnos qué pasa cuando se nos estropea el servidor central. Bien, para evitar estos temas, la mayoría de servidores incorporan elementos que los hacen tolerantes a fallos, como más de una fuente de alimentación, más de un disco duro e incluso se comunican por varias vías diferentes. Si contratamos el servidor a una empresa de hosting, esta ya tendrá los medios para evitar que se produzcan fallos. No obstante, bien es cierto que se corre un riesgo, pero vedlo de esta forma: con una estructura tradicional con un servidor corporativo, también corremos los mismos riesgos, ya que si se estropea el servidor, igualmente lo tendremos crudo para trabajar.

Las copias de seguridad serán muy simples, y si contratamos el servicio de hosting con otra empresa, este servicio también será externalizado, por lo que ya no tendremos que preocuparnos por ellas.

En general, y para resumir, se simplificarán todos los procesos y dejaremos de depender de un hardware concreto en una localización concreta, aunque pasaremos a depender de la disponibilidad de una conexión a Internet. No todo podía ser perfecto ;-)

Algunos ejemplos

En la introducción a este artículo os he querido dar a entender que el cloud computing es ya una realidad, aunque aún le quede camino por recorrer. Tenemos algunos ejemplos ya implantados, tanto para el usuario final como para las empresas. Una de las aplicaciones más conocidas sea tal vez Google Docs, la suite ofimática en línea de la compañía del buscador que proporciona un completo procesador de textos, hoja de cálculo y programa de presentaciones. Para el ámbito corporativo tenemos una versión superior de este paquete, llamado Google Apps, que incluye las mismas herramientas más algunos extras.

Para los profesionales independientes tenemos las aplicaciones de ASPgems como FACTURAgem o GASTOSgem, que permiten a un trabajador autónomo o pequeña empresa llevar sus cuentas, realizar la facturación o gestionar las ventas. Todo ello desde cualquier ordenador y con cualquier sistema operativo o navegador, teniendo nuestros datos disponibles en cualquier lugar y circunstancia.

En definitiva, el cloud computing y la filosofía SaaS ya están aquí, y hay que hacerse a la idea de que en un futuro no muy distante, esta forma de hacer software y trabajar será la que se imponga al resto por sus grandes ventajas y pocos inconvenientes (además de salvables). Para entonces, tendremos no solamente que estar preparados, sino en la medida de lo posible ir implantando esta forma de trabajo en nuestra infraestructura, ya sea a nivel personal, profesional o en ambos.

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